Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/05/28 14:43

Chaves, un valiente subcampeón

Vincenzo Nibali se apoderó del liderato del Giro de Italia en la penúltima etapa de la competencia, reemplazando al colombiano, quien hizo una defensa valiente.

Esteban Chaves no pudo hacerle frente a una gran escapada del italiano Vincenzo Nibali. Foto: EFE

Los Alpes marítimos, sobre la Costa Azul, atardecieron despejados. Un sol compasivo acompañó a los 157 sobrevivientes del Giro a través de las campiñas francesas cercanas a Niza y al Loira.

Mikel Nieve, el ciclista vasco del Sky, saltó del grupo cerca de Col de Vars, tomando una ligera ventaja que le permitió coronar la cumbre.

Ese conato de fuga agitó a los adormecidos ciclistas y fue Alexander Foliforov, ruso del Gazprom, el responsable de la siguiente emoción de la carrera. El ganador de la crono en Chianti se marchó en el descenso y tras él partieron Joe Dombrowski (Cannondale), Tanel Kangert (Astana) y Damiano Cunego (Nippo Vini Fantini).

Daba la impresión de que el Astana de Nibali había aprovechado el revuelo para lanzar a Kangert como primer puente de cara a las cuestas finales: la Lombarda y Santa Ana.

En todo caso, rumbo a Col de la Bonette, la fuga se hizo más grande, pues a ella se integraron Mikel Nieve (Team Sky), Stefan Denifl (IAM), Giovanni Visconti (Movistar), Darwin Atapuma (BMC), Gianluca Brambilla (Etixx-QuickStep), Rein Taaramae (Katusha) y Aleksey Rybalkin (Gazprom).

Las calles angostas a través de esos pequeños pueblos en Les Gleisolles, Saint Paul sur Ubaye y Chatelard vieron pasar a los aventureros sobre sus bellos velocípedos. A veces pasaban estirados como una serpiente acuática y en ocasiones se separaban y volvían a unirse como las piezas sueltas de un imán. Sin embargo, la diferencia con el lote crecía continuamente.

En el lote principal, los integrantes del Movistar discutían con sus colegas del Astana. En la noche anterior, los del equipo español habían insinuado una supuesta ayuda de las motos a Vincenzo Nibali en el descenso de Colle dell Agnello, que había impedido la conexión de la ‘Bala’ Valverde. Y es que el suave ritmo del gran grupo permitía de todo: revisar el periódico, ir por comida y líquido, las charlas entre los ciclistas y las visitas a los carros médicos.

Tan sólo la fuga le daba emoción a la fracción, a la altura de Jausiers y Lans. Tanta calma, sin embargo, presagiaba una dura batalla en esas montañas salpicadas de nieve que en la antigüedad fueron escenario de las famosas Guerras Italianas.

Diego Ulissi (Lampre), como todos los días, mostraba su bicicleta al frente. El italiano salió en persecución de los punteros en pos de una nueva victoria de etapa, y los alcanzó antes del Col de la Bonette, donde Mikel Nieve cruzó primero, llegando a 110 puntos en la clasificación de los escaladores.

En el descenso de aquel puerto, el murciano Valverde dejaba ver sus dientes, pero Esteban Chaves no se dejaba amedrentar y restauraba el orden en el “paquete principal”. Scarponi también metía espuela, aupado por el resucitado Nibali, pero tampoco ésta intentona resquebrajaba la disciplina impuesta por el Orica GreenEdge.

La Bonette quedaba atrás y el sol, entonces, se volvía implacable. Se respiraba tensión y, por las órdenes de los directores de equipo, se podía entrever lo que venía: la batalla final.

Kangert desaceleraba en la punta. Rein Taaramae, del Katusha, se iba por la victoria. Atapuma lo perseguía con Dombrowski. Giovanni Visconti, del Movistar, también se plantaba.

Scarponi tomaba las riendas del lote líder, con Nibali a su rueda, escoltado por Zeits. Valverde asomaba su manubrio y Majka se paraba en los pedales. Chaves se protegía siguiendo la rueda del ‘Escualo’, y tan sólo Plaza lo acompañaba en su defensa. Pero ahí estaba Urán, expectante para apoyar a su compatriota. La tormenta estaba por desatarse.

