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| 11/29/1982 12:00:00 AM

ILUSION PERDIDA

Tolima hasta hace poco tiempo cenicienta del fútbol colombiano no logró reeditar sus triunfos de la primera ronda en la Copa Libertadores de América

Minutos antes del partido Tolima-Cali que se iba a jugar en Ibagué, ocurrió la tragedia que partió en dos la historia del Deportes Tolima. La cubierta de cemento que protegía de la lluvia la tribuna de preferencia se vino al piso. Parecía que la desgracia perseguía a un equipo chico, el más chico, en su primera aparición en una final del fútbol colombiano. Hasta aquel entonces, el Tolima había escrito la otra historia, la del equipo que se mataba en la cancha para huír de la última casilla de la tabla, que le era tan familiar.
Esa historia nos recuerda que de pronto hubo grandes momentos, como el invicto de 1972, cuando su defensa no permitió ningún gol durante más de 700 minutos. Pero igual el equipo terminó aquella campaña en los últimos lugares. Así, a lo largo de su historia, el Tolima despertó en los hinchas del país una simpatía enorme.
La segunda parte comienza en el Campín, un estadio ajeno que poco a poco ha hecho suyo con base en ese fútbol que Santa Fe y Millonarios le han negado a su público. Poco después de la tragedia de Ibagué, el Tolima derrotó al Cali en el Campín, eliminando al representante más ilustre de colombia en la Copa Libertadores. El Tolima, uno de los cuatro grandes de Colombia.
El cuadrangular final de 1981 parecía ser el último peldaño en la brillante campaña del Tolima. Jugando en un estadio ajeno, nadie le daba chance a un equipo de tierra caliente defendiendo sus puntos en las estribaciones de los páramos, enfrentado al América, al Junior y al Nacional.
Tolima campeón fue la ilusión que no se dio. Pero en la última fecha, mientras en Medellín un Gabriel Ochoa histérico le decía a sus muchachos que se retiraran del campo cuando comprendió que su América estaba derrotado, el Junior y el Tolima clausuraron la temporada en el Campín con un soberbio partido.
Ibagué jamás olvidará aquel minuto final: el tres a tres clasifica subcampeón al Junior y la ciudad comienza a resignar la ilusión de la Copa. Se produce una falta al borde del área. El Junior ordenó la barrera. Cuando todos esperaban el cobro de Del Río, apareció Carrillo. "Yo le pego", gritó. Se encomendó a la Virgen, preparó el zurdazo. La metió. Y qué bien: ese disparo, colocado en todo el vértice del poste izquierdo por una mano invisible con exquisita suavidad, le valió el subcampeonato al Tolima Grande, al Kokorico de Quintabani, Del Río, Janio Cabezas y de la "Piña" Mendoza.
En la Copa Libertadores, el Tolima eliminó a los equipos de Venezuela y al flamante Nacional de Medellín, el justo campeón de 1981. Se convirtió en uno de los seis grandes de América, y volvió a pensar en el campeonato colombiano.
Ahora el Tolima asombra de nuevo a Colombia. Porque se está dando el lujo de encarar la final colombiana y la semifinal de la Copa Libertadores con un exceso de delanteros que envidiarían los equipos que se jactan de sus nóminas de lujo. O si no, que los dirigentes de Millonarios nos cuenten qué ocurrió aquella tarde de domingo en la que el Tolima debió jugar contra "Millos-Pillos" a la una y media y a las tres y media contra los chilenos del Cobreloa. En su afan de asegurar un cupo en la final, Millonarios no aplazó aquel partido convencido que arrasarian a un Tolima sin sus principales futbolistas. Tolima ganó en reservas y en profesional, humillando a los cracks del equipo azul. Y los chilenos del Cobreloa pagaron caro un error de su defensa al cierre del partido. Contra el Olimpia del Paraguay, el Tolima cedió un punto por descuidar la marcación de los mediocampistas paraguayos en el segundo tiempo.
Tres partidos jugados en la misma semana que no aseguran nada pero dejan la imagen de un equipo capaz de buscar en su viaje al sur el cupo para jugar la final en la Copa, y en Ibagué su primer campeonato colombiano.
Mientras que el Santa Fe y Millonarios no logran llenar jamás el Campín, el Tolima obliga a sus seguidores a madrugar para asegurar cupo en un estadio que le queda grande a los grandes y muy pequeño al más chico de todos. Desde Ibagué suben flotas cargadas de hinchas, llenando de banderas amarillas un estadio azul y rojo. El Tolima es un equipo capaz de eso y de mucho más, porque su nuevo status de grande no le ha obligado a prescindir de imagen humilde y alegre.
La historia le ha reservado siempre un lugar a aquellos equipos chicos capaces de agregar dos frases brillantes a su habitual libreto. Cuando ello ocurre, el humilde guión pasa a ser un poema épico capaz de sobrevivir al paso de los años hasta convertirse en una leyenda más en la historia del fútbol. Y la Copa Libertadores de América suele ser el momento propicio para que los desconocidos de siempre abandonen su papel modesto y coloquen su nombre en lo alto, para que perdure aunque los buenos tiempos se vayan para siempre. El Tolima ya escribió la primera frase.
La pobre actuación del equipo en Santiago y Asunción acabó con las aspiraciones del Tolima en la Copa.
Tal vez llegó demasiado lejos y pagó caro su osadía. Ahora le espera un largo mes de lucha para lograr su primer título colombiano, si sus jugadores olvidan el triste final de su aventura en los países del sur.
Hubo equipos chicos, como Estudiantes de La Plata, que lograron escribir dos frases brillantes en algún momento de su historia, cuando la Copa les dió su primera oportunidad.
Y su nombre quedó en lo alto aunque los buenos tiempos nunca volvieron El Tolima escribió la primera frase con mucha brillantez y se convirtió en el equipo de moda de 1982. El final de su aventura en los países del sur le impidió pulir la segunda frase, la que convertiría su nombre de provincia en una leyenda más en la historia del futbol suramericano. Otro será el campeón de América y muy seguramente el título colombiano lo celebrarán los habitantes de otra ciudad que no es Ibagué. Pero lo que ha hecho el Tolima en los últimos once meses merece un reconocimiento. Más allá de la derrota final queda un ejemplo que está por encima del bien y del mal.
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