Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/07/22 00:00

EL SALVADOR

CON EL ARRANQUE DEL WIMBLEDON LOS AFICIONADOS ESPERAN QUE ANDRE AGASSI CUMPLA UN PAPEL PROTAGONICO PARA RECUPERAR EL ESPECTACULO PERDIDO EN EL TENIS MUNDIAL.

EL SALVADOR

Definitivamente ya no es lo mismo que antes. En años pasados en las semanas previas al Wimbledon, los diarios internacionales estaban plagados de fotos, reportajes y noticias de los principales protagonistas que disputarían quizás el título tenístico más codiciado por todos. Este año no es así. La Eurocopa de fútbol, los preparativos de las Olimpiadas Atlanta 96 y el Tour de Francia que está por comenzar se llevan el grueso de las noticias deportivas. ¿Por qué? Sencillamente porque el tenis se ha vuelto cada vez más aburrido. En el abierto francés Roland Garros que acaba de terminar la asistencia de público no fue la esperada y el rating de las transmisiones de los partidos por televisión descendió ostensiblemente. De acuerdo con la Federación Internacional de Tenis, este año fueron 35.000 personas menos al Abierto de Australia y el rating de transmisión del US Open del año pasado descendió cerca de 18 por ciento.
Es un tema del que se viene hablando por lo menos desde hace dos años. Los más prestigiosos medios de comunicación han realizado artículos y artículos sobre el tema. Los directivos estudian todas las variantes posibles para volver a recuperar el espectáculo y la magia del deporte blanco. Empresas como Nike han concentrado más sus esfuerzos en crear un nuevo mercado en el fútbol que en fortalecer la publicidad en los implementos para el tenis, que desde 1993 han sufrido una baja en las ventas.
No es fácil de explicar lo sucedido, pues hasta hace muy pocos años el tenis vivía su época dorada y ahora es calificado por algunos como aburrido y lento. Y lo califican así porque de pronto se ha llegado a un inmenso grado de perfección en el juego. Los tenistas de ahora tienen un saque tan poderoso y una volea tan fuerte que hacen prácticamente imposible que el contrincante pueda ganar el punto cuando está recibiendo el servicio. Esto en parte explica las aterradoras cifras que dio a conocer la revista The Economist hace unos meses. De acuerdo con esta publicación, en la grama rápida de Wimbledon la pelota sólo está en juego durante tres minutos cada hora, en la cancha dura del US Open, nueve, y en la arcilla lenta de Francia, 13. Por eso es explicable que ahora los partidos produzcan en los espectadores más de un bostezo.
Con este panorama tan poco alentador empieza esta semana Wimbledon. Y aunque nadie se atreve a dar un pronóstico preciso sobre quién puede ser el campeón en la categoría masculina, varios coinciden en afirmar que si André Agassi logra llegar a las finales, el show volverá a ser el mismo de las gloriosas épocas de las batallas entre Bjorn Borg, Jimmy Connors y John Mc Enroe. Esta afirmación la expresan algunos especialistas fundamentados en que el juego de Agassi hace que los partidos sean muchos más emocionantes. Con él en la cancha, ver un encuentro no será simplemente observar cómo cada jugador saca, sube a la malla y gana o pierde el punto. Agassi es de esos deportistas que prefieren ir desmoronando lentamente a su contrincante antes que aplicarle un duro golpe para vencerlo lo más rápido posible. Para ponerlo en términos de fútbol, es de aquellos que gambetean a cuatro o cinco defensas, entran al área y definen al segundo palo, en vez de fabricar un gol con un remate fortísimo de media distancia. Aunque las dos opciones son igualmente válidas, es casi incuestionable que el estilo de juego de Agassi es más artístico, y por ende, más espectacular y emocionante.
Son estas cualidades las que hacen que la crítica internacional vea a Agassi como el salvador del tenis moderno, sobre todo en la categoría masculina, ya que la femenina es mucho más emocionante. La final del pasado abierto francés lo demostró. Steffi Graf y Arantxa Sánchez dejaron el alma en el polvo de la cancha, tras un partido inolvidable en el cual la alemana ganó por 6-3, 6-7 y 10-8.

¿Tiene con que?
Pero para que el Wimbledon, y el tenis masculino en general, recuperen la gloria pasada, no sólo se necesita que exista Agassi, sino que éste pueda llegar a las finales. Y pese a que este año ha sido uno de los más irregulares del estadounidense lo demostró al salir eliminado en las primeras rondas del Roland Garros, su estilo de juego hace que sea viable que dispute la final. Por eso está sembrado de número tres, superado sólo por Boris Becker y el número uno, Pete Sampras.
Agassi, pese a que siempre ha rendido más en canchas lentas que en las rápidas como Wimbledon, tiene varias herramientas importantes para lograr frenar a jugadores como Sampras y Becker, especialistas en terrenos como el césped. El estadounidense es hoy quizás el que mejor devuelve servicios, tanto que es comparado con el inolvidable Jimmy Connors. Según la revista Tennis, "la esencia del juego de Agassi es su sistema nervioso, la perfecta coordinación entre sus ojos y su brazo". Esto hace que André pueda contestar con un ataque un saque de más de 120 millas por hora. Su técnico, Brad Gilbert, lo dice: "Jimmy contestaba a la defensiva. Agassi, por su lado, revienta los servicios. Cuando Jimmy veía un servicio de 119 millas por hora, estaba preparado sólo para recibirlo. Cuando André ve un servicio de estos, quiere devolverlo a 120 millas por hora".
La habilidad de Agassi para contestar como nadie lo ha logrado en la historia tiene su origen en la técnica de crear velocidad sin necesidad de fuerza. André sostiene que puede contestar un servicio con la misma velocidad si mueve correctamente las caderas y sigue completamente el movimiento del brazo. De acuerdo con los especialistas, la fuerza viene de la rotación del tronco.
Esta habilidad, sin embargo, no es el único secreto. Agassi tiene la particularidad de jugar seis y hasta ocho combinaciones de golpes en un mismo punto, que equivale a puños o trompadas que lesionan, cansan y desmoralizan al contrincante. Además posee una extraña habilidad para servir efectivamente. Aunque sus saques no terminen en los ases de Sampras y Becker, sí obliga a sus contrincantes a estar dentro de su plan de juego. Respecto a esto el mismo Sampras es contundente: "Cuando André controla los puntos, me saca de mi zona de juego. Es por esto que siento que siempre debo tener la iniciativa cuando jugamos. Si le doy la más mínima oportunidad, me destruye".
Todas estas cualidades hacen que Agassi pueda desenvolverse sin problemas en el Wimbledon que comienza esta semana, un torneo que ha sido siempre la obsesión de este tenista norteamericano. Sólo en 1992 logró recibir la gran bandeja de plata y espera que este año ese acontecimiento se repita. Pero más que campeón, lo que la gran mayoría de los aficionados quieren es que llegue por lo menos a las semifinales, porque sin duda un partido Agassi-Becker o Agassi-Sampras es mucho más emocionante y más artístico que una final Becker-Sampras. Ojalá, por el bien y la recuperación del tenis, Agassi cumpla con lo que los aficionados esperan de él.

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