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| 8/12/1985 12:00:00 AM

EL ESCARABAJO DEL SIGLO

Luis Herrera se consagra en el Tour de Francia como el mejor escalador del mundo y en compañía de Fabio Parra dominan los Alpes

EL ESCARABAJO DEL SIGLO EL ESCARABAJO DEL SIGLO
Millones de televidentes colombianos estacionados frente a la pantalla en sus casas, oficinas, o en las propias calles de las zonas comerciales de las principales ciudades del país, donde se habían instalado televisores en algunas vitrinas, simplemente no lo podían creer.
¿Cómo era posible que después de más de 260 kilómetros de recorrido en la etapa más dura del Tour de Francia, con más de 8 horas continuas de pedaleo, el colombiano Fabio Enrique Parra tuviera la fuerza suficiente para arrancar del lote de punta y subir al último premio de montaña del día en busca de la meta final?
En la carrera séptima de Bogotá, frente a una de las vitrinas de un almacen de electrodomésticos en la plazoleta de Las Nieves, el tráfico de carros y peatones se detuvo. La gente gritaba enloquecida: "Parra, Parra".
Unos escuchaban con sus transitores pegados al oído. Otros se limitaban a observar el televisor de 24 pulgadas instalado por los propietarios del almacén. Pero de repente, la cámara de la televisión francesa dejó de enfocar al colombiano y ofreció la imagen difusa de otro ciclista que había salido en su persecución. ¿Podría barajarse la victoria? Un corrientazo recorrió las espaldas de los fanáticos. Algunos contuvieron el aliento. "¿ Quién es ese que viene ahí detrás?", preguntó uno de los transeúntes. Hubo un largo segundo de silencio hasta que otro lo reconoció: "Es lucho, es Lucho". Y en efecto, era Luis Herrera, el mejor escalador del mundo, quien también había dejado atrás a los ases de la carrera y venía a acompañar a Parra hasta la meta, para hacer el 1-2 que ni siquiera los más optimistas habían imaginado.
A partir de ese momento, la alegría se adueñó de todo el país. Hubo abrazos, llamadas telefónicas emocionadas, pitos y sirenas, y uno que otro narrador deportivo que se quedó sin aire. El himno nacional se dejó escuchar por radio y televisión. La última vez que se había visto algo semejante, un novelista colombiano se había ganado el Nobel de Literatura. El patriotismo, que muchos consideraban había caído en desgracia en forma paralela con el desprestigio del presidente Belisario Betancur, resurgió en segundos. No faltaron las banderas en las ventanas, la cumbia y los bambucos. Y no era para menos: ese miércoles 10 de julio, el dúo Parra-Herrera había barrido en la etapa más larga e importante del Tour de Francia, el evento por excelencia del ciclismo profesional en el mundo.
TENDONES Y TEMORES
La competencia francesa no había comenzado en forma favorable para los ciclistas colombianos. Herrera se había visto afectado por la tristemente célebre tendinistis, una dolencia a nivel de tendones y ligamentos que equivale en los ciclistas a los problemas de meniscos en los futbolistas.
La estrella de la Vuelta a España, Pacho Rodríguez, que corre con el equipo ibérico Zor, había sucumbido en el pavé (el pavimento de adoquines) del norte de Francia, tras una caída aparatosa que lo obligó a retirarse al día siguiente.
Pero Herrera, sometido a intensos tratamientos con hielo y rayos láser, se había ido recuperando rápidamente, al grado que en algunas etapas planas y de baja montaña, que no le eran del todo favorables, pudo figurar de 6° y de 2°, ganando algunos puestos en la clasificación general y, lo más importante de todo, consiguiendo importantes puntos en la clasificación de montaña. El propio Herrera, luciendo en su pecho la codiciada camiseta blanca de puntos rojos que lo distinguía como líder de la montaña, había dado comienzo a la fiesta colombiana el martes 9, ganando la etapa en Morzine-Avoriaz, tras una tácita alianza con el indiscutible rey de la prueba, el bretón Bernard Hinault, 4 veces ganador del Tour y sin duda el mejor ciclista del mundo hoy en día.
