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| 10/6/1997 12:00:00 AM

EL PRINCIPE DE LAS MAREAS

Después de haber estado al borde de la muerte el mejor nadador de la última década, el ruso Alexander Popov, no sólo se recuperó milagrosamente sino que demostró que no tiene rival.

Para la mayoría de colombianos el nombre de Alexander Popov no les dice nada. Sin embargo para los amantes de la natación hablar de este ruso de 26 años es algo parecido a mencionar a un semidios. Y tal vez no es para menos. Este hombre, con cuerpo de gladiador _mide 1,97 metros y pesa 89 kilos_, no sólo ha sido el nadador más rápido del mundo durante la última década, algo así como el Donovan Bailey o el Michael Johnson de las aguas, sino que hace pocos días protagonizó un regreso a las piscinas calificado por algunos como mitológico.
Durante los campeonatos europeos de natación celebrados hace pocos días en Sevilla, España, Popov venció a algunos de los mejores nadadores del mundo al ganar cuatro medallas de oro en las pruebas de 50 y 100 metros libres y en los relevos de 4 x 100 libres y combinados. Con esas preseas el ruso ajustó 15 medallas doradas y mantuvo el invicto que desde 1991 tiene en los 50 y 100 metros libres en certámenes europeos, mundiales y olímpicos. Pero lo sorprendente de la historia de Popov, y por lo cual hoy es uno de los deportistas más admirados del mundo, es que sus triunfos los consiguió un año después de que los médicos le hubieran dicho que difícilmente podría volver a moverse como pez en el agua.
El sábado 24 de agosto de 1996, 20 días después de que Popov se hubiera colgado cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta, su vida dio un giro radical en una calle de Moscú. Regresaba de una fiesta en compañía de dos mujeres. Una de ellas, ebria, quiso comprar una sandía en un puesto ambulante de frutas, y al notar que estaba podrida la arrojó al piso. Intentando defender a su amiga de la agresión del dueño del negocio, el abdomen de Popov fue perforado por el cuchillo del enfurecido vendedor. Parte de su intestino grueso, un pulmón y uno de sus riñones sufrieron graves daños.
Tras una operación de varias horas el médico Georgy Golukhov salió a la puerta del Hospital Clínico número 31 y anunció a los familiares del nadador y a la prensa que difícilmente Popov volvería a desplazarse ágilmente por las piscinas. Su entrenador, Gennardi Touretski, empeoró el panorama al afirmar que aun recuperándose físicamente veía poco probable que Alexander superara el trauma sicológico y dijo que bastaba ver a Mónica Seles, quien nunca había vuelto a ser la que era después del ataque que había sufrido en 1993.
El hecho provocó una gran conmoción en toda Rusia hasta el punto de que el presidente Boris Yeltsin encargó a sus médicos personales para que atendieran la recuperación de Popov. Y no era para menos, ya que Alexander se había convertido en el mayor símbolo del deporte ruso. En las olimpíadas de Barcelona en 1992 ganó cuatro medallas de oro y se llevó cuatro más de plata. Sin embargo fue con las preseas obtenidas en Atlanta con las que alcanzó el nivel de superestrella al obtener lo que nadie lograba desde los tiempos del legendario Johnny Weismüller: ganar los 100 metros en dos ediciones olímpicas consecutivas. El mítico protagonista de Tarzán había sido el último al triunfar en 1924 y 1928.
Seis meses después del ataque volvió a las piscinas y al presentarse en el campeonato de Sevilla fue mirado más como un bicho raro que como un rival de respeto. Pero para asombro de todos, incluso de sus médicos, Popov volvió y demostró que podía ser más grande de lo que era. Ganó en los 100 metros con tan sólo 42 brazadas, algo que nadie había logrado hasta el momento. Después de esa demostración de voluntad ya pocos dudan de las palabras de Alexander cuando dice que en las olimpíadas de Sidney en el 2000 quiere dejar de ser sólo un grande de la natación para entrar a ser historia ganando los 100 metros olímpicos por tercera vez consecutiva.
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