Los fugados se disgregaban en cercanías de Isola, mientras que los favoritos atravesaban los caseríos de Saint Dalmas le Selvage y Saint Etienne de Tinée. Como las águilas reales que viven las cimas alpinas, los ciclistas clavaban sus garras en el deslumbrante cañón del Po, en busca de Italia.

El descenso culminaba y los Astana se formaban en hilera, como un pelotón a punto de tomar un fuerte enemigo. Nibali, disfrazado de Giusseppe Garibaldi, aquel héroe del Piamonte que libró guerras tanto en América como en Europa, se paraba en los pedales, acomodaba su casco y afinaba la dentadura de su “caballito”.

En frente quedaban 20 kilómetros de para arriba, luego un descenso de 10, para luego finalizar con el ascenso a Santa Ana, de tres kilómetros.

A mitad de camino hacia Colle della Lombarda, ‘Garibaldi’ Nibali clava el puñal y hiere el espíritu de sus rivales. El siciliano ataca, impone un ritmo infernal y reduce el lote a ocho corredores. Chaves aguanta, pero sus gestos delatan su sufrimiento. Scarponi tira del grupo para ver si alguno se suelta, pero no logra resultados y es el mismo Nibali quien tiene que asomarse a la trinchera.

Un nuevo arrancón del ‘Tiburón’ y tan sólo Chaves y Valverde pueden seguirlo. Parece que los tres llegarán juntos hasta la cumbre, pero el “capo” del Astana pone la quinta y sus dos rivales se quedan atascados en las rampas del 8 % del empinado camino hacia Italia.

La figura de Nibali se empieza a perder en las curvas. Chaves sufre y el calor lo sofoca. Urán llega a rescatarlo y lo remolca varios kilómetros, pero el bogotano pierde la rueda, atorado sobre su bicicleta Scott, la cual parece no responder a sus pedalazos. Chaves suda, respira, aprieta los dientes. Algo le dice Neil Stephens y entonces el colombiano se inclina sobre el manubrio para no doblegarse. El ácido láctico endurece sus piernas y su espalda se arquea como la de un minero al final de su jornada.

Urán y Valverde lo abandonan, pero encuentra auxilio en el grupo de Kruijswijk y Majka, quienes logran alcanzarlo antes del alto. Nibali conecta con Kangert y el estonio le tira una cuerda para ayudarlo a rematar la escalada.

Manchones de nieve adornan esa montaña de tierra roja y pastos lívidos. El cielo es de un azul de Persia y, si se levanta la mirada se pueden distinguir los verdes valles del Ródano y las planicies litorales de la Costa Azul, desde donde el Mediterráneo murmulla indescifrables melodías con el estallido de sus olas sobre las rocas calizas de esa maravillosa pared alpina que lo contiene.

Chaves sube a la Lombarda como un soldado malherido y sin balas en el fusil. Nibali le roba segundos en la general en cada pedalazo. La maglia rosa pesa en la espalda del joven bogotano de los ojos verdes. El último descenso le da un respiro al del Orica, quien mantiene su liderato casi de milagro.

Rein Taaramae domina la subida a Santa Ana y Darwin Atapuma vuelve a quedarse a un “pelo” de la victoria. El nariñense es uno de los héroes de la jornada, pero vuelve a quedarse sin celebrar una etapa para su madre en el cielo.

Dombrowski, Nieve y Foliforov completan las cinco primeras casillas de la dura etapa de 134 kilómetros. El exultante Nibali, quien también despega a Kangert, sodomiza la última cumbre, la consagrada a Santa Ana, la madre de María cuya historia está bien descrita en los Evangelios apócrifos. El ‘Tiburón’ clava sus colmillos en las imposibles rampas y demuestra, una vez más, que es uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos, pese a sus desenfrenadas fiestas en Ibiza.

El viacrucis de Chaves no termina. El pequeño gigante de la sabana lucha contra sí mismo, pelea con su bicicleta como un samurái rodeado de asesinos. Abre la boca, inclina la cabeza y aprieta el manubrio con todas sus fuerzas. Algo le pasa al colombiano, se le ve enfermo, como si algún mal atormentara su cuerpo. Sin embargo no se rinde, aunque sus rivales lo pasan, se alejan de él dejándolo a merced del sol y el camino.

