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| 12/6/2008 12:00:00 AM

El futuro comienza ahora

Sería deseable que el entusiasmo regionalista que despertaron los Juegos Nacionales de Cali se mantenga durante todo el proceso que llevará a algunos de sus participantes a los Juegos Olímpicos.

Un fervor regional, que recuerda la edad dorada de las vueltas a Colombia en bicicleta, se volvió a vivir en el país a raíz de los XVIII Juegos Nacionales, que se desarrollaron con todo éxito en Cali, sede principal, y las subsedes de Buenaventura, San Andrés y Providencia.

Hacía mucho tiempo que unos Juegos Nacionales no despertaban tanto interés. Los escenarios por lo general estuvieron llenos a reventar, y hubo competencias al aire libre con gran cantidad de público, siempre y cuando el mal tiempo lo permitiera. Lo mismo sucedió en Buenaventura. Por las calles de Cali día y noche desfilaron deportistas y representantes de las distintas delegaciones de los departamentos

Además, la lucha por la supremacía le dio un tinte muy especial a esta competencia. Desde la primera jornada, Antioquia y Valle comenzaron a pelearse la punta de la tabla de medallas y, al cierre de esta edición, Antioquia superaba a Valle con una ventaja de 16 medallas de oro, pero aún faltaba por disputarse gran cantidad de disciplinas en las que Valle era favorito, como pesas, lucha y actividades subacuáticas.

Cuando faltaban tres días de competencia, el resultado final era incierto, pues aún quedaban por disputarse disciplinas como natación, arquería y canotaje, en las que Antioquia tenía buenas posibilidades. El domingo, en la subsede de San Andrés, territorio neutral en la pugna entre Valle y Antioquia, se iba a resolver el ganador de estos juegos, puesto que allí se entregarían varias medallas en las que ambos departamentos tenían grandes posibilidades de obtener más medallas de oro.

En un tercer lugar, y bastante lejos, marchaba solitaria la delegación de Bogotá, que había ganado los anteriores juegos, celebrados en 2004 en la capital y varios municipios de Cundinamarca.

La gran sorpresa la dio Boyacá, que se ubicó en la cuarta casilla, muy lejos de Bogotá (con apenas una tercera parte del total de las medallas de oro que había obtenido la representación capitalina), pero con una cómoda ventaja sobre Santander y Cundinamarca, que parecía insalvable.

Un buen número de deportistas se destacaron, no tanto por los registros obtenidos, sino por el número de medallas que ganaron. Cabe destacar que, faltando tres jornadas de competencias, los principales héroes de los juegos pertenecían casi todos a la disciplina de actividades subacuáticas. Ivonne Boada, de Bogotá, y Mauricio Fernández, de Valle, acaparaban, cada uno, siete medallas de oro. Con seis medallas, la bogotana Lina Constanza Arango, y con cinco, el valluno Juan José Hernández. Igual número de preseas doradas alcanzaron el antioqueño Edwin Amaya, en canotaje, y el vallecaucano Bernardo Julián Tobar, en tiro.

En la pugna medalla a medalla que se libraba al cierre de esta edición, Antioquia había basado su poderío, ante todo, en atletismo, arquería, gimnasia artística, ciclismo en pista, tiro y canotaje, mientras que Valle del Cauca había acumulado la mayor parte de sus medallas en atletismo, patinaje de velocidad, actividades subacuáticas, judo y esgrima. Por su parte, Bogotá se destacaba, ante todo, en actividades subacuáticas, bolos y tiro. Los boyacenses, además de haber sorprendido con su medalla de plata en fútbol, acumularon buena parte de sus medallas doradas en gimnasia rítmica, tiro y tejo.

Con estas justas comienza un nuevo ciclo olímpico, cuya meta definitiva son los Juegos Olímpicos de Londres de 2012. Muchos de estos deportistas, entre ellos varios de los medallistas, seguramente no tendrán posibilidad de representar al país en eventos internacionales. Pero un puñado de ellos, y no necesariamente los más destacados en estos juegos, tiene por delante la posibilidad de llegar lejos, incluso de representar a Colombia en unas Olimpíadas. Cuando pase la euforia de las medallas y las comparaciones entre el poderío de las distintas regiones, comienza el trabajo, casi siempre invisible, de los deportistas llamados a representar a Colombia en el exterior. Son ciclos exigentes. Ojalá ese entusiasmo que despiertan hoy estos deportistas, en unos juegos enmarcados por la fiesta, lo mantenga el país cada vez que necesiten el apoyo para entrenar, mejorar sus marcas personales y alcanzar las mínimas necesarias para poder representar, ya no a Antioquia, Valle o Bogotá, sino a todo un país. El trabajo realizado en las dos pasadas Olimpíadas da a entender que el deporte olímpico transita por la senda correcta.     
 
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