Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/12/04 00:00

La esperanza

En medio del sombrío panorama nacional, Francisco Maturana y sus muchachos son el único rayo de sol.

La esperanza

El primero en levantar los brazos fue el árbitro mexicano Edgardo Codesal. Inmediatamente después, millones de colombianos imitaron su gesto y se inició así la mayor celebración deportiva de los últimos años en Colombia. Habían terminado los 90 minutos finales de una eliminatoria que mantuvo en ascuas a toda la afición y que comenzó el pasado 20 de agosto en Barranquilla, frente a Ecuador. Se había alcanzado el sueño dorado del fútbol nacional. Se llegó a la gran fiesta, se logró un puesto entre los 24 mejores del mundo. Italia-90 está en el bolsillo. Se cumplieron las metas.
El pasado lunes 30 de octubre Colombia vivió uno de los días más felices que se recuerden en los tiempos recientes. Las calles dieron paso al carnaval eterno de la celebración. Al otro lado del mundo, en Tierra Santa, los hombres dirigidos por Francisco Maturana mantuvieron durante todo el partido el 0-0 que los clasificaba.
Los jugadores de Israel pelearon hasta el final, pusieron en aprietos a Higuita y jugaron uno de sus mejores partidos. Colombia no se quedó atrás y manejó el balón durante buenos pasajes del encuentro. En el segundo tiempo, el "Palomo" Usuriaga en dos ocasiones estuvo a punto de anotar. Los últimos 15 minutos fueron de muerte con un Israel que buscaba desesperadamente el gol que le diera una segunda oportunidad y con Colombia resistiendo los embates del enemigo. Higuita, genial; Escobar un león; Valderrama, cerebro. Esa mezcla de talento y garra hicieron realidad el sueño. Luego, las lágrimas de felicidad, el abrazo, la rumba.
En Tel Aviv, en la gramilla del estadio Ramad Gan, se cerró con broche de oro una de las etapas más grandes del fútbol colombiano. Hace tres años se dieron los primeros pasos y de ahí en adelante, a pesar de altibajos, se le fue dando forma al mejor equipo en la historia del fútbol nacional y, más importante aún, se consolidó un estilo propio de juego, se consiguió una identidad y se alcanzó respeto a nivel internacional.
DE LA MANO DE PACHO
En 1987, tras una decorosa participación como director técnico de la selección que participó en el Preolímpico de Bolivia -con triunfo 2-0 sobre Brasil en la primera fase-, a Francisco Maturana le fue encargada la dirección del equipo de mayores que debía enfrentar la Copa América de ese año en Argentina. Stopper del equipo con el que Carlos Salvador Bilardo buscó la clasificación para España-82, odontólogo, discípulo de Luis Cubilla y de Juan Martín Mujica, Pacho comenzó como técnico en las inferiores del Nacional. Luego fue llamado a manejar la línea profesional del Caldas de Manizales y fue precisamente allí donde comenzó a atraer todas las miradas.
Siguió los pasos de hombres como Luis Alfonso Marroquín, el técnico que alcanzó la fama con la juvenil que participó en el suramericano de Paraguay en el 85, con una selección en la que debutaron jugadores de la talla de Higuita, John Jairo Tréllez y John Edison Castaño. Era la primera vez que un equipo colombiano jugaba buen fútbol y conseguía resultados. A esas alturas a mediados de 1987, Maturana se planteó el reto de llegar a una Copa Mundo. Su primer paso fue la Copa América, en la que Colombia resultó ser la revelación del continente con el "Pibe" Valderrama como mejor jugador del torneo y con Arnoldo Iguarán como goleador. Pacho y sus muchachos regresaron al país con un tercer puesto a nivel continental, por encima de la Argentina de Maradona a la que vencieron 2-1 en la cancha sagrada de Núñez, en Buenos Aires. Toda una hazaña para una nación que hasta el momento era de segunda línea en el fútbol de América Latina.
