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| 1/27/2011 12:00:00 AM

El tejemaneje de los mercaderes del fútbol

Con cada transferencia de un profesional en el mercado futbolístico llega una historia de agentes y su genio para negociar contratos y comisiones leoninas.

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BBC
Con cada transferencia importante en el mercado futbolístico llega una historia de agentes: de sus exigencias, sus privilegios, sus comisiones leoninas, su abuso de las normas… y también su genio para extraer agua de las piedras.
 
El agente de Emmanuel Adebayor, flamante jugador del Real Madrid, es Stéphane Courbis, cuya maestría ha sostenido en el primer plano a un futbolista de claros y sombras, tras sucesivos fiascos en el Arsenal y el Manchester City.
 
Hace unos días, The Guardian publicó una serie de artículos sobre el agente portugués Jorge Mendes, representante de José Mourinho y Cristiano Ronaldo.
 
La investigación gira alrededor de una demanda presentada por la empresa británica Formation, sobre la contratación de Mourinho por el Chelsea y posteriormente de Ricardo Carvalho, Paulo Ferreira y Tiago Mendes.
 
Cuando Mendes colocó a Mourinho en el Chelsea (a través de los buenos oficios de otro superagente, Pini Zahavi, amigo personal de Roman Abramovich, propietario del club), el técnico tenía otro agente, José Baidek, quien estaba negociando cándidamente con el Liverpool FC.

El chasco de Baidek fue compartido hace poco por otro agente portugués, Gonçalo Reis: el 9 de agosto pasado, recibió una carta de su pupilo Tiago Manuel Días Correia, conocido como Bebé, un chico de 19 años a quien representaba, poniendo fin abruptamente a la relación entre ambos.

Dos días después, Mendes acordaba el pase de Bebé al Manchester United. Alex Ferguson admitió que nunca lo había visto jugar, pero que se lo había recomendado su ex colaborador Carlos Queiros… cliente de Mendes.

Estos vasos comunicantes forman la trama íntima del sistema de agentes.

Empresarios

Hace unos años, en 2002, informamos en BBC Mundo sobre la empresa italiana Gea World, a propósito de que David Trezeguet quería encargarle la gestión de su carrera.

Daba la casualidad que el director de Gea World era Alessandro Moggi, hijo de Luciano Moggi, entonces director general de Juventus.

Gea World se había formado en 2001, por la fusión de Football Management, de Moggi, y General Atletic, de Andrea Cragnotti, hijo de Sergio Cragnotti, entonces presidente de Lazio y propietario de la conservera Cirio, y de Francesca Tanzi, hija del propietario del Parma y de la empresa láctea Parmalat.

¿A quién podría extrañar que un futbolista sensato, como Trezeguet, quisiera proteger sus intereses poniéndolos al cuidado de gente tan bien conectada?

Hubo una época en que los representantes eran figuras improvisadas, pero ahora el mercado está dominado por empresarios que aprovechan ventajas relativas.

Portugal se ha convertido en un importante canal entre los mercados, gracias a los dirigentes y técnicos de clubes que identifican a talentos como Ángel Di María, consagrado en el Benfica y luego vendido al Real Madrid.

Es obvio que la idoneidad de Mendes para negociar sería inútil si sus representados fueran incapaces, pero como se ha dicho de la belleza, el talento es particularmente sensible al atractivo del poder.

A veces ese poder llega a tal extremo que provoca una espantada de los clubes.

"Derechos económicos"
 
En el Real Madrid, Mendes representa a Mourinho, Carvalho, Di María, Pepe y Cristiano Ronaldo, pero cuando Mourinho pidió a otro delantero y propuso a Hugo Almeida, también pupilo de Mendes, al tiempo que menospreciaba al director general, Jorge Valdano, el presidente Florentino Pérez se plantó: poco más y Mendes controlaría el club.

El dinero que mueve el mercado se ha multiplicado en la misma proporción que los salarios de los jugadores, abriendo paso a una nueva modalidad, en la que Mendes también es uno de los principales actores.

Se trata de la compraventa de los "derechos económicos" de los jugadores, algo que no requiere la atención permanente y personal de un representante.

Uno de los iniciadores es el empresario Kia Joorabchian, nacido en Irán pero con pasaportes británico y canadiense.

Joorabchian, que no tiene licencia de agente, trajo a Inglaterra a Carlos Tévez y Javier Mascherano con esta modalidad, que se ha extendido en los países que abastecen de futbolistas a los mercados europeos. The Guardian informa que Mendes habría vendido al Manchester United los "derechos económicos" de Bebé, en vez de operar directamente en su condición de agente/representante.

La historia reciente de estos gestores sugiere que permanecerán entre nosotros, con la inevitabilidad de las guerras y las enfermedades, por la sencilla razón de que así conviene a todas las partes del juego, salvo al público que paga.

Dependencia

Los clubes, a pesar de sus protestas, dependen de los agentes para conseguir a los jugadores que necesitan y también para ubicar a los que ya no quieren.

Los jugadores estarían desamparados sin ellos. ¿Qué harían sin agentes? Pues contratar a… otros agentes.

Queda el control, por supuesto, pero también esto es difícil de implementar.
 
Mucho se habla de los "agentes Fifa", pero en realidad el ente rector del fútbol, escarmentado, dejó de otorgar esas licencias en 2001. Cuando se habla de "agentes Fifa", las licencias son otorgadas por las diferentes asociaciones.

Cada asociación tiene sus propias formas de controlar a los agentes, aunque los críticos, en esto, dirían "sus propias formas de no controlar".

La Asociación Inglesa de Fútbol, FA, obliga a los clubes a depositar ante ella las sumas que paga a los agentes, con lo que tiene cierto control, pero los agentes pueden actuar por cuenta de jugadores y de clubes en la misma operación, siempre y cuando los jugadores estén de acuerdo.

Esta norma no se concilia con el requerimiento de la Fifa en el sentido de que los agentes no pueden actuar cuando hay conflicto de intereses.

La FA ha cambiado un par de veces sus requerimientos sobre conflicto de intereses, y no por venalidad, sino porque controlar a los agentes es tan difícil como contener las mareas.

En el fondo, los únicos que realmente pierden dinero por la actividad de los agentes son los espectadores que pagan las entradas y los abonos de TV.

Y estos damnificados no tienen voz ni voto en la gestión del fútbol.
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