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| 6/8/2014 12:00:00 AM

“El miedo a un estallido en el Mundial es real”

En entrevista con Semana.com, Jens Sejer Andersen de la fundación Play The Game, explicó por qué la organización de la Copa Mundo salió tan mal.

Desde hace 10 años el periodista danés Jens Sejer Andersen lidera una tarea quijotesca. A través de la fundación Play The Game, que preside, busca que las grandes organizaciones deportivas internacionales sean más transparentes y democráticas. A pocos días del Mundial.

Semana.com habló con él. Espera que el caos y la resistencia en el Mundial de Brasil 2014 sean una lección valiosa para el futuro de estos megaeventos.

Semana.com: ¿Cómo ve la agitación social en Brasil a solo días del Mundial?

Jens Sejer Andersen: En la historia, es el Mundial que más nos enseña la relación entre los grandes eventos y los países que los acogen.

Esta Copa sirve como un espejo mágico para los brasileños, no solo muestra el buen fútbol sino también todas los desafíos de su sociedad: la corrupción, la falta de consecuencia política, el desorden en la infraestructura, las grandes diferencias sociales, la ausencia de un estado de derecho y una cierta brutalidad de las autoridades policiacas.

Lo interesante es que no es solo una lucha entre un pueblo y el gobierno, es más como una divisón que parece ir verticalmente, haciendo rupturas en el gobierno, en el parlamento, en los estados federales y en el pueblo mismo.

Semana.com: ¿Cree que va a haber un estallido social?

J. S. A.: El miedo es real, lo vivimos en la Copa de Confederaciones, los cientos de miles de personas en las calles no fueron una ilusión. La pregunta es haste qué punto el entorno va a estar marcado por violencia. Espero que si la gente se quiere manifestar y los futbolistas jugar, haya espacio para ambas partes. Temo que hayan incidentes que escalen y lancen el evento en una espiral violenta. 

Porque las fuerzas policiales y militares tienen poca educación y experiencia en cómo tratar manifestaciones populares de manera pacífica. Si hay un grupo pequeño entre los manifestantes que se porta mal, la policía emplea métodos brutales contra todos. Ya lo vimos en la Confederaciones y esa falta de experiencia policial es un riesgo grande, hay muchos casos de brutalidad fuera de proporciones. 


Manifestación en Brasilia la semana pasada.


Semana.com: ¿Cuáles son los tres grandes errores de la organización y cree que se están aprendiendo lecciones?

J. S. A.: La decisión de buscar ser anfitrión fue tomada por un grupo pequeño de gente, con mucho poder: el gobierno de Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva; Ricardo Teixeira y Joäo Havelange, los dueños del fútbol brasileño; y el presidente de FIFA Joseph Blatter. Como se decidió que la organización de la Copa Mundo tiene que rotar (entre confederaciones), a Brasil no le tocó hacer campaña. Solo se aseguró que Colombia no siguiera con su candidatura. Eso no creó mucho debate y por lo tanto no se planteó lo que significaba ser anfitrión.

Además el contrato entre la FIFA y los anfitriones de la Copa es un contrato de subordinación. Eso lo descubrió el parlamento brasileño con algunos años de atraso, cuando les tocó ratificar la Ley General de la Copa. Los políticos se vieron confrontados con demandas contrarias a los intereses de la sociedad y los políticos reaccionaron, atrasaron la ratificación durante meses hasta de que por fin se rindieron.

Y, por último, es a mi juicio una falta de sensibilidad de la FIFA frente al contexto social, cultural y político. La falta de competencia hizo que no hubiera diálogo verdadero con los grupos protestantes. Está claro que la FIFA no es responsable de todo, pero son responsables por ignorar que sus representantes en Brasil estaban entre los más corruptos del deporte mundial, y la FIFA lo sabía.


El suizo Joseph Blatter ya lleva 16 años a la cabeza de la FIFA.

Semana.com: Se habla mucho de sostenibilidad, de estadios verdes, con paneles solares. ¿Qué tan sostenible es este Mundial?

J.S.A: Es un gran chiste. Aunque un estadio tenga sistemas ecológicos avanzados, no puede ser sostenible si después de la fiesta el estadio se queda vacío como el espacio exterior. El problema es que el gobierno brasileño decidió construir 12 estadios, para asegurar que el evento tuviera un verdadero carácter nacional. Es un país enorme, y desde el punto de vista de las relaciones públicas, tiene sentido. Pero desde el punto de vista deportivo y económico, no tiene ningún sentido construir un estadio para 50.000 personas cuando no hay un club que atraiga más de 1.500 espectadores por partido.

Además cuesta mucho mantener eso, y ninguna compañía privada va asumir el gasto. Eso lo van a pagar los brasileños que tienen otras necesidades, especialmente en las provincias más pobres, donde las escuelas no tienen los libros, las clínicas no tienen medicinas. Es un insulto a la población, por eso la gente va a la calle. Como si se estuviera burlando de ellos.

Brasil tiene que aprender muchas cosas de ser anfitrión de dos megaeventos a corto plazo. Para asegurar una verdadera sostenibilidad, hay que cumplir con las promesas, terminar los proyectos. Hubiera podido ser sostenible si hacen los aeropuertos y la movilidad urbana. Pero los proyectos fracasaron o se postergaron y quién sabe si después de los megaeventos se van a abandonar.


El estadio Mané-Garrincha de Brasilia es el segundo más caro del mundo después de Wembley.

Semana.com: ¿Es posible hacer un megaevento como unos Juegos Olímpicos o un Mundial, y que sea sostenible?

J.S.A: Los megaeventos alcanzaron un nivel irresponsable, donde quiera las poblaciones tienen que hacer una pregunta si vale la pena gastar tanto por tener fama mundial en un periodo corto y ganancias que terminan en lugares desconocidos. Ahora la gente empieza a decir que no, hemos visto referendos en Suiza, Alemania, Polonia, que dicen no queremos ser candidatos a ser sede. Vimos un sí estrecho en Noruega, complicaciones en Suecia, y es un problema enorme para el futuro de los Juegos Olímpicos.

Es un problema si los únicos países que quieren ser anfitriones son países que nunca le preguntarían a la población, autócratas, con sistemas políticos cerrados, sin prensa libre, sin debate, con un una opacidad en los núcleos de poder y las redes de políticos y grandes industrias. Eso fue lo que vimos en Rusia, lo que vamos a ver en los European Games en Azerbaiyán.

Si la Copa termina en un baño de violencia, muchos líderes de las organizaciones deportivas van a confirmar que es mejor buscar gobiernos autoritarios con acceso fácil a fortunas bancarias que aliarse con democracias con todos los problemas que eso implica.

Este es el gran desafío para el deporte internacional hoy en día.



Semana.com: ¿Hay posibilidades de cambio?

J.S.A: Es una preocupación que todos los ministros de deportes expresaron en una conferencia que hubo en Berlín el año pasado. Había representantes de 125 gobiernos, y buscan eventos más sostenibles, desde el punto de vista social, económico y ambiental. Hay una lucha entre los líderes deportivos y gobiernos para quienes estos eventos son una fuente de riqueza personal, prestigio internacional y transferencia de dinero público a cuentas privadas.

La lucha está ahí, hasta ahora solo sabemos que el Comité Olímpico dice que quiere renovar el modelo y va a discutirlo en diciembre. ¿Será capaz de resistir la presión política y la tentación financiera? A nivel de FIFA, hasta que no haya un cambio completo estas deliberaciones están perdidas, no hay un verdadero deseo de entender este dilema. Necesitan un cambio fundamental.



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