La fe renació. Todo el mundo comenzó a creer que era posible. La Federación Colombiana de Fútbol dio su apoyo y el año pasado, por primera vez en la historia, una selección nacional se fue de gira para Europa, a enfrentarse con los mejores. El empate 1-1 frente a Inglaterra, en Wembley, fue motivo para otra celebración. Ese fue, tal vez, el mejor partido jugado por los hombres de Maturana en todo el proceso.
Pero las ambiciones de Pacho iban mucho más allá. Técnico a la vez de la selección y del Nacional de Medellín, la clasificación a Italia, si bien era el primer punto en el orden de prioridades, no era el único. El campeonato interno con el Nacional, la Copa Libertadores de América con ese club, la Intercontinental de Clubes en Tokio y la Copa América de Brasil estaban en la agenda. Finalmente, la Copa América dejó de ser importante como torneo y se asumió como una etapa de preparación para las eliminatorias frente a Ecuador y Paraguay. La actuación en ese torneo, a mediados de este año, no fue ni mucho menos brillante y, a pesar de las criticas, Maturana se mantuvo en su idea de que sólo era una oportunidad para ajustar las lineas de la selección.
LA TRIPLE CORONA
El primer triunfo alcanzado fue el de la Libertadores. Por primera vez un equipo colombiano, el Nacional, ganó el torneo de clubes más importante de Suramérica y Pacho Maturana fue el encargado de lograrlo. Con un equipo que es la base de la selección nacional, sacó del ring a todos los contrarios que se le pusieron por delante, comenzando por Millonarios, el campeón actual del fútbol profesional en Colombia.
Vino luego el calvario de la eliminatoria. Comenzó con pie derecho frente a Ecuador, en Barranquilla con un 2-0 que no dejó duda. El optimismo duró hasta el siguiente partido en Asunción, cuando Paraguay ganó por 2-1 con la invaluable ayuda del chileno Hernán Silva, el árbitro que le dio el empujón final a los hombres dirigidos por Cayetano Ré. En Guayaquil, a pesar de haber estado cerca del gol, los colombianos se devolvieron a Barranquilla con un empate sin goles que los obligaba a ganar como locales a Paraguay y a esperar que Ecuador en Guayaquil, hiciera otro tanto. Y las cosas se dieron. Dos goles colombianos en el Estadio Metropolitana dejaron a Paraguay en la cuerda floja y a Colombia dependiendo del juego en Guayaquil. Ecuador, que sólo había mostrado algunos destellos de buen fútbol durante los encuentros previos, frente a Paraguay sacó a relucir todo lo que tenía. Pasó por encima del contrario y Colombia celebró a larga distancia, su paso a la siguiente ronda.
Israel fue el último obstáculo en el camino. En Barranquilla, un 1-0 que no tranquilizó del todo pero que dio los dos puntos obligatorios. En Israel, el pasado lunes, la gesta ya conocida, el empate y el tiquete para Italia en la mano. Maturana alcanzó su segunda corona, la más importante de todas.
LO QUE VIENE
Pero lo duro apenas comienza. Antes de las giras de preparación con la selección y de dedicarse de lleno a lo que será Italia-90, Francisco Maturana deberá enfrentarse, el próximo 17 de diciembre en Tokio, al A.C. Milán por la Copa Intercontinental de Clubes, en un partido del que saldrá el mejor equipo profesional del mundo. El Milán es el mejor equipo europeo del momento. Cuenta en sus filas con figuras de la talla de los holandeses Rud Gullit, Marco van Baasten y Frank Rikjardt, fuera de una nómina de lujo de jugadores italianos, la mayoría de los cuales hacen parte de la escuadra nacional de su país. Será el escaño más alto alcanzado por equipo colombiano alguno y la mejor de las oportunidades -antes del Mundial- de dar a conocer al mundo entero el fútbol colombiano. Según la prensa especializada, ganarle al Milán es una empresa bastante difícil, aunque no imposible. Algunos, los más pesimistas, afirman que perder frente a Gullit y su corte por un gol de diferencia sería todo un triunfo. Lo que no hay que descartar es que el Nacional, estimulado por la clasificación a la Copa Mundo y por el triunfo en la Libertadores, dé una sorpresa en Tokio y regrese a casa como el mejor equipo del orbe.
