Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1995/02/20 00:00

GUERRA DE ESTRELLAS

Las batallas entre Pete Sampras y André Agassi y la espectacularidad de este último pueden oxigenar este año al alicaído tenis.

GUERRA DE ESTRELLAS

HACE UN AÑO, MIENTRAS SE JUGAba la final del abierto de Australia, algunos espectadores abandonaron las graderías sin esperar el final del partido entre Pete Sampras y Todd Martin. Ese día los dos tenistas tuvieron que soportar durante tres sets algunas críticas de los aficionados, quienes no resistieron seguir viendo un partido frío y monótono. Se confirmó, entonces, algo de lo que se venía hablando desde hace varios años: que el tenis estaba de capa caída.
Por diversas razones (ver SEMANA #631) al deporte blanco le había faltado producir grandes enfrentamientos durante los últimos años. Esta carencia de emotividad en los campeonatos hizo que los aficionados se fueran aburriendo cada vez más y dejaran a un lado el gusto por este deporte. De nada servía la calidad de tenistas como Boris Becker, Michael Stich, Stefan Edberg, Michael Chang, entre otros, porque al momento de jugar lo más importante para ellos eran los premios y el dinero, y nunca el espectáculo.
Hoy, cuando ya pasó la primera semana del abierto de Australia, muchos especialistas creen que 1995 puede llegar a ser recordado como el año en que el tenis resucitó. Lo que nadie entiende, sin embargo, es porqué este deporte puede volver a nacer con los mismos jugadores que se encargaron de sepultarlo. La respuesta está en sólo dos palabras: André Agassi. Este estadounidense de 24 años, que ingresó a la lista de los 10 mejores tenistas de la ATP en 1987, goza de una facultad de reencarnación. En períodos muy cortos es capaz de llegar al cielo, para después tocar el infierno. En 1992 ganó por primera vez en Wimbledon y al año siguiente, cuando todos esperaban un buen desempeño en el mismo torneo, jugó con un sobrepeso de 11 kilos, perdió su invicto, se dedicó a la vida social y de paso terminó la temporada en el puesto 24 de la clasificación mundial. Luego, en 1994, regresó y el mundo del tenis vio en él a un hombre nuevo, un tenista más pensante dentro y fuera de la cancha. Fue el único que durante el año pasado llenó las graderías de los estadios donde se presentaba. Su carisma con el público, su pinta de rockero y su estilo agresivo de jugar fueron los elementos necesarios para que el público se encariñara con él y le hiciera barra en la mayoría de los encuentros. Aunque algunos sostienen que los espectadores iban más motivados por ver a su novia, Brooke Shields, lo cierto es que solo la figura de Agassi agotaba las entradas. A nadie le importaba que no fuera el número uno, lo único que la gente quería ver es lo mismo que ven en los otros deportes: show.
Sin duda la fórmula del estadounidense es la mejor. No sólo llena estadios, sino que también se obtienen mayores ganancias económicas por concepto de publicidad. Todos los medios de comunicación están detrás de él y siempre que se habla de tenis se le menciona. Con este mecanismo, Agassi logró convertirse en el más importante jugador de los años 90. Al darse cuenta de esto sus más tradicionales rivales, decidieron imitar el estilo de Agassi. Tanto Boris Becker, como Jim Courier y hasta el mismo Pete Sampras, son conscientes de que necesitan darle más emotividad al deporte blanco para salir de esa crisis en la que está hundido desde finales de la década pasada. Con esta idea en la cabeza empezaron a jugar el Abierto de Australia, y los resultados desde ya son positivos.
Otro elemento que ayuda a la resurrección del tenis es el nivel competitivo que hay en este año. En las pasadas temporadas siempre había un número uno invencible. Cuando Courier estaba en la cima del escalafón, Sampras no andaba bien, Becker tampoco y Agassi era bastante irregular. Luego, desde cuando se posesionó Sampras en el primer puesto, muy pocos eran capaces de hacerle por lo menos un set en un campeonato importante.
Pero hoy la historia es distinta. Sampras y Agassi están en el mismo nivel de juego, y desde ya se puede asegurar que sus batallas harán recordar las viejas épocas del deporte blanco. Quizás esta es la última oportunidad que tiene el tenis para volver a nacer. -

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