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| 8/16/1999 12:00:00 AM

EL RESUCITADO

Después de superar un cáncer y haber sido desahuciado deportivamente, Lance Armstrong <BR>terminó convertido en el nuevo héroe del Tour de Francia y del ciclismo internacional.

El Tour de Francia necesitaba con urgencia de un héroe. Alguien que pudiera limpiar la
oscura mancha que lleva encima la prueba ciclística más importante del mundo tras los escándalos de
dopaje del año pasado. Un hombre que lograra espantar definitivamente el fantasma de las drogas que aún
recorre las carreteras francesas y que le devolviera la capacidad de soñar a los fanáticos del ciclismo en el
mundo. Como si se tratara de una película de vaqueros del viejo Oeste, un estadounidense de 27
años, con nombre de cowboy , apareció de la nada para salvar al Tour del ostracismo y devolverle la emoción:
Lance Armstrong.Su dominio en la prueba siguió las mismas reglas, y casi la misma estética que demostraron
años atrás las grandes figuras de este evento como Miguel Induraín. Se emplea sin concesiones en todos los
terrenos y deja en evidencia a quienes podrían haber sido sus contrincantes. La camiseta amarilla de líder
encontró en él un dueño indiscutible y respetado. Sin embargo, lo que ha hecho especial la aparición de
Armstrong en el Tour no es sólo su impresionante capacidad para cabalgar como pocos en su caballito de
acero. Su biografía es digna de un guión cinematográfico. Y es justamente esa combinación de deportista
exitoso con un pasado cargado de sufrimiento y dolor la que ha puesto los ojos del mundo sobre este tejano.
En 1993 con tan solo 21 años de edad Armstrong empezaba a mostrarle al mundo que estaba llamado para
grandes cosas. Ese año, durante el campeonato mundial superó por amplio margen al monstruo del ciclismo,
Miguel Induraín. En las Olimpíadas de 1992 y 1996 su nombre consiguió un lugar destacado en el panorama
ciclístico internacional, a pesar de no haber subido al podio. Gracias a su naciente fama y a su inmenso
talento en agosto de 1996 firmó un jugoso contrato por dos años con el poderoso equipo francés Cofidis. Sin
embargo, lo que parecía un camino de rosas terminó convirtiéndose en un infiernoEn septiembre Armstrong
comenzó a sentirse mal. Empezó a tener insoportables dolores en el bajo vientre y a escupir sangre.
Después llegaron las jaquecas, la visión borrosa, los síntomas similares a la gripa y los mareos. El 2 de
octubre de ese año los médicos le diagnosticaron cáncer y le dijeron que tenía tan solo un 40 por ciento de
posibilidades de continuar con vida. Su extraño tipo de cáncer estaba bastante avanzado. Había pasado de
los testículos al abdomen, de allí a sus pulmones y, finalmente, al cerebro. Al conocer la noticia, un
representante del equipo francés pidió al manager de Armstrong renegociar el contrato de 2,5 millones de
dólares por dos años a 1,2 millones por uno. Al final terminaron pagando tan solo 600.000 dólares y
abandonaron en la cama de un hospital de Austin, Texas, al corredor. Parecía el fin de una estrella que
empezada a brillar.Armstrong se sometió a una operación para extirparle el testículo derecho y para tratarle
sus lesiones cerebrales. Tuvo que soportar tres meses de quimioterapia y perdió la temporada ciclística de
1997. Deportivamente los expertos dictaminaron su muerte.El 11 de febrero de 1998 Lance y su esposa
Kristin desembarcaron en Cap Ferrat, en la Costa Azul, cerca de Niza, en un auto de alquiler, con siete
maletas y un gato llamado 'Chemo' (abreviatura de chemotherapy, quimioterapia). Un par de días después,
Armstrong llegó a España para correr la Vuelta a Andalucía, su primera prueba ciclística desde octubre de
1996. Habían transcurrido 518 días desde su última carrera.Fue tan espectacular su curación que no
solamente volvió a llevar una vida normal, sino también a correr de nuevo al más alto nivel de competencia. Al
ver su 'milagrosa' recuperación, su manager viajó a comienzos de agosto del año pasado a París para
informar al equipo Cofidis que Armstrong estaba listo para volver a correr. Tras realizar una oferta de
150.000 dólares por un año, los franceses despidieron de un portazo al representante del corredor frente a
su negativa, no sin antes afirmar que el ciclista estadounidense estaba acabado. Al otro lado del Atlántico el
equipo U.S Postal le abría sus puertas a Armstrong.Cuando el texano inició el Tour de Francia este año, hubo
dudas sobre su estado de salud. Su nombre no figuraba dentro de la baraja de candidatos y muy pocos
pensaban que resistiría la primera semana de competencia. Pero todo cambió cuando ganó el prólogo de la
prueba y se enfundó la casaca amarilla de líder. Once días después de iniciado el Tour una cómoda y
apreciable ventaja de más de siete minutos sobre el segundo corredor en la clasificación general no sólo
despejó cualquier interrogante sobre su salud, sino que demostró una contundencia ciclística pocas
veces recordada en la prueba. De pronto se convirtió en uno de los favoritos de la carrera más prestigiosa del
ciclismo y es el más firme candidato para llevarse el título de la competencia que finalizará el próximo
domingo en los Campos Elíseos.Su desempeño deportivo lo ha convertido en la figura del momento, y su
drama personal, aunque no es el único en la historia del deporte (ver recuadros), lo ha transformado en el
héroe que el ciclismo tanto ha buscado desde el retiro de Induraín.
Los otros dramas
Niki Lauda
El domingo primero de agosto de 1976 el piloto austríaco se estrelló a 250 kilómetros por hora en su
Ferrari. El auto se incendió y el corredor quedó atrapado durante 10 segundos en el habitáculo de su
auto a 900 grados centígrados. Sufrió quemaduras de tercer grado en el 70 por ciento de su cuerpo e
intoxicación pulmonar por los gases. Cuarenta y dos días después estaba de nuevo en las pistas. En 1978
ganó el campeonato mundial, hazaña que repitió en 1984 con la escudería McLaren.
Ana Fidelia Quirot
Era la reina de los 800 metros planos. Sin embargo, el 22 de enero de 1993, la estufa de alcohol de su
apartamento en La Habana estalló. Sufrió quemaduras de segundo y tercer grados en el 38 por ciento del
cuerpo. Las lesiones afectaron su rostro, cuello, tórax, abdomen y extremidades superiores e inferiores. Se
sometió a siete operaciones reconstructivas. En 1995, con 32 años de edad, regresó a las competencias y
ganó la medalla de oro en el campeonato mundial de Suecia.Thomas MusterEn marzo de 1989, mientras
sacaba sus raquetas del baúl de un auto, un conductor ebrio lo atropelló. Su pierna izquierda quedó atrapada
entre los dos autos y sufrió una fisura de la tibia y rotura de ligamentos cruzados en la rodilla. Seis meses
después, tras una milagrosa recuperación, volvió a las canchas. El 11 de junio de 1995 se convirtió en el
primer austríaco en ganar el Roland Garros. Un año más tarde llegó al primer lugar de la ATP, y hasta este año
lleva más de 13 títulos ganados.
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