Claro que, en todo este recuento de triunfos y logros, no deja de ser paradójico que Maturana no haya logrado hasta el momento el título de campeón nacional con su club. El año pasado fue subcampeón, el antepasado fue tercero y se espera que ahora, en el 89, alcance uno de los pocos galardones que le hacen falta. Por ahora, el Nacional está en la danza de los finalistas del campeonato doméstico y se espera que con el reintegro de las figuras que estaban en la selección, el equipo alcance el nivel que tuvo a lo largo del año. Sin embargo, esto depende también de la importancia que el técnico le dé al encuentro de Tokio, que podría distraer la atención de los jugadores en el campeonato nacional para centrarla en la Intercontinental de Clubes.
Por todo lo anterior, por lo que pasó y por las perspectivas que se abren, el 89 fue un año glorioso para el fútbol nacional. La Copa Mundo de Italia es el gran evento del año entrante y en ella se concentrarán, a partir del próximo mes de enero, todos los esfuerzos de la Federación Colombiana. Es la segunda vez que Colombia asiste a un mundial. La primera, en Chile-62, llegó en un momento en el que el fútbol nacional no había despegado del todo. En esa ocasión, con buenos valores individuales -como Efraín "Caimán" Sánchez o Delio "Maravilla" Gamboa- y bajo la dirección técnica del maestro argentino Adolfo Pedernera, Colombia ganó el tiquete mundialista tras eliminar al Perú. En Chile, haciendo parte del grupo de la ciudad de Arica, junto con la URSS, Uruguay y Yugoslavia, Colombia vivió la derrota y a la vez escribió una página gloriosa. Y de esa historia, del 4-4 frente a la URSS de Yashin, se ha nutrido el fútbol colombiano.
TODO ES POSIBLE
El año entrante las cosas serán a otro precio. Colombia llegará a Italia con una identidad futbolística clara y definida y con un equipo equilibrado en todas sus líneas. Además, a diferencia de la del 62, la escuadra de Maturana llegará a la Copa Mundo con un buen fogueo internacional y con un trabajo continuo de cuatro años, con lo que los jugadores sabrán de memoria el estilo y las técnicas de juego a utilizar. O sea, por primera vez no habrá improvisación en el aspecto deportivo y eso, si bien no garantiza el triunfo, es un paso adelante.
Hablar de lo que será la participación colombiana en Italia es por lo menos apresurado en estos momentos, cuando aún no se conoce cómo quedarán integrados los seis grupos mundialistas. Por el momento, se sabe que las cabezas de grupo son Argentina, Italia, Alemania Federal, Brasil, Bélgica y la sexta se definirá la próxima semana, cuando se sepa cuál de los dos, Francia o España, alcanza la clasificación. Las posibilidades en este momento están con España pero, en caso de que los dos equipos clasifiquen, Francia será la favorecida.
Otro hecho que desde ahora está definido es que en la primera ronda los colombianos no se enfrentarán a ningún otro equipo suramericano, de acuerdo con las normas de la FIFA.
Esto es un punto a favor de la selección nacional, pues a nivel continental el elemento sorpresa se pierde y todos los países se conocen al derecho y al revés, lo que haría más peligroso un enfrentamiento con alguno de los vecinos. Lo anterior quiere decir que lo más posible es que Colombia se tenga que enfrentar en la primera ronda con un país europeo, por lo menos, y con uno asiático, africano o centroamericano - ¡Costa Rica!
