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| 4/3/1989 12:00:00 AM

El hombre de piedra

Con 37 años y luego de tres retiros, Roberto Durán gana su cuarto título mundial, esta vez en la categoría de los medianos.

Todo el mundo se equivocó. Al comenzar la semana pasada, los medios de comunicación, prácticamente sin excepción, consideraron que la noticia deportiva del momento era la aburrida pelea en la que Mike Tyson derrotó al inglés Frank Bruno. Mientras tanto, sólo pequeñas notas escondidas en páginas secundarias registraron la hazaña de un panameño de 37 años, Roberto "Mano de Piedra" Durán, que el pasado viernes 24 de febrero alcanzó su cuarta corona mundial. Esta vez, tras un fallo dividido, "Mano de Piedra" venció a Ian Barkley y se llevó para Panamá el título mundial de los medianos.
Durán es uno de esos superdotados del boxeo que no aparecen todos los días. Aprendió a lanzar golpes en el barrio Chorrillo de Panamá, de casas humildes y calles polvorientas, donde el pequeño Roberto comprobó que, casi como una ley de la naturaleza siempre que soltaba su mano derecha alguien mordía el polvo. Eran épocas duras. Los Durán fueron abandonados por su padre y, para ayudar a mantener a la familia, Roberto nadaba más de tres kilómetros diarios por la desembocadura del Canal de Panamá (que queda frente al Chorrillo) para llegar hasta el Fuerte Amador, donde llenaba un saco con mangos robados que luego vendía en las calles de la ciudad. Esta actividad de recolector la combinaba con las de lustrabotas, voceador de periódicos, pintor de brocha gorda y cantante callejero. Su paso por la escuela fue fugaz. A los 13 años cursaba tercero elemental pero un gancho de derecha contra un compañero de clase puso fin a esta etapa.
El mundo del boxeo se le abrió un día en que fue descubierto mientras robaba cocos en la finca de un acaudalado personaje panameño. Carlos Elea lo convenció de ir al gimnasio, le brindó su ayuda económica y a los 16 años "Mano de Piedra" se estrenó como profesional. Era lo que en el boxeo se conoce como un "fajador", pegaba fuerte pero recibía muchos golpes. Sin embargo, ante sus fantásticas condiciones, Elea consiguió que dos viejos zorros del box se encargaran de preparar al muchacho y de enseñarle todos los secretos: Ray Arcel, quien formó a más de seis campeones mundiales, y Freddy Brown, el hombre que manejó la esquina del legendario Rocky Marciano en todas sus peleas por título mundial. Con esa trinca no podía fallar. Corría el año de 1971 y los rivales del panameño comenzaron a caer uno a uno ante la potencia de sus manos.
A mediados de ese año, noqueó al norteamericano Ken Buchanan y ganó el titulo mundial de los ligeros. Pero al mismo tiempo también comenzaron sus inconvenientes. De temperamento fuerte, poco disciplinado en los entrenamientos y con un apetito voraz, los problemas de peso no se hicieron esperar. Llegó a estar 20 kilos por encima del peso de la categoría. A mediados de los 70, luego de quedarse sin rivales en los ligeros y de sufrir con el peso, abdicó a la corona y ascendió al peso welter. Mientras tanto, en Panamá era todo un ídolo. El gobierno lo eximió de pagar impuestos, no había reunión social a la que no fuera invitado, casas y autos le sobraban y el propio general Torrijos le regaló un furgón de 25 mil dólares, que Durán llenaba de comida y bebidas para amenizar las reuniones que hacían en las playas de Chorrillo, los domingos en la tarde, con sus viejos amigos.
En 1980 Durán venció al mejor boxeador de la década. Ray "Sugar" Leonard no pudo soportar los puños de Roberto Durán y perdió la corona de los welter. La apoteosis se tomó Panamá y, a pesar del odio que despertó en muchos por sus desplantes y declaraciones ofensivas, nadie pudo negar sus virtudes. Esta sería su más grande victoria. En ese mismo año, en la pelea de revancha, Durán pagó un alto precio por no cuidar su dieta y debió abandonar frente a un Leonard ampliamente superior. Vinieron tiempos difíciles. En Panamá todos lo tildaron de cobarde. Luego peleó frente a Tommy Hearns, quien le propinó el único K.O. de su historia. En el 83 venció a Davey Moore, cuando ya nadie daba un centavo por su carrera, y ganó el título super welter.
Vino un nuevo retiro. Todo el mundo opinaba que con el dinero que había ganado en sus combates frente a Leonard, Hearns y Hagler, podía vivir tranquilamente el resto de sus días. Pero Durán sólo sabe pelear. Las finanzas no son su fuerte y el dinero se fue tan rápido como llegó.Con un inmenso anillo de oro en su mano derecha, en el que la letra "D" estaba hecha en diamantes, con gruesos cordones dorados en el cuello y vestido a lo Caribe comenzó una pasajera y poco afortunada carrera artística como cantante de salsa. Su orquesta "Felicidad" se desintegró rápidamente y sólo le dejó deudas. Había que regresar a los golpes, a las dietas, al sacrificio. Muchos lo vieron con malos ojos e incluso José Sulaiman, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, no sólo le aconsejó que se retirara del ring por no tener condiciones, sino que estuvo a punto de prohibirle oficialmente que peleara como profesional. Durán perseveró. Reapareció en carteleras de segunda categoría, ganaba con dificultad y se le veía con mucha grasa y poca forma.
Así, sin contar con la confianza de quienes lo adularon en sus momentos de gloria, olvidado en su propio país, el gran "Mano de Piedra" comenzó nuevamente de cero a los 34 años.
Hoy en día ha vuelto a ser una leyenda. Sigue siendo el mismo de antes, descomplicado, dicharachero y temperamental, pero con el paso de los años ha descubierto que cuando las facultades comienzan a escasear la disciplina es lo único que queda. Y fue esa disciplina la que le permitió ganar el viernes pasado. Ahora sólo espera que a finales del año, "Sugar" Leonard se vuelva a meter con él en un encordado para reeditar viejas gestas. Y, claro está, para llevarse a Chorrillo unos buenos millones, que esta vez no está dispuesto a despilfarrar.
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