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| 8/9/1982 12:00:00 AM

GANAR EN MADRID

La Copa ganada por Italia, tuvo un fantasma: violencia dentro y fuera de las canchas.

El más viejo de los jugadores italianos. Dino Zoff, aún no había nacido cuando su país ganó por última vez una copa mundial, en París, en 1938. Y su técnico, Enzo Bearzot, era aún demasiado joven para haber jugado. Entonces, los italianos celebraban ser los primeros en conquistar dos veces consecutivas una Copa: Roma los había visto triunfar en 1938. Y hubo que esperar hasta 1962, en Chile, para que Brasil repitiera tal hazaña.
"Ha hecho mucho más de lo que él mismo esperaba": dijeron los comentaristas acerca de Bearzot, aun antes de que "su" selección alcanzara la difícil cima del tricampeonato.
Bearzot, de 55 años, además de antiguo jugador de fútbol, es un excelente pianista. Ama el jazz, tanto como el deporte, y algunos dicen que fue de la música de donde sacó el sentido para guiar el equipo italiano, al que está vinculado desde hace trece años y dirige desde hace siete.
Pero no es él lo único raro dentro del equipo italiano. Dino Zoff, su portero, está a punto de pasar a la historia al lado de Yashin, la "Araña negra". Tiene 42 años, juega corrientemente con el Juventus, y no piensa retirarse. Ningún jugador en todos los mundiales había llegado a coronarse campeón a tan "avanzada" edad.
Paolo Rossi, el famoso "bambino" que ya no lo es tanto, pues tiene 26 años, es la otra excepción. Soportó el peso de un escándalo por soborno dentro del fútbol italiano, y cumplió una sanción de dos años fuera de las canchas, tiempo que habría acabado con cualquier otro jugador. Pero Rossi empezó a jugar a la mitad del Mundial; marcó todos los goles contra Argentina, Brasil y Polonia, y ahora ha conducido a su equipo al tricampeonato, colocandolo a la altura del Brasil. Italia había ganado dos torneos ya, bajo el imperio del fascismo, en 1934 y 1948. Ahora, ha colocado el fútbol latino por encima del alemán, del europeo-oriental, a pesar de los quinientos mil jugadores afiliados a las ligas alemanas, y a los casi cuarenta mil equipos que compiten en la República Federal.
Italia tuvo una defensa férrea, que anuló, por ejemplo, a Maradona, a base de faltas, que no permitió casi anotaciones en su contra, y una delantera que jugó al contra-ataque durante todo el campeonato, marcando goles cada vez que avanzaba. Por eso es ahora campeón mundial.
Pero el domingo pasado se enfrentaba a un equipo parecido, que empató y perdió algunos partidos, manejó otros resultados, y llegó a la final más por suerte y experiencia, que por calidad: Alemania.
Sangre latina
Francia protagonizó el partido más emotivo de los doce mundiales celebrados hasta ahora. Y perdió. Dos días más tarde, disputando el tercer puesto, volvió a perder. Pero lo hizo exhibiendo el mejor fútbol, el mayor pundonor, la mejor caballerosidad del torneo. Lo que le faltó en técnica o experiencia, lo suplió con habilidad. Lejos estaba el mundial de 1958, cuando también fue semifinalista, y también perdió la oportunidad de llegar al último partido, pero derrotó a Alemania 6-3, y ganó el tercer lugar, con cuatro goles del legendario Fontaine.
Ahora le correspondía repetir la hazaña. Ya no estaba Fontaine, pero sí Platini. Y empataron. Dos goles en el primer tiempo y ninguno en el segundo, dieron un resultado de 1-1.
Pero los empates no se aceptan en esta parte de un torneo. Se jugaron 30 minutos más, como en la semifinal de Italia contra Alemania en 1970. El empate 3 a 3 persistió y, por primera vez en la historia, se recurrió a la definición por penas máximas.