Herrera, quien no había querido atacar frontalmente en la primera etapa de alta montaña el lunes 8, corrió el martes la más inteligente y sagaz etapa de su vida. Cuando comenzaba el primer ascenso grande hacia Morgins, partió del lote en compañía de Hinault tomando cerca de dos minutos de ventaja sobre el grupo que perseguía. Tras ganar el premio de primera categoría en Morgins, descendió velozmente al lado de Hinault, quien alcanzó a decirle en una mezcla de italiano y mal castellano que siguieran juntos: "Tu, colombiano, ganas hoy y te aseguras tu camiseta. Pero no me vas a desbaratar mi Tour", le dijo Hinault, según el cronista José Clopatofsky de El Tiempo. Juntos llegaron a otro premio de montaña en Col du Corbier y juntos llegaron también a la pancarta que señalaba el último kilómetro de la etapa, en Avoriaz, a 1.820 metros sobre el nivel del mar. En ese momento, Herrera arrancó, tomando 7 segundos de ventaja sobre Hinault y ganando la etapa.
Era ésta la segunda etapa de gran montaña que Herrera ganaba en el Tour. El año pasado, en el Alpe d'Huez, el escalador colombiano había dejado regado a Laurent Fignon, a la postre campeón de esa vuelta, y habia ganado, por primera vez en la historia del Tour, una etapa para Latinoamérica. Pero en esa ocasión, la alegría duró apenas 24 horas, ya que en la siguiente etapa, que también era de alta montaña Herrera se fundió y perdió muchos más minutos de los que había ganado con su triunfo en el Alpe d'Huez. Por esa misma razón, el martes pasado tanto el técnico colombiano Raúl Meza, como muchos aficionados al ciclismo habían limitado las celebraciones por la nueva victoria de Herrera. Se sabia que la etapa siguiente, la del miércoles, era la mas dura de todas y que Herrera podía verse afectado por el desgaste del martes. ¿Volvería la tendinitis? Los temores eran grandes.
Pero en la madrugada colombiana del miércoles, las transmisiones radiales registraron signos muy positivos: Herrera ganaba con facilidad el primer premio de montaña de la larga etapa, en La Colombiére. En los que habrian de seguir (fueron 8 en total esa mañana), Herrera marcó puntos y aseguró su camiseta de líder de montaña. Todo parecia indicar que no se repetiría la historia del 84. Sin embargo, el lote marchaba compacto después de 160 kilómetros de carrera y parecía difícil que los colombianos volvieran a ganar ese día. Después del quinto premio de montaña en Col du Garnier, el español Chozas, quien se había mostrado como un respetable escalador el martes, ocupando el puesto 26 de la etapa, se lanzó a una verdadera aventura. Solitario, arrancó del lote con la pretensión de llegar primero a la estación de esqui de Lans-en-Vercors, donde terminaba la prueba. Llegó a tomar casi 4 minutos seguido a 40 segundos por el francés Jourdain.
A la altura del kilómetro 240, se inició el ascenso al premio de primera categoria en Moucherotte. El ritmo de la carrera, que habia sido lento durante las 7 horas anteriores cambió paulatinamente. El lote se fue disgregando y sólo los mas fuertes resistieron. Entre ellos estaban Herrera y Parra, al lado del lider Hinault y de los escaladores Millar, Van Impe, Delgado y Simon. Primero capturaron a una docena de europeos que habían salido en persecución de Chozas antes de que se iniciara el ascenso. Pero éste alcanzó a llegar primero al premio, seguido a doscientos metros de Herrera, Parra y compañía. Luego vino un pequeño descenso y más adelante, en el kilómetro 263, Chozas fue cazado. Faltaban 6 kilómetros y Parra decidió atacar. Como si condujera una moto en vez de una bicicleta, dejó regado al español Fernández quien trató de seguirlo. Tomó una ventaja de 30 segundos y cuando se acerca a la pancarta del último kilómetro, Herrera vino tras él.Segundos después, Parra alzaba los brazos y la gran fiesta se iniciaba en Colombia.
