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| 11/9/1998 12:00:00 AM

EN LA OLLA

El fútbol colombiano atraviesa por la peor crisis de su historia y su futuro es bastante incierto.

El martes de la semana pasada los jugadores del Independiente Medellín se rebelaron. Decidieron colgar los guayos y no ir a entrenar. Prefirieron dirigirse a las oficinas del club y pedir una reunión urgente con los directivos. El motivohera uno solo: exigir la cancelación de las cuatro quincenas que les adeudan. Después de varias horas de diálogo los futbolistas regresaron al entrenamiento vespertino. Ese día nadie se enteró concretamente de cuál fue el acuerdo al que llegaron las dos partes. Lo cierto del caso es que el gerente deportivo de la institución explicó a los medios que sencillamente atravesaban un momento de iliquidez.
Esa tarde, en la sede del Unicosta en Barranquilla, una situación semejante estalló. Los motivos de inconformidad de los futbolistas eran los mismos de sus colegas paisas. En Bogotá, 24 horas más tarde, en las toldas de Santa Fe se desató una pequeña conmoción y en los corrillos futbolísticos el rumor de una nueva crisis en el conjunto capitalino comenzó a crecer como una bola de nieve. La causa de las vicisitudes cardenales no era nueva: problemas salariales. Aunque su presidente, Hugo Prieto, afirmó a algunos medios que no se refería al asunto por tratarse de un "tema administrativo", la realidad es que varios jugadores de la institución confirmaron a SEMANA que el motivo de las inquietudes santafereñas tenía que ver con atrasos en sus sueldos.
La semana pasada fueron tres equipos. Pero la realidad es que situaciones como estas se han convertido en los últimos tiempos en algo cotidiano en la mayoría de los clubes profesionales del país. Cada vez es más frecuente ver a los dirigentes capotear vendavales y a los futbolistas quejarse por los continuos retrasos en el pago. No todos los equipos corren igual suerte. Pero prácticamente ninguno de los 16 clubes de primera división escapa a "el momento más difícil del fútbol colombiano en sus 50 años de vida", como lo calificó el presidente de la Dimayor, Jorge Correa. Los sucesos de los días pasados no son más que la corroboración del oscuro panorama que empezó a revelar una investigación de la Superintendencia de Sociedades, divulgada a mediados de septiembre.
El informe afirma que el año pasado 15 equipos de primera división tuvieron pérdidas por 10.666 millones de pesos, casi 6.000 millones de pesos más que las pérdidas registradas en 1996. También concluye que la situación es tan complicada que de estar sometidos a un régimen de vigilancia de la Supersociedades ocho equipos estarían en concordato y uno en proceso de liquidación. El análisis de los estados financieros arrojó cifras negativas en 12 de los clubes y aclaró que las situaciones menos alarmantes son las de América, Cali y Nacional.
Si bien es cierto que el documento revela la crítica situación de los dos últimos años y deja en evidencia que el fútbol está quebrado, la realidad es que la crisis comenzó hace casi una década.
"Desde que se destapó a finales de los 80 la relación del narcotráfico con algunos clubes, el fútbol entró en crisis. En esa época la gente iba a los estadios porque varios equipos tenían una nóminas impresionantes, el espectáculo era bueno y había grandes figuras. Pero cuando todo eso terminó el fútbol entró en un foso del que no ha podido y tal vez no pueda salir", dijo a SEMANA el ex presidente de un club capitalino.
Aunque muchos lo aceptan en privado y pocos lo reconocen en público, después del auge futbolístico desatado por los 'dineros calientes' el espectáculo se vino a pique. Las estrellas extranjeras se fueron y con ellas gran parte de la afición y la calidad del juego. En esta década difícilmente los clubes han podido contratar figuras de gran valía por las millonarias inversiones que esto demanda. El nivel de juego decayó lentamente y los aficionados aún luchan por acostumbrarse a los jugadores colombianos, quienes entraron como reemplazo de los cracks extranjeros. Las consecuencias no se hicieron esperar y basta ver el progresivo descenso en asistencia e ingresos a lo largo de esta década para darse cuenta de los preocupantes síntomas de la crisis. A pesar de que Colombia tiene una de las boleterías más baratas del planeta (ver gráfico), la deserción de espectadores no ha hecho sino crecer.
"No hablo del caso del Once porque ahora atravesamos una situación sui generis, pero es un hecho que la base del espectáculo no ha sido la mejor y eso aleja a la gente... Además antes había personas y entidades que apoyaban y hoy ya no están. Los costos se han mantenido y las ingresos han bajado, y por eso estamos donde estamos", dijo a SEMANA Jairo Quintero, presidente del Once Caldas.
"Nos toca vender los jugadores buenos y nos quedamos con las sobras, por eso el fútbol es malo", afirmó a SEMANA José Herrera, presidente del Unicosta. "La dirigencia nuestra no es preparada. La Dimayor debe buscar dirigentes ágiles y apartarse del manejo politiquero. En el fútbol hay un clientelismo similar al del congreso y se manejan cuotas de poder que favorecen a los grandes equipos. El cacicazgo en el fútbol también ha ayudado en esta crisis", concluyó Herrera.
Si bien las secuelas del narcotráfico son las responsables en buena parte de la actual situación del fútbol, no es el único factor que ha influido y ni siquiera la exportación de jugadores puede servir de pretexto para tapar el sol con las manos. Detrás de esta crisis se esconden una serie de tradicionales pecados que son los que hoy tienen al balompié criollo en el limbo (ver recuadro).
Lo peor, tal vez, está por venir. La mayoría de los presidentes de clubes entrevistados por SEMANA, así como algunos futbolistas y entrenadores, coinciden en que el panorama no es muy alentador. "Esta situación va a producir que los jugadores y técnicos tengan que ajustarse a los presupuestos de ingresos de los clubes", afirma Correa. En otras palabras esto quiere decir que para intentar sostener la situación tendrá que haber un reajuste en los salarios de futbolistas y entrenadores. Algo que varios clubes ya están considerando.
Para los dirigentes la mayor opción para salir de la olla consiste en que el Estado le tienda una mano al fútbol por medio de incentivos, reducción de impuestos o créditos blandos, entre otros. Pero en una época de ajuste fiscal y apretón, es poco viable que algo así suceda en el corto plazo. No deja de ser irónico que algunos de los clubes que hoy reclaman la ayuda del Estado sean, precisamente, los que hace diez años no aceptaban intervención alguna.
Pero lo peor de todo es que mientras los estadios se siguen vaciando todavía hay quienes se atreven a decir que después de tres mundiales seguidos, Colombia se encuentra en su segundo dorado futbolístico.
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