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| 6/25/2015 1:00:00 AM

Jara a Cavani: la artimaña del ‘tacto rectal’

La televisión mostró la ofensiva provocación del chileno Jara al uruguayo Edinson Cavani que motivó la reacción por la cual fue expulsado.

En el diccionario del periodista argentino Elio Rossi, una “banda de malparidos” hace referencia a los “jugadores de mala fe”. Su definición se conoció en un programa de televisión cuando quiso “denunciar” el “juego sucio y malintencionado” del colombiano Camilo Zúñiga y temer que los jugadores argentinos cayeran víctimas de sus zapatos, el próximo viernes, como pasó con Neymar en el mundial de Brasil del año pasado.

Pero quizás al periodista argentino se le olvidó incluir en esa definición otro tipo de “mala fe”, esa que se disfraza como “lobo tras piel de oveja”, para utilizar las palabras con las que este mismo periodista se atrevió a calificar a su compatriota José Pékerman, ese elegantísimo jugador que hoy dirige a la selección Colombia. Es la mala fe de la provocación, la de recurrir a las más bajas conductas para sacar de casillas al rival, la del insulto, el pellizco, el escupitazo, cualquier maña que encienda la mecha y motive una violenta respuesta del rival, y qué mejor si se le aplica al jugador más peligroso del equipo oponente.

Rossi debe ser consciente de que el padre de esa escuela de desestabilización, que se propagó por todo el mundo y que también dio títulos y copas mundiales, fue un argentino. Oswaldo Juan Zubeldía, un discreto futbolista pero un exitoso entrenador, que consiguió la proeza de salir campeón del mundo con el Estudiantes de la Plata en 1969, y en Colombia fue campeón dos veces campeón con Atlético Nacional (1976 y 1981). Su mejor discípulo fue Carlos Salvador Bilardo, técnico que sacó campeón del mundo a Argentina en 1986, que jamás renunció a estas conductas.

La leyenda sobre los procedimientos de Zubeldía es amplísima. Cuentan que ordenaba a sus defensas llevar alfileres y 'pinchar' a los rivales en los tiros de esquina. También que hacía inteligencia a los delanteros que enfrentaría su equipo cada domingo y se conseguía los nombres de la madre y de las hermanas, todo para que sus defensas se las mencionaran en el juego de la forma más ofensiva posible y dar en el clavo, herir a un hombre donde más le duele, las mujeres de su vida. Hacer expulsar a los rivales era la cuota inicial de una victoria.

Y aunque parecía que esa clase de artimañas eran asunto del pasado, Gonzalo Jara, jugador de la selección de Chile, recurrió a una de las más bajas conductas en el primer juego de los cuartos de final de la Copa América.

Cuando Uruguay tenía más enredado al anfitrión, no dudó en acercarse a Cavani y provocarlo de forma ofensiva. La transmisión en directo sólo registro el momento en que el uruguayo redujo la reacción a una cachetada en la mejilla, Jara, el chileno, casi que a cámara lenta y llamando la atención del árbitro, se tiraba al piso como si hubiera sido caído noqueado. El árbitro le mostró la segunda amarilla a Cavani, el alma de la selección uruguaya.

Minutos después, y a partir de las repeticiones, se presumió que algo le habría susurrado Jara al oído de Cavani para sacarlo de casillas. Más aún cuando el delantero charrúa tuvo en duda su participación en el partido. En la noche del lunes, su padre fue a prisión procesado por homicidio culposo. Arrolló con su camioneta a un motociclista y lo mató. La prueba de alcoholemia señaló 1,7 grados de alcohol.



Pero la cámara ubicada detrás de una de las porterías demostró cómo fue la la provocación. Jara, a traición, justo en el momento en que sabía que nadie lo veía, e acercó a Cavani y literalmente trató de meterle el ‘dedo en el culo’ al uruguayo. Cavani, con la cabeza caliente, las pulsaciones a tope, reaccionó como un instinto, pero el puño que intentó lanzar se contuvo en esa palmada.

La indignación creció porque tras la expulsión del delantero más peligroso de Uruguay, y quedar la celeste con un jugador menos, Chile encontró el gol que le evitó la lotería de la definición por penaltis que se avecinaba. Jara se marchó al camerino sin siquiera una tarjeta amarilla.

Tras conocer la existencia del video, el capitán uruguayo Diego Godín le exigió a la Conmebol sancionar de oficio a Jara. La prensa deportiva en Santiago asegura que así se hará. La afición en todo el continente pide que sea ejemplar, más aún con el agravante de que los protagonistas de la Copa América son ídolos para millones de niños, que ven en la televisión tan reprochables conductas. Incluso en las redes sociales el clamor es que la sanción sea superior a la del brasileño Neymar.

Esta conducta, propia de “jugadores de mala fe” como diría Rossi, no es nueva. Muchos colombianos trajeron a la mente el momento en que Michel, del Real Madrid, le tocó los genitales al Pibe Valderrama en un partido contra el Valladolid con el propósito de desetabilizarlo. El argentino Daniel Tilger se hizo tristemente célebre, con la camiseta de Millonarios, cuando en 1999 también se los agarró al arquero del Caldas Juan Carlos Henao. Y ‘Míster Chip’, el rey de las estadísticas del fútbol mundial,  recordó que la jugada del “tacto rectal” no es nueva, hace once años el sevillista Pablo Alfaro recurrió a ella contra un jugador del Atlético de Madrid. A diferencia de Cavani, estas otras víctimas de este tipo de provocación reaccionaron con sorprendente frialdad, y no cayeron en la trampa.



La 'mala fe' de Jara no es una novedad. El defensa que milita en un equipo mediocre de la Bundesliga (Alemania) ya había recurrirdo a los más bajos instintos. En la pasada eliminatoria al Mundial de Brasil, y también frente a Uruguay, este 'deportista' le agarró los genitales al explosivo Luis Suárez, que reaccionó con un puñetazo.

Quizás la definición de “banda de malparidos” de Elio Rossi haya quedado incompleta, y deba incluir a los que, sin pegar una patada, tratan de motivar reacciones violentas, como el caso de Jara. Quizás, en el sur del continente prefieran llamarlos cancheros, para justificar a los verdaderos lobos con piel de oveja, como diría el periodista. Colombia enfrenta el viernes a Argentina, el país de la 'otra zubeldiana'. Teo Gutiérrez sabe lo que es tener que soportar todo tipo de provocaciones cada fin de semana. Sabe que la malicia indígena es un buen antídoto para contrarrestarla.

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