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| 9/13/1999 12:00:00 AM

EL SEGUNDO HOMBRE

En contra de todos los pronósticos, Ferrari revive sus posibilidades de alcanzar un título que no <BR>consigue hace 20 años.

Tras el accidente de Michael Schumacher a mediados de julio, en el que el alemán perdió
todas las posibilidades de pelear el campeonato de Fórmula 1, el camino hacia el título parecía despejado
para su archirrival, MikaHakkinen. Sin embargo, en las últimas tres semanas todos los pronósticos que
auguraban que el finlandés retendría la corona obtenida el año pasado y que su escudería, McLaren, se
llevaría el título de constructores, encontraron un obstáculo con el que nadie contaba: Eddie Irvine. Después
del Gran Premio de Hungría del 15 de agosto, y faltando tan sólo cinco carreras para el final del Gran Circo,
Irvine, un piloto en el que muy pocos creían y que parecía condenado a ser un simple escudero de
Schumacher, no sólo se ha transformado en la revelación del campeonato al complicarle la vida a Hakkinen y
los McLaren, sino que, por encima de esto, se ha convertido en el corredor capaz de terminar el ayuno de
títulos de dos décadas de la escudería Ferrari. Esta situación ha dejado al actual campeonato mundial
convertido en una temporada de paradojas.El primer contacto que Irvine tuvo con la scuderia fue en 1995 para
pedir un descuento en una serie de repuestos para su auto, un Ferrari GTO. En ese entonces el irlandés corría
con más pena que gloria para el equipo Jordan. No obstante, desde el 11 de junio, día del accidente de
Schumacher, se vio convertido, de la noche a la mañana, en el líder del equipo más carismático de la Fórmula
1. Sin el astro alemán conduciendo el primer auto de los bólidos rojos, los jerarcas de Ferrari no tuvieron otro
remedio que apostar, sin muchas esperanzas, por Irvine como piloto principal. Y no les ha ido nada mal.
Hasta el domingo, Irvine había conseguido adueñarse del campeonato de pilotos, al sacar una diferencia de
ocho puntos sobre Hakkinen, y sus victorias en los dos circuitos anteriores, que sobre el papel favorecían a
los McLaren, le permitieron a Ferrari sumar los puntos necesarios para obtener una importante diferencia
sobre sus máximos contrincantes. Esa circunstancia tiene soñando a los tiffosi con el título de constructores
y ha dejado a Schumacher en una incómoda situación además de soportar un alud de críticas . Todos contra
'Schumi'Muchos cuestionan el que a pesar de que el germano es el piloto mejor remunerado de la historia,
con un salario anual de 33 millones de dólares, ha sido Irvine quien tiene a Ferrari luchando el título, pese a
recibir tan sólo el 20 por ciento del sueldo de Schumacher. La prensa ha sido especialmente dura con el
bicampeón al analizar la situación. "Ferrari ya no depende de Schumacher", tituló el diario Tuttosport, tras el
último triunfo de Irvine. "Se esfumó el anhelo por el cojeante ídolo ante el descubrimiento del siglo: se puede
ganar también el mundial con Irvine", escribió La Repubblica. El prestigioso Corriere della Sera fue más allá y
tras publicar la clasificación del campeonato, en la que Ferrari aventaja por 16 puntos a McLaren escribió
en primera página: "¿Quién es Schumacher?". Pero la ironía y las dudas no son comentarios aislados por
parte de los medios de comunicación italianos. El matutino germano Bild no dudó en preguntar en un
titular: "¿Qué será de Schumacher?"Si bien es cierto que Irvine está acaparando toda la atención, hasta el
punto que se especula que de ganar el campeonato los papeles se invertirían y la próxima temporada
sería el piloto principal de Ferrari, y Schumacher su 'ayudante', la realidad es que lo que está ocurriendo
no es más que el resultado de lo que algunos han llamado "el efecto Schumacher". En otras palabras, el éxito
de Irvine no es producto exclusivamente de su habilidad sino más bien el resultado, irónicamente, de un
inesperado empujón por parte de sus rivales. Para los expertos esta realidad es una garantía de que, a pesar
de todo, Schumacher no abandonará la tolda de Ferrari.Para la revista británica Autosport, los últimos
descalabros de McLaren tienen, en parte, una explicación sicológica: su dependencia estratégica con el piloto
alemán. La ausencia de Schumacher, unida a la irreverencia de Irvine, han conseguido poner nervioso al
equipo más gélido e impenetrable de la Fórmula 1, que se ha quedado sin su punto de referencia. Lo cierto
del caso es que por encima de estas consideraciones hay un hecho que explica la situación: la
igualdad de fuerzas.Después de dos años y medio de trabajar en el auto y corregir algunos errores, Ferrari ha
conseguido en el último mes que sus monoplazas estén en las mismas condiciones de los McLaren. La
escudería británica buscó a la mitad del campeonato desequilibrar la temporada al mejorar la
aerodinámica de sus vehículos, pero para eso se vieron obligados a reducir el margen de confiabilidad y eso
ha repercutido, entre otras cosas, en los frenos y en los neumáticos. La casa italiana ha sacado provecho de
la situación y el más favorecido con todo esto ha sido Irvine, quien tuvo la suerte de estar en el instante
preciso en el que los bólidos rojos están en el máximo rendimiento y las flechas de plata pasan por un mal
momento.Mientras Schumacher mira resignado desde su casa en Suiza su tercera desilusión consecutiva con
Ferrari y el encumbramiento de su antiguo ayudante, Irvine está dispuesto a aprovechar al máximo el cuarto
de hora por el que atraviesa. El irlandés, de 34 años, sabe que de sus próximas carreras depende el que
pueda dejar de ser el segundo piloto de Ferrari para pasar a ser el dueño del auto principal de alguna de
las escuderías que han puesto los ojos sobre él para el próximo año. Para lograr eso aún debe superar
cinco carreras y soportar la reacción de los McLaren. Tan sólo entonces se sabrá si el segundo hombre
de Ferrari pudo darle el primer título a la scuderia en dos décadas. nEl rebeldeEddie Irvine es un hombre
polémico que desata pasiones y odios. Y ese carácter tiene incidencia en todos los aspectos de sus
relaciones personales y profesionales. Desde su controvertido paso por la F-3.000 japonesa, entre 1991 y
1993, hasta su debut en la máxima categoría del automovilismo conduciendo para la escudería Jordan. Irvine
se ha caracterizado más por sus actos fuera de las pistas que dentro de ellas. Amante de la vida nocturna
de Roma y Montecarlo, el irlandés se ha ganado más de un enemigo entre sus colegas. Es el piloto más
sancionado en la historia de la Fórmula 1 por dar declaraciones irrespetuosas. De sus seis años en el Gran
Circo, los tres últimos los ha pasado con Ferrari. Sin embargo sólo hasta este año ha conseguido llegar al
podio _tres veces_. Fanático de las inversiones en la bolsa, Irvine pasa su tiempo piloteando su avión y
helicóptero privados, o paseando en su yate por la Costa Azul.
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