Aunque en el papel las cosas suenan difíciles, posiblemente en el campo de juego no lo sean tanto. De cada grupo de cuatro, clasifican los dos primeros para la fase siguiente. Suponiendo que el equipo de Maturana quedara en un grupo junto con Bélgica, Arabia Saudita y Yugoslavia -que está dentro de las posibilidades-, para clasificar sería necesario empatar con Bélgica y Yugoslavia, y quedar con una diferencia de goles favorable. Si se logra vencer también a alguno de los dos europeos, el paso quedaría asegurado de manera automática.
De todas formas, sea como sea, pasar a la siguiente ronda puede considerarse como todo un triunfo. Estar entre las 16 mejores selecciones del mundo es todo un honor para cualquier país, y especialmente para Colombia que hace 27 años no asiste al máximo evento del deporte mundial.
De ahí en adelante, cualquier cosa que venga es ganancia. Si la selección de Maturana llega a sortear con éxito la segunda ronda, será la mayor hazaña en la historia del deporte colombiano. Pero eso ya es soñar. Una buena actuación en la primera fase del Mundial es suficiente para que el esfuerzo haya valido la pena y para que todo un pueblo, que ha visto rotas sus aspiraciones a lo largo de casi tres décadas, se sienta orgulloso de su selección.
Francisco Maturana y sus muchachos hicieron olvidar las frustraciones de las selecciones de Bilardo, de Vidinic, de Gabriel Ochoa. Pero ahora, cuando la euforia del triunfo aún está viva y cuando se sigue celebrando la clasificación, vale la pena mirar un poco hacia atrás y recordar a toda una generación -o más- de jugadores que colgaron los guayos sin poder asistir a un mundial. Willington Ortiz, el mejor de todos los tiempos, dijo adiós sin alcanzar ni la Libertadores ni la clasificación, tras una larga carrera de éxitos que no se puda cerrar con el broche dorado. Pedra Zape, el eterno arquero del Deportivo Cali, es otro que mereció ese honor.
Alejandro Brand, el volante de Millonarios y compañero de tardes gloriosas de Ortiz; Jairo Arboleda -el maestrico-, Víctor Campaz, Arturo "El Brujo" Segovia y Henry "La Mosca" Caicedo, son algunos de los integrantes de una larga lista de excelentes jugadores que hicieron historia en el país, pero que se quedaron sin la satisfacción ni la vitrina de una Copa Mundo.
Así es la vida. Son muchos los llamados y pocos los escogidos, como dice el refrán. Lo que sí es cierto es que del grupo de Maturana, todos merecen estar en Italia. Y también es verdad que, en estos momentos, el fútbol es la única actividad que le da satisfacciones al país. Seguramente los triunfos deportivos no contribuyen en nada a mejorar la situación de un país en crisis ni a alcanzar la paz. Pero le han brindado a Colombia momentos de alegría y de esperanza. Eso no hay con qué pagarlo.-
LOS HEROES DE CHILE
Fueron los pioneros, los primeros hombres que vistieron la camiseta nacional en una Copa Mundo. Chile-62 fue el escenario en el que Colombia debutó a nivel mundial. Hoy, a la hora de las celebraciones, muchas personas, especialmente aquellos que ahora superan la barrera de los 30 años, recuerdan la emoción que vivieron al escuchar las transmisiones radiales desde la ciudad de Arica, sede de los colombianos.
De ese grupo, comandado por el director argentino Adolfo Pedernera, cuatro se han ido para siempre: Marino Klinger -el morocho vallecaucano delantero de Millonarios y de la selección-, Ignacio Calle, Jaime "Charol" González y Héctor "Canocho" Echeverry, estos tres últimos integrantes de la defensa del combinado nacional.
Las cosas en Chile no fueron fáciles. Colombia quedó integrando el grupo de Uruguay -campeon mundial-, Unión Soviética -uno de los cuadros más fuertes del mundo en ese momento, con el arquero Lev Yashin de líder- y Yugoslavia -a la postre equipo revelación del mundial, con figuras de la talla de Dragoslav Zekularac, el "Pelé blanco". Y a la jerarquía de los rivales se sumó la inexperiencia de los colombianos. Fuera de Efraín "Caimán" Sánchez, de Francisco "Cobo" Zuluaga y de Delio "Maravilla" Gamboa, el resto del equipo prácticamente no tenía experiencia internacional.