En Francia, hasta el presidente Francois Mitterrand, quien había viajado a la zona en helicóptero para ver ganar a los franceses, tuvo que resignarse ante la barrida de los colombianos y enviar a su colega Betancur un mensaje de felicitación.
CABEZA ANTES QUE ALMA
Si después del triunfo en el Alpe d'Huez en el 84, algunos periodistas europeos no habían quedado del todo convencidos de que Herrera era el mejor escalador del planeta, con lo sucedido la semana pasada en Avoriaz y en Lans-en-Vercors, ninguno puede ya tener dudas. El menudo ciclista que se ha pasado la mitad de su vida cultivando flores en el jardín de la casa de sus padres en la vereda Piamonte de Fusagasugá, con 24 años, 57 kilos de peso y una timidez que lo lleva a responder a las entrevistas con monosílabos, ha logrado, tras un trabajo de más de 6 años, pasar desde ya a la historia al lado de los más grandes en la montana: Bahamontes, Coppi, Bartoli, Ocaña y Van Impe.
¿Pero quién es este hombre que ha llegado a decir que no se siente un superdotado y que jamás cambiará su jardín por una ciudad europea? Quizás una de las mejores definiciones es la que hizo de él el decano de la generación de ciclistas colombianos que han conquistado Europa, Alfonso Flórez: "Lo que más sorprende es su tranquilidad, el hecho de que nunca sufra de nervios".
Físicamente, Herrera cuenta con una condición excepcional: un bajo ritmo cardíaco que le permite quemar menos energías que lo normal, incluso en los momentos de mayor esfuerzo. Es una condición que comparte con algunos maratonistas, pero que resulta muy escasa entre los ciclistas.
Sin embargo, es un hombre que requiere de una gran preparación para alcanzar su forma ideal.

Pero sin duda, lo mejor de Herrera ha sido la forma como ha mejorado técnicamente desde el Tour del año pasado. En esa época, corría mucho más con el alma que con la cabeza. Se esforzaba más de la cuenta y no sabía regular sus energías para los duros kilómetros finales de cada etapa. El trabajo que en este campo ha hecho con él y con todo el equipo colombiano el técnico Raúl Meza es excepcional.
Fue esa quizá la mayor y mejor sorpresa de los colombianos en el Tour que se está corriendo en Francia. El mejor ejemplo es lo sucedido en la etapa del miércoles. Herrera obtuvo algunos puntos en los premios de montaña, necesarios para asegurar la camiseta. Cuando no pudo atacar en la cuesta por encontrarse muy marcado o porque debía tomar un aire, el encargado de puntuar por Colombia era Reynel Montoya, quien al arrancar del lote metros antes del premio de montaña, evitaba que los ciclistas europeos le descontaran a Herrera la diferencia que llevaba en esa clasificación. Finalmente, Fabio Parra, señalado desde un principio como el hombre que debía ganar la etapa, se mantuvo reservado durante las 8 horas de carrera, pegado a la rueda de Herrera, pero sin esforzarse más de lo necesario en ningún premio de montaña.
Todos los errores, o casi todos, que se habían cometido en el pasado, parecen haberse superado. Pero, sin embargo, es aún difícil decir cuándo se podrá ganar un Tour de Francia.
Herrera piensa que talvez nunca, o por lo menos no por ahora (ver entrevista). Y en efecto, falta aún mejorar algo más en los trayectos planos y sobre todo en las etapas contra el reloj, en las cuales se han perdido la mayoría de los minutos que han alejado a los colombianos del líder Bernard Hinault. Para ganar el Tour hay que escalar bien, hay que bajar bien, hay que sostenerse en el plano y no perder tiempo en los tramos contra el reloj. Las dos primeras condiciones se han logrado ya. La tercera se está aicanzando. Pero la cuarta, indispensable para disputar los Tours que han de venir en el futuro, no se ha conquistado todavía.
