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| 7/25/1988 12:00:00 AM

LA GRAN META

Con un recorrido mas corto que el de años anteriores y una buena dosis de montaña, el Tour 88 puede ser para un colombiano.

Ya la gente se está cansando de oírlo, pero lo cierto es que si alguna vez van a tener los colombianos un recorrido favorable en el Tour de Francia, eso va a suceder en la versión de 1988. Aunque esa frase parece ser la repetición del "ahora sí" de todos los años, un análisis del trazado de la prueba que comienza el próximo 4 de julio revela que los escarabajos podrían dejar sus laureles muy en alto.
Claro que eso no será fácil. Aparte de las dificultades mismas de la prueba, es evidente que la pasada Vuelta a España dejó cierto mal sabor entre los aficionados. El pobre desempeño de los equipos colombianos fue imposible de ocultar y a pesar del éxito relativo de Fabio Parra, en esa prueba y del triunfo de Herrera en el Dauphiné Liberé, el resto de los pedalistas nacionales corrió francamente mal.
No obstante, aún los más escépticos deben reconocer que el trazado de la vuelta ibérica no era el más apropiado y que -aun más importante- ciertos corredores pueden estar próximos a alcanzar su nivel ideal. Es por eso que vale la pena mirar lo que puede pasar en el Tour número 75, que este año parte del departamento de la Loire Atlantique, al sur oeste de París.
Para decirlo en pocas palabras, la gracia de este Tour que viene, consiste en que va a ser el más corto de los últimos años. El año pasado, la Federación Internacional de Ciclismo decidió limitar las pruebas por etapas a una duración máxima total de tres semanas. Por lo tanto, y a pesar de las protestas de los organizadores del Tour, la prueba debió limitarse tanto en días, como en distancia recorrida.
En esta oportunidad, los corredores deberán completar 22 etapas y cubrir un total de 3.231 kilómetros (unos 600 menos que lo tradicional), lo cual da un promedio de 147 kilómetros por cada una. Como consecuencia, la etapa más larga será de 220 kilómetros, sustancialmente más corta que las de otros años, cuando era corriente recorrer 300 kilómetros en un solo día.
Esa menor distancia, debería ser aprovechada por los corredores colombianos que no tendrán que "quemarse" demasiado en el plano.
Más aún, los escarabajos no se verán expuestos a las larguísimas pruebas contra-reloj del pasado. Los conocedores del deporte todavía recuerdan con horror la etapa Saumur-Futuros cope del Tour de 1987, en la cual había que cubrir una distancia de casi 88 kilómetros.
Ahora la pesadilla es "normal". El mismo 4 de julio, después de la etapa inaugural, habrá una segunda consistente en una contra-reloj por equipos, de un máximo de 40 kilómetros de recorrido. Ese tipo de prueba será seguido el 8 de julio por una contrareloj individual de un máximo de 55 kilómetros y por una más el 23 de julio -un día antes del final de la prueba- sobre un total de 42 kilómetros, incluyendo un pequeño ascenso. En medio de esas contra-reloj en terreno plano, habrá una de montaña el 15 de julio, la cual recorrerá los 34 kilómetros que hay entre Grenoble y Villard de Lans.
Aparte de la reducción de la distancia en terreno plano, al igual que el menor kilometraje de las contra-reloj, el Tour versión 1988 tiene su buena dosis de montaña. En esta oportunidad, la gran diferencia respecto del año pasado se basa en que los corredores deberán escalar primero los Alpes y después los Pirineos, lo cual puede beneficiar a los colombianos dados los diferentes tipos de escalada. Además, habrá bastantes etapas de montaña, sin llegar al exceso del año pasado, cuando se demostró que tantas subidas no les eran favorables a los colombianos.
El primer contacto con la montaña tendrá lugar el domingo 10 de julio en la etapa entre Reims y Nancy, donde la llegada tendrá lugar en el alto de Licure. Al día siguiente, habrá una dura escalada intermedia, la del Col du Donon entre Nancy y Strasbourg, que constituye el preludio de una etapa que termina en plano.
La verdadera fiesta de las cumbres comienza a partir del miércoles 13 de julio con una etapa entre Besanñon y Morzine, la cual es seguida por la de Morzine-L'Alpe d'Huez, con llegada en subida. El viernes 15 es el turno de la contra-reloj de montaña, al término de la cual los corredores tienen descanso hasta el domingo 17 de julio, fecha en la cual comienzan los Pirineos con una dura prueba entre Blagnac y Guzet Neige, también con llegada en subida. Esa línea de carrera continúa el lunes siguiente entre Saint Girons y Luz Ardiden, una etapa de 181 kilómetros que comprende seis puertos de montaña, incluyendo el famoso Tourmalet y Luz Ardiden, donde estará la meta.
Si a esas alturas de la prueba los escarabajos han contado con suerte, todavía les queda una última etapa el 21 de julio, tres días antes de llegar a París. Ese día los ciclistas deben cubrir los 193 kilómetros que separan Limoges del también conocido Puy de D'me.
Ya con esa etapa, se termina el recorrido favorable para los nuestros. Como queda claro, las oportunidades de un gran desempeño son obvias. De las 22 etapas, seis terminan en subida en sitios -como el Alpe d'Huez- donde los colombianos ya han probado que pueden ganar.
La gran pregunta, sin embargo, es la de la preparación de los rivales. Asumiendo que los colombianos van a llegar en buena forma, es evidente que 1988 puede ser un año bueno debido a que rivales peligrosos en otros tiempos no lo son hoy en día. En primer lugar, es necesario hablar del campeón del año pasado, el irlandés Stephen Roche, quien ya anunció que no defenderá su título debido a un problema en una rodilla. El retiro de Roche confirma una especie de maldición del Tour de Francia, en los años 80. Otros tres triunfadores (Bernard Hinault, Laurent Fignon y Greg Lemond) se han visto imposibilitados para defender en su oportunidad el maillot amarillo debido a problemas de salud.
Más aún, los favoritos esta vez no han brillado. Aparte de Sean Kelly, el resto no se muestra amenazador. Fignon, quien comenzó el año muy fuerte, se vio perjudicado por la fractura de una mano que le obligó a guardar reposo, al igual que Jean Francois Bernard quien sufrió un grave accidente hace algunos días. Lemond ha tenido un pobre desempeño en la primera parte de la temporada. Delgado y Millar, han demostrado que les faltan kilómetros y es posible que Andrew Hampsten llegue muy fatigado después de su triunfo en el Giro de Italia. En resumen, para este Tour de Francia, nadie pinta todavía como "el gallo".
Esa circunstancia, claro está, no implica que los colombianos las tienen todas consigo. Aparte de que los nuestros han experimentado los problemas conocidos, hay también que tener en cuenta que para todo gran ciclista un triunfo en el Tour constituye la consagración profesional. Por esa razón, por más montaña que haya, lo más prudente es no ser triunfalistas. Si los colombianos han de destapar champaña, eso sólo se podrá hacer el 24 de julio si un escarabajo termina en los Campos Elíseos vestido de amarillo.



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