Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/25/1989 12:00:00 AM

EL REGRESO DEL TIBURON

Diez y siete años después de su hazaña en Munich, el nadador Mark Spitz se prepara para Bacerlona 92.

La leyenda regresa. En 1972, en las olimpiadas de Munich, Mark Spitz sorprendió al mundo entero al realizar la hazaña de ganar siete medallas en las piscinas alemanas. Su nombre pasó de inmediato a engrosar la lista de los grandes de la natación mundial, al lado de superatletas como Johnny Weissmuller y Cornelia Ender. Ahora, 17 años después, Spitz regresó a los entrenamientos y su meta es la de clasificar para hacer parte del equipo olímpico que representará a Estados Unidos en los olímpicos de Barcelona, en 1992.

Hace dos meses, con 39 años a cuestas, el tiburón norteamericano regresó a las piscinas olímpicas para adelantar su preparación. Los primeros sorprendidos fueron sus familiares, que desde que terminaron los juegos de Munich no lo volvieron a ver compitiendo. Para ellos, era un esfuerzo inútil v una manera de echar por tierra las glorias anteriores. Pero para el nadador, "no hay nada que perder. Lo de las siete medallas es cosa del pasado y si fallo en mi actual intento no me van a pedir que las devuelva". De todas formas, no deja de ser raro que un cuarentón pretenda medirse con éxito a jóvenes que aún no llegan a los 20 años y que no habían nacido cuando él estaba en la cima de su carrera.

Mark Spitz, sin embargo, tiene todo fríamente calculado. En esta ocasión todos sus esfuerzos se dirigen a una sola prueba, los 100 metros estilo mariposa, en la que fue el mejor de su tiempo. Su marca de 54.27 segundos con la que alcanzó la medalla de oro en Alemania, se mantuvo intacta hasta los Olímpicos de Moscú, en 1984, y fue batida por un estrecho margen. Esta es una de las razones que lo impulsan a regresar.

Por otro lado, según sus propias palabras, "esta vez sólo tendré que concentrarme en una sola prueba, mi entrenamiento estará dirigido a los 100 metros mariposa, lo mismo que todas mis energías, y no tendré que pensar en otras pruebas, como en Alemania". Y es cierto. Todavía se recuerda que en un mismo día Spitz participó en tres pruebas diferentes en esas olimpiadas, lo que le impidió desempeñarse a fondo en todas ellas. Y, en el aspecto sicológico, cuenta a su favor con el hecho de no tener la presión de ganar. En su vida ya obtuvo los mayores triunfos, y en caso de no llegar a Barcelona, no habrá perdido nada.

En el aspecto físico no podía estar mejor. Desde que se alejó de la natación, hace 17 años, ha conservado el mismo peso y sigue manteniendo la constitución atlética de esos tiempos. Además, afirma que "ahora puedo hacer los 100 metros mariposa más rápido que antes. En 1972 yo tenía 22 años y no me había desarrollado fisicamente del todo. Ahora lo estoy y eso es una ventaja". Y si faltaran pruebas para demostrar el óptimo estado por el que atraviesa, el siguiente ejemplo lo dice todo: hace algunos días, en una sesión de entrenamientos con los mejores nadadores universitarios de su país (de donde saldrán los integrantes del equipo olímpico), Spitz los batió a todos en una serie de 500 metros, le tomó una ventaja de cinco segundos a su inmediato seguidor y, lo mejor de todo, había partido con diez segundos de retraso.

Sin duda, Spitz está para grandes cosas. Claro está que la pelea hasta ahora comienza. Su plan de entrenamiento es más suave que el realizado hace casi 20 años, pues sólo participará en una prueba y su preparación anímica no presenta dificultades. Además, como él mismo lo dice, no tiene nada que perder. Pero, antes de Barcelona, tendrá que ganarse a pulso un puesto en el equipo olímpico de su país y derrotar a cientos de adolescentes que por nada en el mundo estarán dispuestos a dejarse ganar de un hombre que pudo ser su padre.

Todo esto lo sabe Spitz, pero está dispuesto a aceptar el reto. "No había vuelto a nadar porque no tenía motivación alguna, pero ahora la tengo: hacer lo que ningún otro hombre ha hecho en la historia, regresar después de 20 años y ganar una medalla olímpica". Y si lo logra, la medalla de Barcelona será mucho más importante que las siete de Munich. Y, de paso, callará a más de un periodista de esos que, en los olímpicos del 72 dijeron que un nadador de 22 años era muy viejo para estar en estos trotes.--
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.