Nibali llega a meta y el reloj comienza a dictar sentencia. Veinte segundos y no llega, treinta, cuarenta, un minuto. La esperanza rosa se opaca, se diluye, se extingue en el aire como las extremidades de Griffin cuando se transformó en el Hombre Invisible en la novela de H.G. Wells. Llega Urán, llega Valverde, llegan Majka y Visconti, pero Chaves no aparece. Jungels, Brambilla y Kruijswijk también se presentan en la meta, como cuando en una obra de teatro todos los actores van saliendo, uno a uno, para luego volver a bastidores, dejando que el protagonista cierre la velada y se lleve él, sólo él, todos los aplausos o los pitos.

Ocho minutos y veinte segundos después de que Rein Taaramae coronara la fracción, por fin aparece Chaves, cabizbajo, decepcionado, enfermo y derrotado.

Los aficionados lo vitorean, le brindan palabras de aliento esperando ver su sonrisa una vez más. Chaves mira de reojo el cronómetro para convencerse de lo que ya sabe: ya no será el campeón del Giro.

¿Pero quién puede reprocharle algo al colombiano? Lo que ha hecho en el Giro 2016 es histórico, alucinante. Perdió contra uno de los mejores del mundo, y obtuvo un subtítulo que nadie esperaba.

Chaves se ha instalado en el Olimpo del ciclismo mundial. Es uno de los grandes y eso ya es motivo para enorgullecernos.

Al final, el ex líder del Giro fue sensato y humilde, como siempre: “quería llevar la “rosa” a casa, pero no se pudo. Así es el ciclismo y no hay nada que lamentar”. Palabras de un deportista digno, ganador y brillante.

Tras declarar ante la prensa mundial, Chaves se fue al bus de su equipo, no sin antes responder los saludos de los aficionados, a quienes volvió a regalarles su sonrisa, porque como bien dijo el atribulado Charles Baudelaire, “una gran sonrisa es un bello rostro de gigante”.

Mañana, la última etapa del Giro de Italia 99. Será entre Cuneo y Turín, sobre 163 kilómetros. Será el paseo de la victoria para el virtual campeón, Vincenzo Nibali, y la oportunidad final de Giacomo Nizzolo, del Trek, para conquistar una etapa.

Etapa 20: Guillestre-Santa Ana de Vinadio, 134 kilómetros.

  1. Rein Taaramae (EST-Katusha) 4:22:33
  2. Darwin Atapuma (COL-BMC) a 52"
  3. Joe Dombrowski (USA-Cannondale) a 1:17
  4. Mikel Nieve (ESP-Sky) a 4:12
  5. Alexander Foliforov (RUS-Gazprom) a 4:36
  6. Vincenzo Nibali (ITA-Astana) a 6:44
  7. Alejandro Valverde (ESP-Movistar) a 6:57
  8. Rigoberto Urán (COL-Cannondale) a 6:57
  9. Giovanni Visconti (ITA-Movistar) a 7:47
  10. Rafal Majka (POL-Tinkoff) a 8:06
  11. Esteban Chaves (COL-Orica) a 8:20
  12. Sebastián Henao (COL-Sky) a 15:35
  13. Daniel Martínez (COL-Wil.Southeast) a 35:05

Carlos Betancur, del Movistar, se retiró por enfermedad.

General 

  1. Vincenzo Nibali (ITA-Astana) 82:44:31
  2. Esteban Chaves (COL-Orica) a 52 segundos.
  3. Alejandro Valverde (ESP-Movistar) a 1:17
  4. Steven Kruijswijk (HOL-Lotto Jumbo) a 1:50
  5. Rafal Majka (POL-Tinkoff) a 4:37
  6. Bob Jungels (LUX-Etixx) 8:31
  7. Rigoberto Urán (COL-Cannondale) a 11:47
  8. Andrey Amador (CRC-Movistar) a 13:21
  9. Darwin Atapuma (COL-BMC) a 14:09
  10. Kanstantsin Siutsou (BIEL-Dimension) a 16:20
  11. Sebastián Henao (COL-Sky) a 38:09
  12. Daniel Martínez (COL-Wil. Southeast) a 3:36:41

Mikel Nieve, del Sky, es campeón de la montaña con 152 puntos. Atapuma fue tercero con 118.

Bob Jungels, del Etixx, se coronó campeón de los jóvenes, con segundo lugar para Sebastián Henao

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