La primera serie de cinco tiros quedó empatada. De allí en adelante perdería el partido el equipo que fallara su tiro por primera vez. Hubo dos disparos más. Y el defensa francés Bossis cayó al suelo, desesperado, luego de que el gigante Harald Schumacher detuviera su disparo. Ahí murio Francia.
El partido por los puestos tercero y cuarto, entre Polonia y Francia, también fue frustrado para cualquier fanático que llevara algo de sangre latina entre las venas. Polonia venía de ser derrotada inapelablemente por Italia, y también inapelablemente le anotó tres goles al arquero suplente francés, Castañeda, que debió jugar ante lesión de Ettori, en el partido contra Alemania. Los franceses, al igual que en el juego anterior, produjeron las mejores jugadas, los ataques más constantes, los tiros más peligrosos, pero sólo pudieron anotar dos goles y mantuvieron una efímera ventaja en el primer tiempo. Bien cerca estuvieron de empatar e irse otra vez --a treinta agotadores minutos más. Pero el reloj fue más rápido que los delanteros franceses --entre los que tampoco estaba Platini-- y el partido terminó 3-2.
Los polacos, con sus dos estrellas, Lato y Boniek, bien hubieran podido llegar a la final. Pero ellos --y sus seguidores-- debieron contentarse con un tercer puesto igual al del mundial de 1974.
Aunque algunos de sus hinchas no habrían de regresar. Entre el alud de noticias futboleras que transitó por los cables internacionales, algo pasó inadvertido: la petición de asilo político, por parte de 25 turistas polacos, que viajaron desde su país con licencias especiales, sólo para acompañar a Lato. Szarmach y Boniek. Y de acuerdo a estimativos hechos por algunos observadores políticos, sólo 100 de los 600 polacos esperados en España llegaron a su destino. Los demás desertaron en la ruta. Entre tanto, los exiliados polacos que se hicieron presentes en los estadios,convirtieron cada partido en un mitin político contra el gobierno de Varsovia. Sus gritos y sus pancartas, obviamente, no pasaron por la televisión. Pero los centenares y centenares de periodistas de todo el mundo que asistieron al partido Unión Soviética-Polonia, los escucharon, y los difundieron al mundo.
La Copa tuvo ribetes extraordinarios. Y extraordinarias sorpresas. Camerún y Argelia, estuvieron a punto de eliminar a Italia y Alemania, en la primera ronda. Estos últimos llegaron a la segunda vuelta con una colección de empates y derrotas. de juego violento y lentitud. Al puntó de que, al final del partido Alemania-Austria, las tribunas coreaban "Ar-ge-lia, Ar-ge-lia", y un aficionado alemán, el policía Alexander Klumper, de Oldenburg, instauró un denuncio en la Corte local, contra el equipo germano, porque, en su concepto, había insultado y herido a la República Federal.
Tarjeta roja al público
El mundial también provocó contrastes. Havelange se desplaza en limosinas escoltadas, usa un avión personal --por cuenta de la Fifa-- y tiene un gigantesco equipo de secretarias, traductores y oficinas en América y Europa. Entre tanto, las once pequeñas ciudades europeas que soportaron cada una tres partidos en la primera ronda, vieron cómo, tras las tribunas vacías, se iban miles de pesetas invertidas en reformar estadios, que sólo servirían durante dos semanas. Vieron también vitrinas y almacenes destrozados por hinchas.
La violencia fue la otra nota del mundial. Por lo menos cien aficionados ingleses, de aquellos que forman batallas campales durante la realización del torneo inglés, fueron puestos en la frontera, con prohibición expresa de regresar a España mientras durase el campeonato.
El problema se sufrió principalmente en Bilbao, sede de los partidos del equipo de Inglaterra. Después de los primeros destrozos, causados por parte de los veinte mil hinchas ingleses que llegaron, fue necesario sacar a las calles centenares de policías acompañados por perros. Y las salas de emergencia de los hospitales se vieron copadas.
