Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1995/12/25 00:00

EL PRINCIPE

Giovanny Hernández no sólo es uno de los mejores futbolistas colombianos en la actualidad, sino que es el pionero de una generación de jugadores con formación integral.

EL PRINCIPE

SU HISTORIA ES COMO LA DE LOS ídolos de verdad. Aquellos que nacen en cuna de paja, choza de lata y vienen abrazados al mundo con un balón. Aquellos que antes de aprender a caminar saben patear de forma especial una pelota, y que aún sin poder balbucear claramente mamá son capaces de decir gol.
Su historia es como la de aquellos inmortales de las canchas de fútbol que escaparon a la condena de ser desconocidos, porque sus pases, gambetas y goles conservan la perfección de cuando fueron hechos por primera vez en el potrero de un barrio, en donde la oscuridad de la noche marcaba el final de los partidos.
La historia de Giovanny Hernández no es muy diferente en sus inicios a las líneas anteriores, que bien podrían ser la descripción del comienzo de cualquier futbolista en el mundo. Pero por estos días, cuando la estrella de varios de los ídolos del balompié nacional parece estar llegando al fin de su fulgor, su historia tiene un valor especial y brilla con luz propia.

UN PELADITO DE 10 AÑOS
A pesar de que Hernández aún no cumple los 20 años piensa, juega y actúa como un veterano, tal vez porque pese a que hasta ahora está abandonando la adolescencia ya lleva más de media vida dedicado a acariciar un balón. Quienes lo han visto partido tras partido saben no sólo que, con su 1,70 metros de estatura y 60 kilos de peso, es un dominador absoluto de la pelota sino que han sido testigos de cómo el balón lo busca, lo reconoce y lo necesita, porque en sus pies la bola parece descansar. No hace mucho tiempo quedó atrás la epoca en la que comenzó a patear cuanta cosa encontraba a su paso por las calles del barrio donde se crió, el Yira Castro cn el distrito de Agua Blanca en Cali. Los recuerdos de su primer equipo, el Atlético Flamengo del barrio Belalcázar, vienen a su memoria cada vez que habla de fútbol, al igual que sus diarias escapadas para jugar hasta las 10 noche, y las idas al estadio para ver los domingos al América de Juan Manuel Battaglia, Ricardo Garecca y Willington Ortiz, el equipo del que siempre soñó hacer parte y del cual hoy es figura.
Pero sin duda el momento que marcó definitivamente el presente y el futuro de Hernández fue el hecho de que cuando tenía 10 años se hubiera cruzado en su camino Gustavo Moreno Arango, presidente del Boca Juniors de Cali. "En un comienzo lo que busqué fue ayudarlo como persona y por eso hablé con su familia para que permitiera que Giovanny se fuera a vivir conmigo y con mi familia -dijo Moreno a SEMANA-. Yo les expliqué que lo que deseaba era brindarle todos los medios necesarios para que él fuera un hombre de bien, y ellos estuvieron de acuerdo. Lo del futbol vino después.
Una vez Giovanny se instaló con los Moreno alternó sus estudios con los entrenamientos del que se convirtió en su nuevo club: el Boca Juniors. Con este equipo caleño estuvo a lo largo de siete años, hasta su traspaso al Once Caldas de Manizales en 1994. Durante este período Hernández hizo todo el proceso de selecciones en el Valle, siempre uno o dos años por debajo del límite de edad. "Desde que estaba muy peladito siempre quise ser futbolista, nunca se me ocurrió hacer algo más. Yo siempre supe que podía ser bueno en esto y por eso decidí dejar los estudios" -dijo Hernández a SEMANA-. Su familia y los Moreno lo apoyaron desde el primer momento porque estaban seguros de que así sería.

