Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1995/12/18 00:00

EL REY HA VUELTO

A los 35 años Diego Armando Maradona no solo sigue dictando cátedra de buen fútbol, sino que de su mano el Boca Juniors pudo alcanzar el liderato del torneo argentino.

EL REY HA VUELTO

JUSTO CUANDO EL FUTBOL ARGENTINO se hacía bostezo, apareció. Otra vez Diego Armando Maradona calló a todo el mundo, o mejor dicho, la pierna izquierda de Maradona -para algunos lo mejor que le ha pasado al fútbol- se encargó de silenciar a los escépticos. El rey había vuelto, y había vuelto para demostrar que el fútbol no se olvida y que Maradona, vestido con la camiseta azul y oro del Boca Juniors con el número 10 a su espalda, es una bomba capaz de destrozar a cualquier bloque defensivo.
Las inmejorables barras de la Bombonera tuvieron que esperar 13 años y 11 meses para que Diego volviera a vestirse con los colores del Boca. En la memoria de los hinchas estaba el último gol de 'Dieguito' con esa camiseta. Había sido el 15 de noviembre del 81. Con ese gol Boca le ganó a San Lorenzo y se posicionó como líder indiscutible de la tabla. Un mes más tarde Boca sería campeón del fútbol argentino y Maradona, con apenas 21 años, había llegado al cielo.
Ahora, aunque nadie lo creía, 'El Pelusa', con 35 años, estaba vestido nuevamente de azul y oro. Y otra vez sucedió. Maradona tomó el balón con sus dos manos. Lo colocó en el pasto, a unos 25 metros del arco rival. Era la cancha de Argentinos Juniors, la misma que había tenido el privilegio de verlo nacer. Y como si nada. Diego tomó impulso, y su maravillosa pierna izquierda acarició el balón, lo sedujo lentamente para que se metiera por allá, por donde sólo Maradona lo sabe meter. Era 15 de octubre de 1995 y Boca volvía a ser líder. La historia se partió en dos.

EL MAESTRO
Ha sido tal la influencia de Diego que los socios del club han decidido denominar la historia reciente del equipo como Boca DM -después de Maradona-. Y no es para menos, en los ocho partidos que ha jugado Diego, han conseguido siete triunfos y un empate. De los 24 puntos posibles, el equipo ha logrado 22. Y lo que es más importante para los soñadores hinchas boquenses, el club es el indiscutible líder del campeonato argentino con seis puntos de ventaja sobre sus más inmediatos seguidores, Lanús y Vélez Sarfield, y ocho sobre su archirrival River Plate. Maradona ha marcado un antes y un después con su control de pelota, con su voz de mando, pero sobre todo con una responsabilidad asumida: ganar el título. Dentro del campo de juego él es el único que lo sabe todo. Al lado de Diego no existen Marzolinis -técnico de Boca- ni Pasarellas, ni Bilardos, ni Menottis.
Según la prensa de su país, aún no está 10 puntos físicamente, pero está pensando mucho más rápido que todos los demás. Su presencia le ha dado al equipo una idea fundamental: hacer circular la pelota. Diego juega hacia los costados, hace la pausa, genera situaciones de distracción y cambios de ritmo. A Diego también le pegan, una y otra vez, pero se levanta y sigue poniendo a circular el balón. Desde la llegada de 'El Pelusa', como por arte de magia Carlos 'El Colorado' MacAllister y Fernando Gamboa recobraron la tranquilidad. El arquero Carlos Fernando Navarro Montoya se afianzó más bajo los tres palos, y en general el equipo se reestructuró pero, sobre todo con Maradona a bordo, Boca ganó en serenidad.

DIEGOMANIA
La dependencia enfermiza que hubo en los primeros partidos de los demás jugadores hacia Diego ha ido disminuyendo. Al comienzo se llegaba al extremo absurdo de esperar a Maradona para pasarle el balón. Sin embargo, pese a que esto a cambiado en las últimas fechas y a que el equipo ha mejorado individual y colectivamente desde su regreso Boca aún depende demasiado de Maradona. La última vez que esto quedó en evidencia fue hace dos semanas frente a Vélez. El equipo ganaba y estaba jugando bien, pero desde el minuto 71, cuando Diego salió por agotamiento, el conjunto empezó a extraviar los papeles y estuvo muy cerca de perder la ventaja de 1-0. "El problema está, y todos lo saben, en que los jugadores dependen en exceso de Maradona en lo futbolístico, pero sobre todo en lo anímico", dijo a SEMANA Diego Borinsky, periodista de la revista El Gráfico de Argentina. En términos generales, a Boca le pasa lo mismo que a la Selección Argentina del último mundial. Si Maradona se enferma, o se llega a equivocar nuevamente, no hay duda de que el equipo se desmorona.
Los argentinos son conscientes que dentro de su panorama futbolístico no existe un jugador que pueda llevar de la mano a un equipo de la forma como lo hace Diego. Por eso, prácticamente desde el mismo instante en que regresó a las canchas, los aficionados gauchos piden a gritos la inclusión de 'El Pelusa' en la selección nacional. Para ellos él es el único capaz de sacar a la albiceleste adelante y evitar que continúen los fatídicos resultados que hasta ahora ha tenido el equipo dirigido por el técnico Daniel Alberto Pasarella. El estratega, que hasta hace poco había descartado la presencia de Maradona en el seleccionado, dijo la semana pasada extraoficialmente que las puertas de la selección estaban abiertas para todos los jugadores, incluso para Diego. Para algunos esto fue producto de la presión de la gente, pero para los expertos no es más que la necesidad de Pasarella de tener un verdadero líder en la selección.
Pero quizás en este punto los argentinos están exagerando. Diego sí es el mejor jugador gaucho, pero ya no tiene nada que hacer en la selección. Su grandiosa pierna izquierda debe saber que, por lo menos a nivel de selecciones, ya es hora de dejar el camino abierto a figuras nuevas como Gustavo López, Marcelo Gallardo, Ariel Ortega y demás.
En cualquier caso, el regreso de Maradona fue lo mejor que le ha podido pasar al fútbol argentino. De no haberlo hecho, la gente habría recordado más su caso de doping en el mundial que su actuación con Boca en el 95. Y eso sin duda sería una lástima. De no haber vuelto Diego, seguramente el dopaje habría quedado por encima de sus goles a Inglaterra en México 86 y de sus imborrables jugadas tanto en Argentina como en Italia.
Maradona volvió, y volvió por el bien del fútbol. Porque a Diego Armando puede amársele u odiársele, pero jamás irrespetársele. Una persona que a sus 35 años lo ha conseguido prácticamente todo en la vida, y que en vez de dedicarse a la burocracia mundial del fútbol prefiere seguir peleando por los derechos de los futbolistas y rompiéndose en cada partido, es un jugador que merece respeto. Diego es la última pincelada de talento que queda en el fútbol moderno. Ojalá, en lo poco que le queda de vida profesional, termine por enseñarle a alguien para que herede su magia. Es lo último que los hinchas del buen fútbol le deben pedir a Maradona.

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