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| 10/20/2012 12:00:00 AM

La caída de un titán

Lance Armstrong, considerado por muchos el ciclista más grande de todos los tiempos, acabó de desplomarse con el retiro de sus patrocinadores más importantes y al conocerse la investigación que demuestra que se dopó durante la mayor parte de su carrera. Detalles de una catástrofe.

Las dudas en torno a si el siete veces campeón del Tour de Francia Lance Armstrong había sido el protagonista de una sofisticada red de dopaje empezaron a aclararse esta semana: tres de sus mayores patrocinadores, Nike, Trek y el grupo cervecero Anheuser-Bush le retiraron su apoyo, con lo que su suerte quedó prácticamente echada.

Son tan serias y contundentes las acusaciones contra el ciclista, elegido varias veces mejor deportista del año en Estados Unidos y ganador del premio Príncipe de Asturias, que el miércoles se vio obligado a dejar la presidencia de su fundación Livestrong, que ha recogido más de 500 millones de dólares para luchar contra el cáncer. Todo para evitar que también sea salpicada con su desgracia.

El pedestal de este hombre, considerado uno de los mejores ciclistas de la historia, se empezó a desmoronar cuando la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, Usada, hizo público un informe de 1.000 páginas en el que demuestra que el equipo US Postal Service desarrolló el más sofisticado, profesional, extenso y exitoso programa de dopaje jamás visto en ese deporte, y que el mayor beneficiario fue Armstrong. Si bien esta agencia le había quitado sus títulos en agosto, solo la semana pasada decidió enviar el informe final a la Unión Ciclística Internacional (UCI) y a la Agencia Mundial Antidopaje (Wada) para las medidas del caso. Se espera que la UCI rompa su silencio y lo despoje oficialmente de su impresionante palmarés.

El 'código del silencio', que imperó por mucho tiempo en torno al uso de sustancias y métodos ilegales, solo pudo ser roto por la poderosa agencia antidopaje estadounidense que, después de una larga investigación, logró obtener 26 testimonios juramentados, entre ellos, los de 15 compañeros de Armstrong en el US Postal, así como evidencias documentales que muestran pagos millonarios a médicos y resultados de laboratorio, entre otras cosas. Todo esto se hizo público en días pasados y ha llevado al ciclista a vivir la peor etapa de su vida profesional.

Según la Usada, la operación de dopaje que imperó entre 1998 y 2010 en el equipo US Postal y sus sucesores, como el Discovery Channel o Radio Shack fue diseñada con el fin de lograr victorias, sin importar que los atletas usaran drogas peligrosas. Y lo más indignante es que todo esto fue financiado con los muchos millones de dólares que la empresa postal pública le dio al equipo, recursos que en últimas provenían de los impuestos de los ciudadanos estadounidenses.

Según la Agencia todo comenzó en 1998, en la Vuelta a España. Hasta ese momento, el texano era un corredor destacado que acababa de vencer un cáncer en los testículos. Pero contra todos los pronósticos, ese año quedó en un sorpresivo cuarto lugar de la competencia ibérica. Hoy se sabe que algunos de sus compañeros empezaron a sospechar que se estaba dopando. Y en efecto, la entidad demostró cómo uno de los médicos del equipo US Postal, Pedro Celaya, metió a la concentración, escondida en su abrigo, una bolsa de solución salina que le aplicó a Armstrong para bajar su nivel de hematocritos y burlar los controles antidopaje.

Según la investigación, el ciclista llevaba un par de años trabajando con el polémico Michele Ferrari, un médico italiano que desde los años ochenta venía suministrando sustancias dopantes a ciclistas. También dice el documento que Armstrong ya usaba EPO (eritropoyetina) sistemáticamente. Esta hormona, que no era controlada, permite que los músculos dispongan de más oxígeno y mantengan una elevada intensidad sin fatigarse durante una competencia.