Por eso quizás, la Federación de Ciclismo ha decidido enviar desde ya a otros ciclistas para que corran pruebas que tradicionalmente han sido para aficionados, principalmente el Tour del Porvenir, al cual irá este año el fuerte equipo de Almacenes Felipe, el único que le disputó la Vuelta a Colombia a Lucho Herrera.
Por ahora, de todos modos, nadie puede ya discutir que Herrera es el gran escarabajo del siglo y que ante él, los europeos nada pueden hacer en la alta montaña. Y como si fuera poco, Parra se ha colocado a la altura de los mejores en la clasificación general, ganando puestos incluso en tramos que en principio no le favorecen y consiguiendo una etapa, la mas dura de todas. En realidad, no se puede pedir más. No por ahora.-
HABLA HERRERA
"NUNCA PODRE GANAR EL TOUR"
Son las 2 de la tarde y 15 minutos en Colombia. En el hotel Primerose de Villard de Lans, son las 9 y 15 de la noche. Luis Herrera se dispone a bajar a comer, pero antes, su masajista le comunica que tiene una llamada de Colombia. Es la revista SEMANA.
"Estoy cansado", dice al pasar al teléfono. No es para menos: 4 horas antes, ha llegado segundo a la meta en Lans-en-Vercors, detrás de su compatriota Fabio Parra. Pero acepta unas pocas preguntas: SEMANA: ¿Sabe usted que la revista Guión y otras empresas han ofrecido varios millones de pesos al colombiano que se gane el Tour de Francia? , Piensa que puede ganárselo este año?
LUIS HERRERA: No. Ni este año ni nunca, creo. Esto es muy difícil.
Mucho más de lo que se puede ver allá por la televisión. Mucho más duro que las competencias colombianas.
Realmente es durísimo.
S.: Cuéntenos, ¿qué pensó ayer al llegar a la meta en Morzine y esta mañana al ganar al lado de Parra?
L.H.: Cuando va a llegar a la meta uno no piensa en nada. Tal vez solamente en descansar, en que todo termine pronto. Aquí uno se olvida de todo el mundo cuando está corriendo. Y así debe ser, porque lo importante es la concentración. Hay una gran tensión y uno no puede pensar en nada. Le repito que esto es durísimo.
S.: ¿Qué tanto hablaban usted y el francés Hinault ayer en la etapa? ¿Es verdad que hubo un acuerdo, un pacto?
L.H.: No hubo ningún acuerdo con él.
S.: Pero, es que por la televisión se les véía conversando. Dicen que hablaban en italiano.
L.H.: No. El me dijo algunas cosas, pero no las recuerdo bien. Es que uno está muy concentrado y casi no oye nada. Pero le aseguro que no hubo ningún acuerdo.
S.: ¿Qué hizo usted este año para que no se repitiera lo del año pasado, cuando después de ganar una etapa, se fundió?
L.H.: Bueno, nada en especial. Esforzarme mucho, luchar duro. También, claro, tengo una muy buena asistencia médica, con hielo y rayos y masajes. Eso y esforzarse mucho.
S.: Usted y algunos de sus companeros le dedican siempre sus actuaciones al senador Luis Carlos Galán. Incluso, usted le regaló una cicla al dirigente del Nuevo Liberalismo. ¿Son amigos o la cosa va más allá y usted va a votar por él y a hacerle campaña?
L.H.: Aparte de ser buenos amigos, yo he estado con él desde el principio del movimiento. Pienso que Galán es quien tiene las mejores ideas, las más buenas para gobernar a Colombia y por eso lo respaldo y voy a votar por él y a estar con él en lo posible. No sólo yo. Aquí la mayoría de los ciclistas estamos con él.