El "Cobo" Zuluaga recuerda ahora, 27 años después, los momentos más emocionantes que vivió en Chile:
"Al llegar a Arica nos esperaba en el aeropuerto el embajador de Colombia y había una banda militar que recibió a la delegación y que comenzó a tocar el himno nacional de nuestro país. En el momento de izar el tricolor, el embajador me llamó y me dijo que por ser el capitán me cedía el honor de izar la bandera. Fue un momento vibrante para mí y para mis compañeros. En el aspecto deportivo, recuerdo con gran emoción el primer partido, frente a Uruguay, cuando me tocó cóbrar el penalty que nos ponía en ventaja. Pasaron mil cosas por mi cabeza, como en una película. Yo nunca, en 15 años de fútbol profesional, había desperdiciado un cobro de estos. En ese momento pensé que no podía fallar en el más importante de mi carrera. Le pegué al balón con todas mis fuerzas y lo unico que vi fue que siguió derecho hacia las graderías. Cuando mis compañeros se me acercaron creí que venían a consolarme por haberlo botado, pero cuando los vi saltar miré hacia atrás y me di cuenta que había sido gol y que le había pegado tan fuerte a la bola que rompí la malla y pasó derecho. Eso fue la parte emocionante. Minutos después vino lo triste, cuando nosotros dominábamos y en un contragolpe un delantero uruguayo sobró a la defensa y bañó al Caimán. Yo, en una jugada que me inventé y que ahora se conoce como la coneja, saqué la bola de taco mientras estaba en el aire. Caí dentro de nuestro arco, de espaldas. En ese momento el uruguayo Luis Cubillas, que entraba a asegurar el remate, me pateó en el piso y me fracturó cuatro costillas.
Como en esa época no había cambios, seguí jugando hasta el final a pesar de que el médico me dijo que me saliera. Me llevaron al hospital de Arica cuando finalizó el partido y me tuvieron que poner un pulmón de acero para evitar una embolia (...) Esas eran las épocas en que jugábamos por defender la bandera nacional y por las medallitas que nos daban. Alguna vez Pacheco me preguntó si yo había hecho plata con el fútbol y le contesté que hay dos cosas que no conozco en la vida: el banco de los suplentes y el banco donde se guarda la plata".
Junto a Zuluaga, y defendiendo el arco colombiano, el "Caimán" Sánchez era el veterano del grupo. El "Caimán" recuerda que su mayor emoción fue el empate frente a la URSS: "Ibamos perdiendo 4-1 al comenzar el segundo tiempo. Un marcador irremontable, especialmente en un Mundial. Pero las cosas se dieron. Vino el gol olímpico de Marcos Coll. Los rusos se vinieron abajo y finalmente Marino Klinger anotó el del empate. Fue la página dorada de ese Mundial, según la prensa del mundo entero". Para Herman "Cuca" Aceros, el empate a la URSS también es lo más importante y significativo de esa primera aventura. Claro que tampoco olvida que "el día de la inauguración sentí una emoción inmensa al estar compitiendo en una Copa Mundo. Y así lo sentimos todos porque éramos como una familia muy unida".