Al año siguiente el equipo se preparó con la única finalidad de ganar el Tour de Francia. Johan Bruyneel fue nombrado director, y el español Luis García del Moral se convirtió en el jefe médico. Los dos acaban de retirarse del equipo Once de España, sobre el que había serias dudas de dopaje, y en asocio con Ferrari, (quien según una prueba documental recibió 970.000 dólares de Armstrong) diseñaron un extenso plan de dopaje con hormonas, transfusiones, uso de drogas y métodos que llevarían a Armstrong a ganar de forma consecutiva siete veces el Tour de Francia, superando al legendario Eddie Merck.

La Usada registra cómo en medio del Tour de 1999, el corredor Jonathan Vaughters fue a la habitación de Armstrong a usar el computador y este se inyectó delante de él. Al finalizar Armstrong le dijo "ahora que estás usando EPO, puedes escribir un libro al respecto". Ese mismo año el equipo, según Usada, Ferrari también les dio a sus corredores testosterona a través de una mezcla de aceite con Andriol. Este le era suministrado, incluso, en el transcurso de las etapas. Después, Ferrari creó un parche para el efecto.

Para evadir a los inspectores de la carrera, ese año vincularon al 'motoman', un hábil motociclista que seguía el Tour y llegaba en las noches para entregar el EPO a los médicos del equipo, que después se lo inyectaban a los corredores. A veces las jeringas eran depositadas en latas vacías de gaseosa para ser retiradas de las concentraciones sin levantar sospechas.

En 2000 el EPO empezó a ser controlado por las autoridades, lo que llevó al equipo a cambiar de estrategia. Meses antes de las pruebas, a los corredores se les extraía sangre, que después era reinyectada durante las competencias, especialmente en el Tour de Francia. Esta maniobra aumentaba la capacidad de oxigenación y la capacidad de recuperación, tal y como lo hacía el EPO. Para ese año, no había controles para detectar las transfusiones de sangre, y según numerosos testimonios, la mayoría de corredores del equipo usaron esa práctica. Incluso, en las noches les inyectaban Actovegin para mejorar la circulación.

Para evitar ser sorprendido por las autoridades ciclísticas, el equipo también ideó varias estrategias. Con el fin de evadir a los inspectores en los momentos en que podían detectar ciertas drogas o prácticas, tenían 'campaneros' en los pisos de los hoteles que les avisaban su llegada, o incluso se negaban a los llamados de los oficiales para hacer las pruebas, pues solo a la tercera negativa ellos podían tomar medidas.

Aunque las dudas sobre Armstrong nacieron desde la vuelta a España de 1998, empezaron a crecer desde que ganó su primer Tour de Francia pues pasó de ser un corredor normal a uno fuera de serie y un gran escalador, algo sorprendente para un hombre de esa talla, criado además en el llano estado de Texas.

Sin embargo, cuando Floyd Landis, peón de Armstrong, se alzó con el Tour en 2006 como líder de otro equipo, el Phonak, hizo disparar las alarmas. Pocos días después de terminar la carrera se conoció que resultó positivo en una etapa  por exceso de testosterona, y en 2007 fue sancionado y despojado del título. En 2010 Landis confesó que la mayoría de los ciclistas del US Postal se dopaban, incluido Armstrong, lo que desencadenó la investigación de la Usada que acaba de hacerse pública y a la que nunca quiso declarar, a pesar de que varios de sus compañeros, como Tayler Hamilton, George Hincapie o Christiane Vande Velde, entre otros, ya confesaron todo lo ocurrido.

Este caso, junto al de Festina en 1998 o la Operación Puerto, dejan en claro que desde los años ochenta, si no antes, el uso de sustancias prohibidas ha sido una práctica frecuente en las grandes competencias. Todo lo cual hace pensar que si se hiciera una investigación a fondo, muchos más tendrían que devolver sus títulos. El reto está en saber si este deporte podrá ser limpio de nuevo en un mundo en el que las hormonas y sustancias desconocidas avanzan más rápido que los métodos para detectarlas.
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