Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1999/08/30 00:00

HEROE NACIONAL

Al remontar un déficit de 10 golpes en la última ronda del torneo el escocés Paul Lawrie hizo de <BR>su triunfo en el Abierto Británico de Golf toda una hazaña.

HEROE NACIONAL

la última versión del Abierto Británico de Golf, uno de los cuatro torneos más importantes de
este deporte, fue inolvidable, no sólo por las enormes dificultades que enfrentaron los jugadores, producto
de la implacable naturaleza,sino porque el ganador fue un desconocido que se alzó con el triunfo de forma
heroica, contra todos los pronósticos. El autor de la hazaña fue el escocés Paul Lawrie, primer local en ganar
el título en 68 años. Campo minado El campo en el que se disputó el torneo fue el legendario Carnoustie, que
había servido de sede en cinco oportunidades y cuyos ganadores se erigieron a la postre en verdaderos ídolos.
Y es que la cancha es un monstruo del golf. Algunos de los más renombrados jugadores que se dieron cita
en Escocia este año, como Greg Norman y Nick Faldo, se quejaron de la estrechez de los fairways y la
espesura de los roughs. La dificultad de Carnoustie fue tal que desde el primer día los entendidos se
refirieron al campo escocés como carnasty, parodiando el vocablo inglés que significa 'desagradable'.Desde
muy temprano cobró sus víctimas. Sergio García, la joven promesa española, disparó un 89, 18 golpes sobre
el par de la cancha. García empezó su ronda del jueves con un triple bogey en el primer hoyo y nunca pudo
recuperarse; pasó buena parte del día metido en los bunkers y en el espeso rough. Tom Watson, el último
ganador en la tortuosa cancha de Carnoustie, describió el campo como "la más exigente y castigadora
prueba de golf tipo links en el mundo entero". Pasó lo inesperadoEn el último día de competencia pasó de
todo. Jan Van de Velde, líder del torneo y único que se mantenía en el par de la cancha, salió en el último
grupo de la competencia junto con el australiano Craig Parry. El francés se había caracterizado por su
recursividad y su capacidad de salir de embrollos con su putter, mas no por su consistencia. Por eso
muchos temían que su ventaja de tres golpes se disipara. Y así pasó, cuando en el hoyo 11 el brillante
juego del australiano le permitió colocarse dos golpes por delante de su contendor. Pero un desastre en el
rough del hoyo 12 le costó a Parry su concen tración y sus aspiraciones al título, y le permitió a Van de
Velde recuperar el liderato y llegar al último hoyo con una ventaja de tres golpes sobre el norteamericano
Justin Leonard _ganador del Open en el 97_ y sobre el desconocido escocés Lawrie, quien había jugado "la
mejor ronda de golf de mi vida", al registrar un 67 y terminar el torneo con seis golpes sobre el par. El
mundo entero daba por vencedor al francés, teniendo en cuenta que con un doble bogey (seis) el triunfo era
suyo. De hecho, el responsable de grabar el nombre del ganador en el trofeo ya se había entregado a la tarea
de deletrear el nombre del francés. No había un solo jugador en el campo que pudiera hacer algo para
interponerse entre Van de Velde y la mayor victoria de su carrera, salvo el mismo Van de Velde. Pero vino la
catástrofe. El francés cometió tres errores sucesivos (ver recuadro) que le costaron los golpes de ventaja que
tenía sobre sus contendores, y terminó el hoyo con un siete, un resultado que forzó un desempate con
Justin Leonard y Paul Lawrie.La hazañaEn ese momento los tres jugadores en contienda tenían cosas
muy distintas pasando por sus mentes. Leonard, el favorito para ganar, aún no se reponía del bogey en el
hoyo 18 que le costó la oportunidad de hacerse al triunfo. Van de Velde parecía drogado, aun sin entender lo
que había hecho y la forma como se le había escapado la victoria. Al fin y al cabo en un solo hoyo había
perdido el mismo número de golpes frente al par que en los 71 anteriores. Y Lawrie, quien nunca soñó estar
parado de nuevo en el tee del hoyo 15 disputando el primer lugar, estaba a la expectativa. El
norteamericano tenía todo que perder, el francés ya lo había perdido, mientras que el escocés _quien en 1995
estuvo cerca de abandonar el golf _ nada.Los dos primeros hoyos parecieron el desempate de un torneo de
aficionados de handicap alto. No se registró nada por debajo de un bogey. Pero en el hoyo 17 (tercero del
desempate), tanto Van de Velde como Lawrie hicieron birdie, lo cual envió al escocés con un golpe de ventaja
sobre sus dos contendores al tee del fatídico hoyo 18. El francés tenía su última oportunidad y la malogró
con una débil salida al lado izquierdo mientras que Lawrie y Leonard pusieron sus bolas en fairway. Pero
mientras que Leonard repitió su historia en el hoyo 18 al encontrar el riachuelo en su segundo tiro, Lawrie
tomó un hierro cuatro e hizo el mejor tiro de su carrera, el más valiente y corajudo: puso su bola a escasos
dos metros del hoyo. Mientras tanto Van de Velde convirtió un cinco, juego que le habría bastado para
hacerse al triunfo sin mojarse los pies una hora antes.Para rematar su magnífico golpe Lawrie convirtió el
birdie , un tiro que le permitió derrotar a sus contendores por tres golpes, engrosar su cuenta bancaria con
más de medio millón de dólares e inscribir su nombre en los anales de la historia del golf como el autor de
la más valiente hazaña lograda en un major. Además de asegurar un puesto en el equipo europeo de la Copa
Ryder, la vida del escocés cambió para siempre. Incluso recibió una llamada de felicitación del primer
ministro británico, Tony Blair, y el irónico agradecimiento de Greg Norman, pues Lawrie se había
encargado de borrar de la mente de las personas la tragedia vivida por el 'tiburón' en el Masters de 1996
cuando despilfarró una cómoda ventaja frente a Nick Faldo. nSe le aguó la fiestaJan Van de Velde, el francés
que lideró el Abierto Británico de Golf hasta el último hoyo, despilfarró una ventaja de tres golpes que le
costó el torneo. SEMANAanaliza su último hoyo, tiro por tiro. Ejecutó su golpe de salida con el drive y su
bola fue a parar a escasas yardas del riachuelo en el lado derecho, deteniéndose milagrosamente bien en
medio del temido rough. Primer error pues el hoyo 18 era muy estrecho y extenso (487 yardas). Tomó el
hierro dos de su talega y disparó un errático golpe que rebotó en una tribuna, luego en la pared de piedra del
riachuelo, y se ubicó en una posición extremadamente difícil en el alto pasto del rough. Desde esa posición
debía superar el riachuelo y un bunker que protegía el green. Después de meditar por varios minutos el francés
convirtió su putt y forzó un desempate con Justin Leonard y Paul Lawrie, quienes esperaban desconcertados
(y felices).

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