UN BUEN MUCHACHO
Una de las características que más destacan aquellos que han estado cerca de Giovanny es su liderazgo dentro y fuera de la cancha. Afuera por esa personalidad que irradia, por la alegría que transmite a quienes están cerca de él. Adentro porque siempre aparece cuando un compañero está atorado o porque es quien más pide el balón. Estas características, sumadas a una indudable calidad futbolística hicieron que Hernández fuera fichado en 1994 por el Once Caldas, equipo donde hizo su debut en el fútbol profesional. En ese entonces tenía tan sólo 17 años y había sido tasado por un valor de un millón de dólares. "Cuando pasé del Boca al Once yo era un pelado que apenas iba a probar suerte -dice Hernández-. Yo entraba a jugar en un fútbol supremamente difícil como es el profesional, y cuando llegué a Manizales me enteré que me habían tasado en esa cantidad. Eso me afectó mucho porque todo el mundo me miraba como diciendo no, que va, ese peladito no puede valer eso. Ese primer año fue muy difícil, estuve nervioso mucho tiempo".
A diferencia de otros futbolistas, Giovanny no llegó a la primera siendo un completo desconocido. Su fama en ese momento era relativamente alta, pero no centrada en su fútbol sino en la orbital cifra en la que había sido tasado. "La expectativa en Manizales era muy grande porque se hablaba mucho de un millón de dólares, pero al poco tiempo de su llegada la respuesta futbolística que dio corroboró su calidad. Era un tipo sencillo, muy receptivo y con mucho talento", dijo a SEMANA Carlos 'El Piscis' Restrepo, el primer técnico de Hernández en el profesionalismo.
En enero de este año, cuando fue anunciado el traspaso del joven jugador caleño al equipo de sus sueños, el América, para la temporada de 1995, el desconcierto en la afición manizaleña fue general."La gente se encariñó mucho con él -dice Restrepo-. Cuando comenzó el tire y afloje por cuál club se quedaría con él, en el Caldas se pensó seriamente en hacer un esfuerzo para mantenerlo, pero como es un club pequeño, nunca se pudo".
Llegar al América fue el primero de sus grandes sueños cumplidos, y aunque dice que aún le falta mucha madurez, responsabilidad y disciplina, sus acciones dentro y fuera de la cancha demuestran otra cosa. A diferencia de aquellos ídolos de papel del fútbol colombiano, Hernández está consciente de que la suya es una profesión corta en la cual es necesario sacrificarse durante algunos años. Para él, este deporte es un asunto de seriedad en el que día a día hay que poner en práctica la regla de oro para triunfar que le enseñó Gustavo Moreno: "Fe, sacrificio y humildad".

PASO A PASO
Poco después de su inicio en el profesionalismo los medios de comunicación comenzaron a decir que Hernández podía ser el reemplazo del Carlos 'El Pibe' Valderrama, y en términos generales en todos los corrillos futbolísticos están de acuerdo con esa afirmación. El único que nunca la ha aceptado ha sido el mismo Giovanny, quien dijo a SEMANA que: "Me molesta que digan eso, porque él ha sido el maestro del fútbol colombiano y por lo tanto reemplazarlo sería imposible. Tal vez en un futuro lejano yo pueda desempeñarme en la posición que 'El Pibe' tiene en la selección, pero nunca reemplazarlo. Pero por ahora eso es tan sólo una posibilidad para lo que todavía me falta trabajar mucho".
A pesar de que Hernández ya está empezando a tocar el cielo con las manos, todos aquellos que lo han seguido de cerca coinciden en afirmar que él no será otro ídolo de papel, y esto se debe en gran medida a que Giovanny hace parte de una nueva generación de futbolistas que han contado con la suerte de que antes de que los entrenen para patear un balón o hacer malabares en la cancha, han sido preparados como personas. Precisamente ahí es en donde radica la importancia de la historia el joven volante del América a quien Moreno, 'El Piscis' Restrepo y ahora Diego Umaña han formado como una persona íntegra y un profesional excepcional.
Lo valioso de la historia de Giovanny es que él se constituye en una de las primeras luces de esperanza para poder hablar con seriedad del futuro del fútbol colombiano, que parece haber quedado sepultado al lado del Mundial USA 94.

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