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| 7/19/1999 12:00:00 AM

EL NUEVO HIJO DEL VIENTO

El récord mundial de Maurice Greene en los 100 metros planos le da a este deporte un nuevo <BR>héroe.

Lo que Maurice Green consiguió la semana pasada en las pistas de Atenas, Grecia, fue una
hazaña deportiva de grandes dimensiones y la más importante de los últimos tiempos. El estadounidense
de 24 años logró algo imposible para muchos: romper el récord de 9,84 segundos en los 100 metros
planos en poder del canadiense Donovan Bailey desde los Juegos Olímpicos de 1996. El miércoles
anterior Greene pulverizó la marca al cruzar la meta en tan solo 9,79 segundos. Y son precisamente esas
cinco centésimas de segundo menos las que convierten ese resultado en una verdadera proeza. Una
diferencia de tiempo como la conseguida por Greene resulta impresionante en los 100 metros planos, pero
este mismo recorte con respecto al récord mundial supone un avance estratosférico. Es tanto como si un
equipo ganara la final del campeonato mundial de fútbol por más de seis goles de diferencia o un ciclista se
llevara el título del Tour de Francia con más de dos horas de ventaja sobre el segundo.Maurice Greene surgió
en 1995 sin demasiado ruido al conseguir un cupo en el equipo estadounidense que participó en el Mundial
de Gotemburgo ese año. Pero su mejor marca _10,08 segundos_ no le dejaba esperanza alguna frente a los
grandes protagonistas de la década: Donovan Bailey, Dennis Mitchell o Leroy Burrell. Y mucho menos
permitía vaticinar que podría convertirse en el nuevo hijo de la velocidad de una manera tan aplastante como
lo consiguió la semana anterior. Por eso al año siguiente, 1996, Greene desapareció repentinamente del
mapa para enrolarse en el equipo de John Smith, antiguo especialista de 400 metros. Esa determinación
cambió la vida del corredor. Ese año, tras los primeros seis meses de trabajo, el desconocido Greene se
transformó en una estrella. Venció en los cam-peonatos de Estados Unidos y en el Mundial de Atenas,
donde quedó a dos centésimas del récord de Bailey.Desde ese momento ya nadie dudó de que Greene
disponía de las cualidades para convertirse en el plusmarquista mundial. Había logrado desarrollar en poco
tiempo, y gracias a 12 horas de trabajo diario, un gran instinto a la hora de competir, una potencia
descomunal y una técnica impecable que le han permitido consolidarse como el mejor velocista del planeta en
las últimas dos temporadas . Tras el retiro de Carl Lewis el atletismo había quedado sin un héroe. La semana
pasada Greene tan sólo necesitó 9,79 segundos para asumir, al menos momentáneamente, ese rol.
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