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| 10/8/1984 12:00:00 AM

EN EL TECHO DE PAKISTAN

Culminó la mayor proeza del montañismo colombiano, por primera vez una expedición colocó la bandera de Colombia a 8 mil metros

Aquel 26 de junio fue un día muy especial. Sobre los picos imponentes del Himalaya Occidental, el cielo estaba claro y no soplaba el viento. A 7800 metros de altura, Manuel Barrios, Marcelo Arbeláez y José Fernando Machado se disponían a culminar la mayor aventura del montañisno colombiano: faltaban sólo 200 metros de altitud para superar la mágica cifra de los 8000 metros, que sólo la tienen el Everest y 13 picos más en la Tierra.
La idea de esta expedición al Himalaya había surgido en las nieves perpetuas del Aconcagua. Raymond Bodenman, un suizo que desde hace ya varios años vive en Colombia, acababa de coronar la cumbre más alta de América. En una noche en los Andes argentinos se le ocurrió intentar una expedición al Himalaya. Durante mucho tiempo maduró la idea, conformó un equipo y muchos meses después, en el campamento base de la expedición que él había organizado, seguia con sus binoculares el lento ascenso de uno de sus compañeros, Manuel Barrios. Tanto Bodenman que esperaba al pie del imponente pico como sus dos compañeros que no se sentían ya capaces de vencer el último tramo, eran testigos del resultado de un trabajo en equipo que durante largos meses había logrado convertir en un sólo superhombre al gerente de ventas de Nestlé, a un estudiante de geología, a un arquitecto y a un socorrista de la Cruz Roja.
UNA AVENTURA PARA LA HI8STORIA
Además de los colombianos, cinco europeos intentaron con ellos coronar el Broad Peak y otro grupo intentó la cumbre del K-2, el segundo pico más alto de la Tierra y tal vez el más difícil de escalar.
Durante 15 días esta enorme caravana cubrió varias jornadas primero en tractores y luego a pie para llegar al glaciar Godwin Austen, donde se instaló el campamento base. Esta ciudad ambulante sería su hogar durante unas 6 semanas, y desde allí los distintos grupos intentarían sus dos objetivos: el K-2 y el Broad Peak. Allí contaban con equipo médico muy completo, herramientas para reparar cualquier daño del equipo, alimentación y combustible; allí le dieron los últimos toques a los implementos y comenzaron a conocer la montaña. El primer paso fue ir hasta la base misma del Broad Peak, a una hora de camino de ida y dos de vuelta, donde fueron acumulando en cada viaje el material necesario.
El 11 de junio ya tenían montado el campamento número 1, que les serviría de refugio para pasar la primera noche, y para luego montar los otros dos campamentos, indispensables no sólo durante el ascenso sino también en las jornadas de regreso.
El 18 de junio estaba listo el campamento 2 y todo parecía indicar que al día siguiente se iniciaría el ataque final. Sinembargo llegó el mal tiempo y sólo el 21 de junio comenzó el asalto colombiano al Broad Peak.
Aunque los 4 querían llegar a la cumbre, desde el comienzo se determinó que Manuel Barrios y Marcelo Arbeláez serían los " líderes " mientras que Machado y Bodenman, que estaban en condiciones un poco inferiores, irían de coequiperos, cargando en sus morrales pesos mayores, más en función de apoyo que de llegar a la cima. El 22 de junio los cuatro estaban en el campamento 1, a 5 mil 750 metros de altura; similar al de Bolívar, el pico más alto de Colombia. Todo iba sobre ruedas y la estrategia adoptada funcionaba perfectamente. Pero aunque los montañistas hacen los planes, la que decide siempre es la montaña. El 23 de junio, mientras el grupo intentaba llegar al campamento 2, encontraron a 6 mil metros a uno de los integrantes del equipo europeo que se había accidentado. El equipo colombiano prestó a Bodenman para asegurar el retorno del alemán herido.
Los planes ya no se · estaban cumpliendo y a partir de ese momento, los tres intentarían la cumbre en igualdad de condiciones. Aquel día los colombianos pasaron la noche en el campamento 2, a 6300 metros, la altura del Chimborazo. Esa noche se tomó una decisión por radioteléfono.
