Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/12/16 00:00

La gran mancha

Uno de los temas más recurrentes del año que termina -y de los anteriores- ha sido el dopaje en el deporte. El ciclismo, la disciplina más señalada.

Floyd Landis, campeón del Tour, podría ser el primero en ser despojado del título de ese carrera por dopaje

El comité olímpico internacional (COI) define el dopaje como "el uso de un artificio (sustancia o método), potencialmente peligroso para la salud de los deportistas y susceptible de mejorar su rendimiento". Para tratar el espinoso asunto, SEMANA me ha pedido escribir sobre el dopaje en el ciclismo, pero es necesario comenzar diciendo que el tema no es exclusivo de las ruedas y los pedales, sino que existe en todos los deportes.

Una verdad que cuesta creer y con la que se ha estigmatizado injustamente al ciclismo, que ha resultado, paradójicamente, víctima de su propio invento. La historia lo señala como el pionero en los controles al dopaje desde hace más de 40 años y el primero en establecer los controles sanguíneos hace ya una década, mientras el resto de los deportes permanecen esperando lo que se haga y se diga sobre la bicicleta.

La Unión de Ciclistas Internacionales (UCI) pierde el año por su rigidez para controlar el uso indebido de medicamentos y métodos de los ciclistas. Este deporte se vio sacudido en 2006, antes, durante y después del Tour de Francia, por una operación policial llamada Operación Puerto, en España, en la que fueron sindicados de usar métodos prohibidos cerca de 70 deportistas -entre ciclistas, atletas, tenistas y futbolistas- . Sospechosamente, sólo se conoció una lista con nombres de ciclistas y se ocultó el resto. Y eran ni más ni menos los mejores del mundo, a quienes se les impidió tomar parte en el Tour: Iván Basso, Enrique Gutiérrez, Jan Ulrich, Óscar Sevilla, Santiago Botero y Joseba Beloki, entre otros.

Hoy, la historia dice que esa fue una acción desmedida, absurda, sin pruebas fehacientes, sin validez deportiva y menos jurídica, que no hizo sino perjudicar enorme e irremediablemente a los deportistas, a sus equipos, a sus patrocinadores y la imagen de un deporte que es de los más populares del mundo.

Esa misma historia dice que ninguno de los ciclistas mencionados en la famosa lista fue sancionado. Ni la UCI ni la misma Policía española pudieron abrir un proceso, como tampoco las federaciones locales o los Comités Olímpicos. Todos los señalados correrán en 2007.

Y contra todo lo que se diga o se suponga, hoy el campeón del Tour de Francia 2006 sigue siendo el norteamericano Floyd Landis, a quien encontraron 'positivo' por uso de testosterona, una vez concluida la prueba. Landis, como todo ser humano, acudió al derecho que tiene a defenderse y se ha empeñado en una lucha científica y jurídica que pretende demostrar su inocencia, como lo hizo María Luisa Calle. Mientras se llega a una instancia final, gústenos o no, el 'gringo' sigue ahí.

Lo que se hace necesario ahora es tener una información adecuada del tema y sacarlo del clóset, aceptándolo como una "nueva realidad", según palabras de la experta española Myriam Pallarés. Una realidad en la que se controla, pero también se cometen equivocaciones y juzgamientos garrafales.

La gran conclusión es que el dopaje, no sólo deportivo sino social (marihuana, cocaína, éxtasis y licor), seguirá existiendo mientras el hombre exista y que en la medida en que la tendencia crezca y se perfeccione por parte de la humanidad, también habrá que perfeccionar los controles.

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