Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/13/2014 12:00:00 AM

La salsa sonó en Montpellier

Además de pasar a la historia por convertir el único gol de Colombia en Francia 1998, Léider Preciado es el autor de la celebración más original del fútbol colombiano.

Cuando Léider Calimenio Preciado tenía 12 años no había un lugar en Colombia donde no sonara Pa’l bailador, uno de los éxitos musicales que hizo famoso al gran Joe Arroyo y que inspiró una de las celebraciones más recordadas de la historia de nuestro fútbol. Era el final de los años ochenta, y entre la música festiva de su natal Tumaco y las canchas de su barrio, Léider creció con la esperanza de ser delantero de la selección Colombia.

El tumaqueño comenzó su carrera profesional en 1996, vistiendo los colores de Independiente Santa Fe. Le bastaron dos años en el rojo capitalino para que el técnico de la selección Colombia, Hernán Darío Gómez, se fijara en él para incluirlo en la lista de 23 hombres que viajarían al Mundial de Francia 1998. Tímido y reservado, Léider recuerda que meses antes del torneo lo llamaron para jugar un amistoso frente a Chile, en Santiago. Anotó dos goles, y aunque el partido quedó empatado, Preciado se ganó el derecho a jugar su primera Copa del Mundo con tan solo 21 años, junto a históricos como Valderrama, Asprilla y Rincón.

Todo el país sabía que Francia 1998 representaba no solo el tercer mundial consecutivo para la tricolor, sino también el final de una generación dorada del fútbol colombiano. El joven Léider entendía eso, sin embargo, no se dejó intimidar por la presión. Lo único que quería hacer era entrar al campo y replicar los goles que hacía en Santa Fe.

Preciado se paró sobre hombros de gigantes. El primer partido, que Colombia perdió con Rumania, entró al minuto 84’ por Faustino Asprilla. El juego siguiente, frente a Túnez, sustituyó a su ídolo: el Tren Valencia. Saltó a la cancha del Stade de la Mosson, en Montpellier, al minuto 11’ del segundo tiempo, parecía perdido, pero él quería romper el arco. A falta de ocho minutos para el final, el Pibe Valderrama robó un balón en la mitad de la cancha, lo filtró entre dos defensas tunecinos; la agarró Léider, dio un par de toques, disparó…y gol para Colombia.

Salió arrebatado a festejar. Pudo haber imitado las celebraciones que estaban de moda en Europa: barrerse sobre el césped, alzar los brazos al cielo, hacer la de Bebeto, en fin, muchas cosas. Pero no, el buen Calimenio aún hoy admite que pensó en todo y nada, fue espontáneo, fue “una mezcla de muchas emociones, no lo preparé”. Ese “pasito tun tun” fue tan natural, que sin saberlo, recordaba a los goles que hacía de niño en Tumaco, mientras sonaba esa canción que el Joe popularizó cantando, y que Léider inmortalizó bailando.

Ya han pasado 16 años desde ese momento. Desde su casa al norte de Bogotá, pide creer en Pékerman, y espera que al finalizar la próxima Copa del Mundo en Brasil, su gol no siga siendo el último gol de Colombia en un Mundial.


¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.