LA LOMITA DE DIEZ KILOMETROS
Allá en La Guaida, vereda de Fusagasugá, está la casa de la familia Herrera. Es una pequeña construcción de ladrillo a la cual se le han hecho algunas mejoras. En la parte posterior se encuentra el jardín donde el astro del ciclismo colombiano cultiva primaveras, cachos de venado y milhojas. Doña Esther, su madre, recuerda para SEMANA el día que le regaló su primera bicicleta. "Era para que subiera hasta el colegio en Fusa", cuenta. Para Luis Herrera, la bicicleta resultaba muy útil, ya que le permitía llegar más rápido a la escuela. Tenía que subir una loma de cerca de 10 kilómetros. Lo hizo todos los días durante varios años y fue allí, precisamente, donde comenzó a forjarse el gran escalador.
"Nunca nos ha hecho falta nada", asegura doña Esther. Pero eso se debe en buena parte a que Lucho y sus hermanos han trabajado desde muy jóvenes. Primero, ayudando a su padre Rafael en la pequeña finca donde cultiva café y algunos árboles frutales.
Luego, Lucho se dedicó a dar pedalazos, pero no en la cicla, sino en la máquina de coser de su madre, ya que durante algunos meses probó suerte en el campo de la sastrería. "Tiempo después yo misma le dije que más bien se dedicara a vender flores y maticas, pues eso debía darle más plata que la sastrería", relata doña Esther.
Don Rafael también participa con sus propios recuerdos: "Eso que dicen los europeos, que yo crié a mis hijos con aguepanela es completamente falso. A mí nunca me hizo falta la vaquita para darles leche. Mi hijo está mejor alimentado que los ciclistas de allá".
PARRA: RUEDAS Y LIBROS
Para muchos de los aficionados al ciclismo, Fabio Parra es, por encima incluso de Luis Herrera, la gran figura colombiana en el Tour de Francia 85. Lo cierto es que hasta el cierre de esta edición había escalado más posiciones en la clasificación general que el "jardinerito". Pero poco importa establecer cuál de los dos es la gran estrella. Lo interesante es ver cómo han actuado en equipo y, en el caso de Parra, conocer la historia del segundo latinoamericano en ganar una etapa en la historia del Tour.
Fabio Enrique Parra nació en Sogamoso el 22 de noviembre de 1959. A los 15 años ya era una estrella que ganaba pruebas en la categoría de los "turismeros". A los 19 años tuvo que enfrentarse por primera vez al conflicto que durante años marcó su juventud: estudiar o correr en cicla.
Había terminado el bachillerato y se preparaba para su segunda vuelta de la Juventud. En la primera, en 1978, había ocupado el segundo lugar y estaba interesado en ganar la del 79. Así lo hizo, pero luego tuvo que decidir.
Según cuenta Daniel Samper en un perfil que le hizo a principios de año, se encerró dos días en su cuarto y al final, decidió que sería ciclista. Tres años después cambiaría de idea. Algunos fracasos en la Vuelta a Colombia y otras pruebas lo llevaron de regreso a los libros: "colgó" la cicla y comenzó sus estudios de Administración de Empresas en el Externado.
Pero el conflicto volvería a presentarse, mientras algunos de sus compañeros de antes corrían el primer Tour de Francia en el que participaban ciclistas colombianos, en 1983. Se puso a entrenar en las mañanas, muy temprano, sin abandonar sus estudios. Sólo a principios del 84 pareció descubrir la " fórmula magica": 6 meses de ciclismo y 6 meses de estudio. Para ello contó con la ventaja de que la temporada ciclistica colombiana e internacional se desarrolla principalmente en el primer semestre del año, lo que le dejaba libre el segundo para estudiar, aunque su avance en la U fuera lento, de a semestre por año. Ahora, con 25 años, ha demostrado que la combinación resulta: fue 5° en la Vuelta a Espña y en el Tour, según le dijo al periódico L'Equipe, organizador del certamen, espera superar esa actuación. Algunos comentaristas europeos que lo vieron de cerca en el ascenso a Lans-en Vercors, opinan que puede lograrlo.

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