La violencia continuó durante la segunda ronda, en Madrid. Grupos de hinchas españoles, aparentemente furiosos por las derrotas de Argentina en el campeonato y en las Malvinas, enfrentaron a los británicos. Un carro lleno de ingleses que dormían, fue atacado en la madrugada, por algunos españoles. Uno de ellos perdió un ojo en la pelea, y debió ser internado en un hospital, junto con un inglés que sufrió serias heridas en la cabeza.
A la tarde siguiente, otra banda de españoles atacó a los hinchas extranjeros que salían del encuentro Alemania-Inglaterra. Los hospitales madrileños, reportaron decenas de casos de contusiones. Pero el caso más grave, fue el de un joven británico que recibió varias heridas en el pecho. Tardó una semana en recuperarse, pero debió ser operado.
El equipo italiano luego de sus primeras malas apariciones, convirtió su defensa en un mar de faltas, y su delantera en una máquina de golear.
Ganó a Argentina, ganó a Brasil, ganó a Polonia.
Pero fueron aún más curiosas --y terribles-- las reacciones. oecenas de hinchas brasileros murieron de infarto, mientras seguían el partido por televisión. Y diez de ellos se suicidaron --uno de ellos inmediatamente después del partido contra Italia, y como producto de una apuesta.

"Café y cocaína"
En Camerún, el gobierno iniciará una investigación disciplinaria contra los brujos que fueron al mundial como asesores técnicos del equipo, con viáticos y pasajes pagados por el Estado.
Y en el Perú, el asunto de la selección nacional, será objeto de un serio debate en el Parlamento, luego de que algunos senadores, elevaron serias protestas por el pobre desempeño de su conjunto en España-82.
La mayor víctima del mundial, fue Mundiespaña, su ente organizador. Un error garrafal, vender las boletas por paquetes de varios partidos, llevó a los aficionados a sentarse frente al televisor, en lugar de ir a los estadios. Existe un cálculo de 20 mil sillas vacías por partido, en promedio, por debajo de lo que se esperaba, Este mundial, tan promocionado, parece generar más pérdidas que ganancias, porque falta entregar un porcentaje de las entradas a todos y cada uno de los jugadores participantes, otro porcentaje mayoritario a la Fifa, y el resto, repartirlo dentro de España. Que no será mucho.
Próxima parada: Colombia 86 dice el enviado especial de "Time", John Nielsen. Este mismo periodista comenta, al final de uno de sus informes especiales: "¿Podrá Colombia, este diminuto país de café y cocaína, contener un evento de esta magnitud? Algo se rumora en los salones donde se maneja el fútbol y la política. Según un reporte no confirmado, el conocido hincha del fútbol Henry Kissinger, habría dicho que tratará de hacer el próximo Mundial en los Estados Unidos"
Ambas cosas --faltó al comentario de Nielsen-- están por verse.--
C. M. V. Y así fue el triunfo...
Noveno minuto del segundo tiempo. El alemán Stielike traba a Oriali. falta a cuarenta metros del arco de Alemania. Los alemanes discuten, pero antes de que se den cuenta, Gentile ya ha cobrado la falta. Toque largo, hacia la punta derecha. Entra Conti, toma la pelota y desconcierta a la sorprendida defensa alemana. Pase al centro, adelante del punto de pénal. El arquero Schumacher sale, pero es tarde; entran, arremetiendo, Rossi y Altobelli Yes Rossi quien, agachándose y embistiendo, empuja la pelota con la cabeza. Uno a cero. Es entonces cuando el partido empieza.
Durante los 53 minutos anteriores, el fútbol que se vio tenía poca calidad, para tratarse de una final de Copa Mundo.
Ninguno de los dos equipos se arriesga. Nadie tira de larga distancia. Tratan de llevar la pelota hasta muy cerca del área, con pases cortos, para hacer goles seguros. Pero las defensas son fuertes persiguen físicamente a las estrellas de los dos equipos, en lugar de marcarlos "en zona", les respiran en la nuca, los codean, los amarran. Termina el primer tiempo.
