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| 10/30/1995 12:00:00 AM

FUTBOL AL BANQUILLO

El sindicato de Diego Maradona revive la polémica en el mundo sobre los precarios derechos laborales de los futbolistas profesionales.

LO QUE DIEGO ARMANDO MARADOna hizo hace dos semanas al crear la Asociación Internacional de Futbolistas no fue solamente un acto de rebeldía de un hombre considerado como una de las ovejas negras del balompié mundial.
Lo que él realmente hizo esa tarde del 18 de septiembre en París fue lanzar un sentido grito de libertad y justicia por los jugadores del mundo. Para muchos, unos esclavos con grilletes de oro.
Maradona pide que la Federación Internacional de Fútbol Asociado -Fifa- trate de una forma digna a los jugadores de fútbol, pero sobre todo que sean los mismos futbolistas quienes tengan derecho a decidir sus propios destinos. Esto, que aparentemente no tiene mucho sentido, toma un gran significado si se tiene en cuenta que a lo largo de la historia del balompié profesional en el mundo la Federación no sólo se ha limitado a organizar los espectáculos futbolísticos, sino que prácticamente decide sobre la vida de quienes son el comienzo y final del fútbol: los jugadores.
Lo valioso de la declaración del ex capitán de la selección Argentina es que tradicionalmente quienes piden justicia han sido jugadores 'normales' y no una superestrella respaldada por importantes figuras como Eric Cantona, Gianluca Vialli, el brasileño Rai. La declaración de Maradona se suma a otro hecho que puso en evidencia la desventajosa situación laboral de los futbolistas en relación con cualquier otra profesión: la demanda del belga Jean Marc Bosman a su equipo, el Anderlecht, ante la Corte Europea de Justicia. Bosman, quien nunca fue uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo, denunció a su equipo por considerar que había sido violado su derecho a la libre circulación como empleado dentro de la Unión Europea. El belga, de 30 años de edad lleva sentado en la banca de su club cerca de nueve meses. Los directivos de la institución decidieron reducir su sueldo con el argumento de que no era un jugador activo. Bosman, frente a esta situación, decidió buscar un club nuevo y fue así como logró que un equipo francés se interesara en sus servicios. Ante la eventual salida de Bosman del Anderlecht, los directivos del club decidieron impedir el traspaso al no otorgarle el permiso para continuar la negociacion. En otros términos, ni le pagaron lo justo por quedarse con el club, ni le permitieron que buscara otro.
La importancia del caso de este jugador reside en que, según los abogados de la Corte Europea, algunas normas del Anderlecht, que son las que dicta la Unión Europea de Fútbol Asociado -Uefa- para todas las federaciones y organizaciones futbolísticas de Europa, y que a su vez son las ordenadas por la Fifa, tendrían que ser modificadas a partir del próximo año, y por consiguiente por todos sus afiliados en Europa, si Bosman resulta ganador ante los tribunales.

LOS DUEÑOS DEL FUTBOL
La demanda demuestra lo denigrante y absurdo del sistema de pases y transferencias que la Fifa obliga a cumplir a más de 150 países afiliados a ella en el mundo. Haciendo una comparación, sería como si los médicos o los arquitectos que desearan dejar su trabajo por otro que les ofrece mejor sueldo y garantías tuvieran que pedirle autorización a su patrón para poder retirarse de la empresa.
Este tipo de situaciones son las que la Asociación de Maradona desea corregir. Y es que sólo un sindicato de jugadores lo suficientemente fuerte puede hacer que los futbolistas sean tratados como cualquier otro profesional, ya que debido al inmenso poder que tiene la Federación a nivel mundial impide que hasta los países puedan hacer algo. "Las reglas del fútbol son iguales en todo el mundo, y quienes intentan cambiarlas deben sufrir sus consecuencias", afirma Miguel de Luque, secretario general de la Dimayor. Esas consecuencias a las que sé refiere De Luque se traducen en la expulsión de la Fifa del país que llegue a desafiarla, lo que prácticamente significaría quedarse tan sólo con su torneo local y decirle adiós a los mundiales, las copas americanas y demás.
Pero, para muchos, un sindicato fuerte de futbolistas podría llegar a hacer algo parecido a lo que hicieron los beisbolistas de la NBL en Estados Unidos, en donde los jugadores determinan las reglas del juego de común acuerdo con los dirigentes, y no como ocurre en el fútbol, en donde hasta ahora sólo los jefes de la Fifa son quienes toman todas los decisiones.

POR ENCIMA DE LA LEY
Lo preocupante del asunto no es sólo el hecho de que los jugadores sean tratados, en la mayoría de los casos, como esclavos del siglo pasado, sino que además las reglas que impone el máximo organismo internacional del balompié obligue a que las entidades que controlan el fútbol profesional en cada país lleguen inclusive al extremo de violar algunos artículos de la Constitución nacional para cumplir con sus reglas y no ser descalificados de la Federación.
Colombia es un claro ejemplo. El magistrado Eduardo Cifuentes Muñoz, a raíz de una tutela impuesta el 4 de noviembre de 1994 por un jugador para resolver un problema similar al de Bosman, realizó un pequeño análisis en el que se puede ver cómo algunos de los derechos fundamentales de los jugadores son obviados por los clubes profesionales de fútbol del país.
Afirma Cifuentes en la ponencia que en Colombia la libertad de trabajo -Art. 25- se ve afectada cuando los clubes deportivos se niegan a permitir el traspaso de un jugador de su plantel hacia otro que le ofrezca mayores oportunidades. De igual forma, dice que la libertad de escoger profesión u oficio -Art. 26- es propensa a violaciones porque la dependencia económica del jugador respecto al club, que es dueño de sus derechos deportivos, impide que el futbolista pueda escoger y practicar libremente una profesión.
Los pronunciamientos por parte del Estado sobre este tema han llegado a sugerir que el régimen que rige a los futbolistas vulnera inclusive el artículo 17, que es el que hace referencia a la prohibición de la esclavitud. Para afirmar esto el magistrado Alvaro Pérez Vives dijo en una sentencia del Consejo de Estado en 1976 que las normas que condicionan el cambio de un futbolista de un club deportivo a otro sin la autorización del club de origen "equivale a establecer una verdadera carta de esclavitud contraria a la dignidad y a la libertad humana".
A pesar de que con la ley 100 el gobierno trató de dar un aparente marco de legalidad al establecer límites a normas como los derechos deportivos de los jugadores o el sistema de transferencia entre clubes, la verdad es que eso, como dijo a SEMANA un jugador profesional que milita actualmente en el torneo colombiano y que pidió no ser identificado, "es pura letra muerta que no tiene aplicabilidad en la realidad, porque de tenerla tendrían necesariamente que cambiar los reglamentos de la Dimayor, que son los mismos de la Fifa, y esto sería tanto como pelear con Joao Havelange".
La suerte de los futbolistas está echada. Es claro que si el Estado colombiano, representado en la Dimayor, empieza a modificar el reglamento, se metería en problemas con la Fifa. La mayoría de los jugadores parece querer evitar problemas con sus jefes y prefiere no hablar del tema. Pero otros, como Diego Maradona y Eric Cantona, que hoy por hoy no tienen nada que perder, están dispuestos a dar la batalla hasta el día de su muerte. Quizás el ejemplo del que llegó a ser el mejor jugador del mundo despierte la conciencia de aquellos que parecen no conocer el dicho de "no hay peor esclavo que el que, conociendo que lo es, no hace nada por cambiar".
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