Bodenman esperaría en el campamento base porque el tiempo apremiaba y esperarlo retrasaría mucho la expedición. Los tres colombianos se comunicarían tres veces al día con Bodenman, quien desde abajo seguiría con sus binoculares el final de la expedición.
El 24, en condiciones difíciles debido al peso extra de los morrales y a la nieve blanda, prosiguió el ascenso. Al día siguiente estaba listo el campamento 3, a 7.200 metros de altura. Se había logrado ya uno de los objetivos de la expedición: superar la barrera de los 7 mil.
EL ASALTO FINAL
En esas alturas se hace necesario derretir grandes cantidades de nieve.
Debido al frío, los montañistas deben consumir mucha agua para evitar un posible congelamiento de la sangre.
En condiciones muy incómodas, de inmovilidad casi que absoluta, pasaron aquel día derritiendo nieve y bebiendo agua. El 26 de junio se desperiaron a las 2 y media de la mañana, derritieron más nieve y a las 5 prosiguieron la marcha. Desde el principio Manuel Barrios se mostró muy fuerte y comenzó a tomarle ventaja a sus dos compañeros. Dar un paso a 7 mil metros de altura es una proeza. No dan ganas de nada. Incluso hablar es un esfuerzo tremendo. Se pierde la dimensión del tiempo y a las 12 del día parece que ya fuera a anochecer.
Aquel día la temperatura era sofocante, superior a los 30 grados. Cuando Machado y Arbeláez llegaron al collado, Barrios llevaba media hora esperándolos.
El collado es la antesala de la cumbre. Ubicado a 7.800 metros, muchas veces resulta imposible pasar de allí. Desde China soplan vientos muy fuertes y muchas expediciones han fracasado en intentos anteriores sólo porque el viento no deja pasar a nadie.
Pero aquel 26 de junio era un día de cumbre. El cielo estaba azul y no soplaba el viento. Eran las 12 y media. Arbeláez y Machado se sentían muy cansados, así que Barrios arrancó solo, con la bandera, mientras sus compañeros se decidían a seguirlo.
Poco después llegaron dos suizos, quienes esperaban el arranque de Machado y Arbeláez para seguirlos.
No parecían muy decididos. A las tres Arbeláez y Machado iniciaron el descenso al campamento 3, dejando a los suizos sumidos en un mar de dudas.
Sólo el orgullo los obligó a subir, ya que no podían aceptar que los "boy scouts" de Colombia lograran coronar y ellos, hijos de los Alpes, se quedaran clavados a media jornada de camino de la cima.
A las 2 y media Barrios llegó a la anticima, a 8016 metros de altura y a las 4 y 15 de aquella tarde una bandera de Colombia ondeó en uno de los picos más altos de la Tierra.
Tras haber colocado unas cuerdas fijas para facilitar el descenso nocturno de Barrios y de los suizos, Marcelo Arbeláez y José Fernando Machado llegaron al campamento 3. Machado tenia comienzos de edema y sólo a esa hora de la noche pudo descansar un poco y tomar algo de oxígeno. Marcelo Arbeláez recibía instrucciones por radioteléfono. El ambiente era muy tenso. Además de la enfermedad de Machado, era preocupante pensar en el regreso de Barrios. El inició el descenso a las 5 y media de la tarde y con toda seguridad tendría que pasar la noche al aire libre en el collado. En efecto, a las 9 de la noche llegaba Barrios al collado. A la una de la mañana la temperatura descendió a -28 grados. En esas condiciones, sin comida y sin poder dormir para evitar un congelamiento, Barrios pasó la noche más larga de su vida.
A las 5 de la mañana, Raymond Bodenman recibió una llamada. No sabía qué podía ocurrir, ya que esto significaba que Barrios estaba sano y salvo en el campamento 3 o que Machado tenía problemas. Era lo primero. Por fin los cuatro lograron disfrutar de verdad la victoria.
Los colombianos iniciaron el regreso a su patria, a sus oficinas, donde les esperaba acumulada la rutina que habían abandonado durante los dos meses más emocionantes de sus vidas. -
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