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| 9/27/2017 12:01:00 AM

Jair Abonía, el crimen que enluta a Millonarios

En la cancha, con los guayos puestos, pero asesinado a disparos. Así perdió la vida el exfutbolista mientras entrenaba a los niños de su escuela deportiva.     

Arriba. Goicochea, Luiziño Quiñonez, Cuesta, Conde, Pimentel. Abajo: Gambeta Estrada, Abonía, Pájaro Juárez, Galeano, Gamero, Pocillo Díaz. Foto: Revista Millos

 

Jair Abonía es uno de los tantos nombres de reparto que ha tenido el fútbol colombiano. Nacido en Tumaco hace 53 años, debutó en el Cúcuta Deportivo en 1986. Le bastó un año para deslumbrar como puntero derecho. Al año siguiente Millonarios lo contrató, y conformó los planteles que conquistaron el campeonato en 1987 y 1988.

Pocas veces se tomó la foto con los once inicialistas. Abonía fue eterno suplente en una plantilla que contaba con Iguarán, Gambeta Estrada, Pájaro Juárez, y Rubén Darío Hernández como principales protagonistas. Pero al nariñense no le importaba jugar 20, 15, 10 o un par de minutos para hacer de las suyas. Entraba a la cancha y solía poner la cereza del pastel, marcaba los goles que sellaban goleadas.

Abonía era una especie de talismán. Porque cuando lo ponían a jugar de titular, las cosas no le resultaban. En cambio cuando entraba desde el banco se ganaba a la tribuna con sus goles, y hasta lo reclamaban cuando el equipo estaba en apuros. También fue un jugador de luces y sombras, que pasaba de ser héroe un domingo a villano la siguiente semana.

Alguna vez jugando en el Campín eludió al arquero y con el arco solo la estrelló en el poste. Más difícil era botarla que meterla. Los aficionados no lo podían creer. Pero así era Abonía, luego sabía reivindicarse, era muy veloz, y tenía la capacidad de gambetear uno, dos, tres rivales, y marcar goles desde ángulos imposibles. Cinco años vistió la camiseta de Millonarios.  

En 1992 fue trasferido al Once Caldas y allá sí fue titular. No solo eso, en el blanco de Manizales se destapó como goleador. Del Palogrande cruzó la frontera para terminar su carrera en el Trujillanos de Venezuela.

Tras colgar los guayos Abonía se radicó en el Valle del Cauca, y desde hace varios años dirigía una escuela de formación deportiva en Jamundí.

En la tarde de este martes, mientras dirigía una práctica, el profe Jair como lo llamaban sus pupilos, fue atacado con arma de fuego. Tres disparos acabaron con su vida.

El hecho se produjo hacia las 3:30 p.m. “Dos sujetos llegaron a la cancha del barrio Villa Pyme y atacaron al hombre”, informó al diario El País de Cali el Mayor de la Policía Andrés Ovando, comandante del Distrito 6 Jamundí. Millonarios, Cúcuta, Caldas y Trujillanos hoy están de luto. 

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