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| 5/15/2000 12:00:00 AM

¿El fin de un sueño?

De lesión en lesión ha transcurrido la carrera del astro brasileño Ronaldo, estrella del Inter de Milán, que podría verse obligado a colgar los guayos a los 23 años de edad.

La semana pasada la vida deportiva de Ronaldo dio un vuelco dramático e inesperado. Hoy su futuro está en un punto equidistante entre seguir siendo un futbolista o pasar a ser un ex jugador de 23 años. El miércoles anterior, en el estadio Olímpico de Roma, el brasileño pasó del momento más esperado al dolor más agudo en apenas seis minutos y medio. El tendón rotuliano de la rodilla derecha, el mismo que lo ha atormentado durante los últimos años, cedió otra vez. El pronóstico es tan contundente como dramático. Si la rodilla quedó destrozada, como muchos afirman, su carrera habrá llegado a su punto final.

Antes del partido nefasto Ronaldo sonreía. No había motivos para no hacerlo. El físico respondía, la mente generaba imágenes de futuras jugadas, el corazón estaba feliz. Después de casi cinco meses de ausencia Ronaldo volvía a las canchas en la final de la Copa Italia frente a la Lazio. La ovación de los tifosi del Inter fue su bienvenida, al igual que algunos tibios aplausos que le regaló la hinchada rival. Fue cuando su técnico Marcello Lippi ordenó su ingreso en lugar de Mutu. Iban 13 minutos del segundo tiempo. Un par de pases acertados, un par de piques y al minuto 19 y medio, la jugada maldita. El amague típico a lo Ronaldo, tratando de eludir a los zagueros de la Lazio moviendo sus rodillas como en sus mejores tiempos. Amagó por fuera, por dentro, y de repente la rodilla derecha se paralizó después de sentirse un ruido bruto que presagiaba lo peor. Ronaldo cayó fulminado.

Un viento helado sacudió el estadio. Por un instante el clásico quedó virtualmente anulado por la imagen de Ronaldo tirado en el piso, tomándose su rodilla derecha, llorando sin parar. Los diarios italianos escribieron al día siguiente que quienes fueron testigos de la escena hablaban de un Ronaldo que no paró de llorar por más de 15 minutos, que gritaba y pedía por su madre, rodeado por el médico del Inter, Pietro Volpi, y por el kinesiólogo Nilton Petroni. El cuerpo médico del equipo italiano intentó comunicarse con la clínica francesa Pitié Salpetiere, donde el 30 de noviembre el delantero fue operado del tendón rotuliano de la misma rodilla por el doctor Gerard Saillant, el mismo que operó al bicampeón de Fórmula 1, Michael Schumacher. La idea, en un primer momento, fue trasladar al brasileño a París pero, como el teléfono sonó sin respuesta, decidieron postergar el viaje. A la 1:20 de la madrugada Ronaldo tomó el avión de regreso a Milán con el resto del plantel, y al llegar al aeropuerto una ambulancia lo acompañó a su casa para una noche con más dolor que descanso en compañía de su esposa, Milene, y su hijo de dos semanas de nacido, Ronald.

Si quedaba alguna duda sobre la gravedad de la lesión las declaraciones públicas divulgadas pocos días después por el vocero del Inter, Sandro Sabatini, no contribuyeron para calmar la angustia de los fanáticos: “Es prematuro dar un diagnóstico, pero existe una fuerte sospecha de que se trate de una lesión del tendón operado, similar a la anterior o incluso más grave”. Desde entonces en Italia se desató una cacería de brujas en busca de los culpables de la lesión del brasileño. Señalan al equipo médico francés que lo operó; otros al club, que habría apresurado la fecha de su regreso; al médico personal del jugador, Nilton Petroni, y algunos más apuntan con el dedo al Barcelona, su anterior club (ver recuadro).

Otros han ido mucho más lejos y afirman que parte de su desgracia fue motivada porque no soportó las presiones de ser considerado el número uno. Otras teorías simplemente afirman que desde su inicio el ‘fenómeno Ronaldo’ fue una ilusión de un mundo futbolístico que imperiosamente necesitaba un sucesor para Diego Armando Maradona, promovida en gran parte por la firma patrocinadora del jugador, la multinacional Nike.

Lo cierto del caso es que desde que terminó el mundial, hace casi dos años, Ronaldo sólo ha jugado 35 de 80 partidos disputados por el Inter. En esta temporada sólo participó en un partido completo (Bologna 3-Inter 0, el 7 de noviembre). Muy poco para alguien que costó 32 millones de dólares.



¿Habrá futuro?

Por ahora lo único claro es el drama de un hombre de 23 años que después de 144 días de fisioterapia en búsqueda de los pasos perdidos sólo pudo regalarse seis minutos y medio de felicidad antes de volver a luchar contra el peor de todos sus rivales: su rodilla.

En el mundo del fútbol hoy sólo hay lugar para una pregunta: ¿Podrá recuperarse ese brasileño de ojos achinados y dientes de conejo que a una velocidad meteórica salió de Benito Riveiro, un humilde barrio de Rio de Janeiro, para llegar a la cima del fútbol mundial y levantar a su alrededor un fastuoso negocio de millones y millones de dólares?

El médico de la Lazio dice que sólo tiene un 50 por ciento de posibilidades de volver. Otros ya pronostican que serán ocho meses de inactividad. Muchos dicen que no saben cuándo regresará y que tal vez la carrera de Ronaldo terminó esa fría noche en Roma. La ciencia y su fuerza de voluntad son la última esperanza. Su realidad, sin embargo, no es nada alentadora.
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