En la actualidad, prácticamente la totalidad de sus miembros siguen viviendo en, por y para el deporte. El "Caiman" fue técnico de la selección nacional y en la actualidad es director de la división deportiva del Instituto Distrital de Recreación y Deportes; Delio "Maravilla" Gamboa trabaja con las divisiones inferiores de Millonarios; Carlos Aponte dirige las inferiores del Santa Fe; Jaime Silva es técnico profesional; Fráncisco "Cobo" Zuluaga está en Medellín terminando de escribir una cartilla didactica para enseñarle a jugar fútbol a los niños, da conferencias y seminarios y eventualmente escribe de fútbol para periódicos paisas; Marcos "El Olímpico" Coll dirige las divisiones inferiores del Junior de Barranquilla; Antonio Rada acaba de conseguir el título de campeón con el equipo juvenil del Atlántico; Oscar López trabaja con la Escuela Carlos Sarmiento Lora del deportivo Cali, como técnico; Herman "Cuca" Aceros fue técnico del Cúcuta y en la actualidad sigue entrenando y tiene un almacén de artículos deportivos. Los dos únicos que no siguen en el mundo del deporte son "Velitas" Pérez, que se dedica a la finca raíz, y el "Zipa" González, que es negociante.
Ninguno ha olvidado esa experiencia. Chile-62 marcó sus vidas y el fútbol sigue siendo su gran pasión. Viven de él y para él porque, como le dijo a SEMANA el "Cobo" Zuluaga, "el fútbol se lleva en la sangre. Uno nace futbolista y muere futbolista". No hay nada que hacer.
EL LOCO GENIAL
Alguna vez el técnico afirmó que saber que René Higuita estaba en el arco de la selección "me permite dormir tranquilo". Y no le faltó razón.
Desde su primera aparicion internacional, en el Suramericano Juvenil de Paraguay, en 1985, Higuita ha ido en pleno ascenso hasta convertirse en el mejor arquero del fútbol colombiano. A sus 22 años, ya está catalogado como uno de los mejores del mundo y sus recientes participaciones le valieron un singular despliegue en la revista francesa Onze, especializada en fútbol, en el que lo destacan como la figura de las eliminatorias mundialistas en Suramérica.
Con el correr de los años, René ha depurado su estilo. Pero fue solo en mayo pasado cuando la afición en masa reconoció que estaba ante un fuera de serie. En esa ocasión, en el estadio El Campín de Bogotá, en una noche memorable, Higuita le dio el triunfo al Nacional de Medellln en la Copa Libertadores de América al atajar cuatro tiros penalties, frente al Olimpia de Asunción.
Ahora, en la eliminatoria para Italia-90, de los tres goles que le marcaron a Colombia ninguno entró por culpa de Higuita.
Pero no es sólo su efectividad lo que le ha valido los elogios de la critica internacional. En un esquema en el que los hombres de defensa juegan en línea para provocar fácilmente el fuera de lugar de los atacantes contrarios, René se convierte en ocasiones en el último hombre, en el encargado de salir a los cierres, en un jugador de campo más. Y esto se traduce en esas salidas espectaculares que ponen a sufrir a sus seguidores y a rabiar a los contrarios.
Esa habilidad para llevar el balón en los pies y para eludir contrarios, poco común en los porteros, tiene una explicación: René comenzó jugando como delantero en los equipos de barrio de Medellín. Su vocación estaba por los lados de marcar los goles y no por el de atajarlos o recibirlos. Las cosas cambiaron un día en que el portero de su equipo no apareció y René se ofreció para remplazarlo. Lo hizo tan bien, que en adelante se quedó en el área. Pero no para siempre porque, tanto con el Nacional como con la selección, hace sus famosas salidas con balón dominado como cualquier otro atacante. Esto, que para algunos es payasada, para otros es genialidad. Higuita sabe cuándo hacerlo y en los encuentros clasificatorios se pudo apreciar que esas descargas de ánimos empujaron al equipo en momentos en que estaba perdido en el terreno o se había quedado sin motivación.
Todo eso -sus reflejos, su calidad, su locura- hace de Higuita el mejor del momento. Es digno sucesor de una dinastía de grandes porteros como Efrain "Caimán" Sánchez, Pedro Antonio Zape, Otoniel Quintana y muchos otros que ya son parte de la leyenda. A partir de junio del año entrante Higuita estará en Italia, con su show para ponerle picante a la Copa Mundo.

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