Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/12/28 00:00

EMPACANDO MALETAS

La huelga en la NBA obligó a varios de sus jugadores a buscar su futuro en las ligas europeas de baloncesto.

EMPACANDO MALETAS

la semana pasada se abrió una pequeña luz de esperanza para finalizar la huelga en la NBA. El optimismo se debió a que los jugadores y los dueños de los equipos reconsideraron uno de los temas de discordia más espinosos: el de la repartición de las ganancias. Mientras los primeros aspiraban a quedarse con el 60 por ciento de las utilidades que la temporada pasada ascendieron a 3.000 millones de dólares, los propietarios de las franquicias deseaban repartir las utilidades por partes iguales. Finalmente partieron diferencias y varios medios de comunicación revelaron que el acuerdo alcanzado había sido de un 55 por ciento para jugadores y 45 para propietarios. Independientemente de conseguir esta solución lo cierto es que el hecho de no encontrar fórmulas de acuerdo en los otros temas en disputa (ver SEMANA #858) hace prever que la temporada 98-99 no comenzará, en el mejor de los casos, antes del 15 de diciembre o incluso enero. La apertura de campos de entrenamiento y la preparación del campeonato es algo que los cálculos más optimistas estiman en no menos de tres semanas. Este prolongado cierre de actividad, sumado al hecho de que las buenas señales de la semana anterior no constituyeron una certeza absoluta de que el paro sería levantado, han causado en la NBA grandes secuelas, y no sólo económicas. Aparte de los cerca de 300 millones de dólares que según el diario estadounidense USA Today se han perdido en las últimas tres semanas, la consecuencia más grave del paro es el inicio de la migración de jugadores hacia las ligas profesionales de Europa. Algo parecido a lo que sucedió con la huelga de béisbolistas en la NBL cuando muchos de sus hombres se vieron forzados a terminar jugando en ligas del Caribe o del Japón en vista de la prolongada huelga de 1994 .Aunque la mayoría de basquetbolistas confía en que la temporada finalmente se jugará, otros han preferido no arriesgarse y han desertado hacia el Viejo Continente. "Tengo que proteger a mi familia económicamente y si eso implica irme a Europa lo haré sin ningún problema", con estas palabras Michael Olawokandi, alero de los Angeles Clippers, resumió al diario The Miami Herald la preocupante situación.Los primeros en buscar las canchas europeas han sido los novatos y algunos jugadores cuyos salarios no alcanzan las astronómicas cifras de las grandes estrellas, así como los hombres que hace algunos meses fueron seleccionados para integrar los equipos profesionales. Olawokandi, considerado por los expertos como el próximo Hakeem Olajuwom, ya inició contactos con los directivos del Efes Pilsen de Turquía, equipo que está dispuesto a pagarle cinco millones de dólares por sus servicios. Pero así como hay varios que hasta ahora están empezando a estudiar ofertas de clubes griegos, italianos, lituanos y españoles, principalmente, ya hay 10 jugadores que están en Europa. Tal es el caso de Torraye Braggs de los Jazz de Utah, quien ya firmó un contrato con el Caja Cantabria de España; Vlade Divac de los Charlotte Hornets, quien está en el Kinder de Bolonia, Italia, y Dirk Nowinski, quien dejó a los Minesota Timberwolves para jugar con el DJK de Alemania. Lo grave de todo esto es que no pocos descartan que de prolongarse por mucho tiempo el anuncio del fin de la huelga el éxodo hacia las canchas europeas continuará aumentando y, posiblemente, termine llevándose a alguna de las grandes estrellas de la NBA. nLa huelga ha dejado 300 millones de dólares en pérdidas

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