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| 7/21/2012 12:00:00 AM

El sexo alimenta la llama olímpica

Para la máxima cita del deporte mundial se repartirán más de 150.000 condones en la Villa Olímpica. Cuando terminan las competencias, empiezan las fiestas y el desenfreno entre los atletas.

La idea de una Villa Olímpica silenciosa, donde los deportistas se aíslan para preparar su cuerpo y su mente en los días previos a las competencias, no es más que un mito. Según Hope Solo, la portera del equipo estadounidense de fútbol, en los Olímpicos “hay mucho sexo y fiestas”.

A pocos días de la ceremonia de apertura de Londres 2010 estas polémicas declaraciones, publicadas en un artículo en la revista de ESPN, han revelado el lado oscuro o más bien, el lado más candente, de “los otros Juegos Olímpicos”, los que no se ven por televisión.

“Los atletas son muy extremistas para todo. Cuando entrenan lo hacen al máximo. Cuando salen a beber, beben 20 copas. Todos quieren tener muchos recuerdos, ya sean sexuales o de las competencias. He visto gente teniendo sexo en público, en los prados, en los matorrales, en cualquier sitio”, contó la arquera.

"Es diferente a estar en un bar. En la Villa Olímpica no es difícil entablar conversación, siempre tenemos algo en común. Sólo hay que preguntar ¿qué deporte practicas?’ y ya está todo hecho", continuó su relato Hope.

La revista ESPN publicó su testimonio y el de otros atletas en su número de julio, que acaba con la idea de que los deportistas guardan el celibato para no arruinar su desempeño en las justas olímpicas.

Breaux Greer, lanzador de jabalina estadounidense, describe la Villa Olímpica como el paraíso para cualquier adolescente: "en el campo de práctica las chicas corretean en ropa interior diminuta y los chicos se pasean en bóxer para que todo el mundo vea lo fuertes que están. Todos tiene un cuerpo no de 10, de 20".

El capitán del equipo de waterpolo de Estados Unidos, Tony Azevedo, coincide con él en que los atletas que viajan a Londres van a buscar medallas, pero también otro tipo de diversión que no encuentran en sus países de origen. “En la Villa hay jóvenes vitales que no tienen a periodistas ni padres sobreprotectores alrededor. Ese lugar se convierte en el algo salvaje, el centro del sexo más grande en el que he estado nunca”, cuenta.

Tal parece que está mandado a recoger el mito de que tener sexo antes de una competencia reduce el nivel de los atletas. De ser cierto, la empresa de condones Durex no se hubiera tomado la molestia de repartir 150.000 preservativos entre los 16.000 atletas que participarán en las justas.

A cada deportista le corresponde 10 condones y, sin embargo, es posible que la cantidad no sea suficiente. La misma empresa entregó 100 mil condones en los Juegos de Invierno de Vancouver, en el 2010, a 7.000 deportistas y se agotaron. Eso mismo ocurrió en Sidney 2000, donde se distribuyeron 70.000 preservativos, y en Pekín 2008, que contó con 80.000 condones.

Bien lo dijo el nadador Ryan Lochte, que ya acumula tres medallas de oro entre Atenas 2004 y Pekín 2008: "entre el 70 por ciento y el 75 por ciento de los deportistas mantienen relaciones sexuales los unos con los otros durante los Juegos Olímpicos”.
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