Los comentaristas están desilusionados. Lejos se encuentran las emocionantes finales de otros torneos. El partido recuerda aquel Inglaterra-Alemania de 1966, plagado de faltas. Y el gol de Rossi lo cambia todo.
El calmado técnico alemán, se preocupa por primera vez. Su delantero Dremmler está anulado totalmente por el joven defensa Bergomi. Además, tiene una tarjeta amarilla encima. Lo sustituye por el pequeño y efectivo Hansi Muller. Rummenigge no ha rendido ni el diez por ciento de lo que puede, debido a una lesión muscular que lo aqueja desde el principio del campeonato. Lo reemplaza por el gigante Hrubesch, un gran cabeceador que no está en la cancha porque ha tenido diferencias personales con Derwall. Alemania se vuelca sobre el arco del viejo Zoff. Pero Italia no se disminuye, ni se encierra atrás. Continúa atacando, pero con calma, con orden y con belleza. Se le empieza a ver un fútbol nuevo, escondido tras las faltas. Esto se prueba en el segundo gol, al minuto 24 del segundo tiempo, tres jugadores italianos tocan la pelota dentro del área alemana, sin dejarse golpear ni alcanzar. Taquito, pase al centro para Tardelli. El mediocampista italiano, sin parar la pelota, le pega con la pierna izquierda. Gol.
Faltando nueve minutos para terminar el partido, llega el 3-0. Contragolpe italiano, Conti recorre toda la cancha, por la derecha, con tres defensas alemanes pisándoles los talones. Pero no lo alcanzan. Pase desde el fondo hacia Altobelli, delantero italiano que reemplazó a Graziani, por lesión, en el primer tiempo. Antes de que le llegue la pelota, el arquero Schumacher sale, como una tromba, a "barrer" con el flaco jugador.
Pero Altobelli toca la pelota suavemente, a su izquierda, y elude al alemán. Luego, sin mucha prisa, patea al gol. Y ya no cabe duda. Italia es tricampeón.
Tres minutos más tarde, el batallador Breitner, mediocampista de treinta años, toma un rebote, en diagonal, muy lejos del arco de Zoff; y, sin pararla, envía la pelota al gol.
En los últimos cinco minutos, los alemanes buscan que se les pite un pénalti. Se descomponen, pierden la calma. Pero no hay nada que hacer. El arbitro brasileño Coelho toma el balón con las manos antes de pitar según el reglamento, los jugadores no lo pueden coger, y los campeones querrían llevárselo como recuerdo), y los italianos estallan. El anciano presidente Pertini, al lado del rey Juan Carlos y del alemán Helmuth Schmidt, se levanta y alza sus brazos. Zoff, el viejo Zoff, vive el momento más grande de su vida, a los cuarenta años, alza la Copa --horroroso objeto de oro que representa un mundo saliendo de los brazos de dos mujeres-- , como capitán del equipo campeón. Italia tiene el mejor arquero, la defensa más fuerte, el delantero más efectivo; ganó a Polonia, ganó a Alemania; no perdió uno solo de los siete partidos que disputó, y marcó doce goles, contra seis en contra.*
Salve, poetas deportivos
Nadie ha cantado suficientes loas a esos poetas de fina inspiración y elevada musa que son los comentaristas de fútbol que alegraron el Mundial. No hay metáfora, ni tropo, ni aliteración que no manejen, y lejos de contentarse con la simple prosa, demostraron ser los ángeles del endecasílabo. Hoy, terminado el mundial, cómo no rendir un sencillo homenaje a esos vates del deporte, cuyas voces han sido las más devotas y ansiosamente oldas por los colombianos durante el mes!
Gracias a ellos, la pelota rara vez recibió este vil nombre. ella fue en cambio "el esféricó: "la reina", "la número cinco,,, "la pecosa", Jamás hubo arquero, más si "cancerbero" "guardavallas", "cuidapalos". Zicó y Kiss no metieron goles simplemente, sino que "inflaron la red", "hicieron temblar la cabaña enemiga", o "encajaron la pelota en la esquina de las telarañas". Y cuando los ídolos fallaron en sus "disparos", fue porque "el palo se negó" porque "la pelota dijo no" o "quisó pasar lamiendo el vertical".
A veces los lelos televidentes y radioescuchas dudaron si lo que veían era simple deporte o si había pasado a ser arte puro, porque las voces de los guias les juraban que estaban presenciando "un ballet", o que aquello era un concierto de goles. Otras veces creían ser testigos de una escena erótica, cuando "se penetraba en el área de candela", alquna vez que un par de jugadores "se trenzaron en una esquina como enamorados" o cuando pasaba alguno "acariciando el balón", o cuando estallaba "una orgía de goles". El gran Arzú, que hizo llorar a todos, ganó el nombre de "Hombre-Araña" el destronado Maradona fue "Maladólar" y Rossi, cual figura de las páginas amarillas, se consagró como "el verdugo del Brasil". Mal podrían ser de carne y hueso las extremidades inferiores --que no piernas-- de estos "dioses del balón", sino que son en cambio de "dinamita pura", o de "oro macizo" que quiere decir que les permiten volar, y no que les pesan como plomo, como podríamos pensar los vulgares humanos.
Debido a nuestros retóricos de la pantalla, no hacen falta los ojos para presenciar los partidos, ya que "se masca el gol" y "hay olfato de empate". En materia de percepción sensorial, se entronizó en la historia la ya clásica frase del Patico Ríos antes de empezar un partido. "...acabámos de escuchar un minuto de silencio...".
Y no sólo en español se lucieron los rimadores, sino que parecían gozar del don de lenguas por la soltura con que despachaban esos nombres impronunciables, llenos de consonantes que predominaron en el mundial, los Krmpotic, Mirnegg, Mahyouz Wojccicki, Aoudou y los Welzl.
La competencia más desleal para los bardos del micrófono fue la de la propaganda comercial, que indefectiblemente interrumpía el audio en el momento de cobro de una "pena máxima" sembrando la confusión entre los de la hinchada, que nunca comprendía por qué no se distinguió con algún premio a "los goleadores de la Caja Agraria" que metieron cerca de 457 goles durante el certamen, y que más de una vez brincó de falso júbilo al grito de un ¡Goool! que resultaba ser el del Cafeterito...
Perea, monumental como siempre, sacudió la radio en el encuentro Brasil-Italia, con una arenga de corte poco menos que gaitanista, que le hubiera servido no sólo para narrar un partido de fútbol, sino para enardecer a los pueblos."¡Y se desespera América!" "...los suramericanos estallan en júbilo", "confianza, América, que tu equipo está vivo!".
No fue formal, sino dialéctica, la lógica que los inspiró, en momentos claves como el encuentro Francia-Inglaterra, cuando llegaron a decir "...por la manera como está jugando el equipo inglés, en cualquier momento puede meter gol, pero también puede ser gol de Francia...". Y había que aplicar la inteligencia al escuchar radio durante el enfrentamiento del "onceno" del Brasil contra el de Argentina, para distinguir entre los "auriverdes" y los "albicelestes".
Los finales de los partidos se hicieron inquietantes por los diagnósticos de medicina clínica de nuestros retóricos. "entramos en la agonía del partidó" o a los que van en desventaja "les quedan 20 minutos de vida".
Terminado el Mundial queda el vacio, Se ha silenciado la poesía y se han quebrado las metáforas. Paciencia, fanáticos, que son sólo cuatro años de espera. En el Mundial del 86, los poetas deportivos volverán gloriosos a cantar cuando "graviten situaciones emergentes".
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