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| 4/29/2014 12:00:00 AM

Primero fue el gol: así llegó el fútbol a Brasil

Esta es la historia de cómo el deporte más popular del mundo conquistó el gigante sudamericano.

La primera piedra: un inglés trae el balón

A finales del siglo XIX, procedente de Inglaterra, Charles Miller (foto), un ciudadano brasilero de ascendencia europea, regresó a Brasil luego de una larga estadía como estudiante en el viejo continente. Durante ese tiempo desarrolló una gran pasión por el “deporte rey” como aficionado y como jugador. Al notar que el fútbol era desconocido en su país paulatinamente difundió su práctica. Inicialmente entre su círculo más cercano, en su mayoría compañeros de trabajo.

Fue así como el 14 de abril de 1895 Miller organizó en Sao Paulo el que sería el primer partido del que se tiene registro oficial, un amistoso entre ingleses radicados en la ciudad. Su equipo, el Sao Paulo Railway venció 4 a 2 la Compañía de Gas.

Luego de que Miller introdujera el juego el fenómeno fue creciendo y nacieron los primeros clubes. El Athletic Club de Sao Paulo (hoy desaparecido), fue el primer conjunto organizado de la ciudad, y también el primero en conquistar la copa del Campeonato de Fútbol Paulista en 1902, evento que aún se disputa. Hoy Charles Miller es para todos los torcedores brasileños el papá del fútbol.

Solo para la élite

Arthur Friedenreich es uno de los mayores goleadores de la historia del fútbol brasileño. Fue uno de los primeros mulatos en convertirse en jugador profesional.

Al principio el fútbol estaba reservado para los más ricos, más blancos y más privilegiados de Brasil. El resto, mulatos, negros, pobres, indígenas no podían ni tocar el balón. El deporte, directamente importado de la Inglaterra victoriana, se caracterizaba por la formalidad de jugadores y asistentes, de tal manera que no era extraño ver en los partidos a espectadores usando traje corbata y sombrero.

Aunque las élites eran quienes acaparaban la práctica oficial del fútbol esto no impidió que en los barrios bajos de distintas ciudades brasileras se empezara a practicar el deporte, improvisando los balones de materiales como trapo y jugando los partidos en cualquier potrero. El sesgo clasista del fútbol brasileño se superó en 1910 cuando un grupo de obreros fundaron el Corinthians, bautizado así en honor a un equipo inglés con el mismo nombre.


La exclusión de jugadores de color cesó con la aparición de figuras como Arthur Friedenreich, de madre afro-brasilera y padre alemán. Una leyenda que según la FIFA metió 1284 goles en su carrera. Sin embargo, fue el Vasco da Gama que impulsó la revolución racial del fútbol brasileño. El equipo de Rio de Janeiro fue campeón en 1923 (foto) con un equipo que incluyó negros, mestizos y blancos de origen humilde. Aunque trataron de vetarlo de las competencias oficiales, la posición de Vasco finalmente se impuso.

A partir de ahí la inclusión y la profesionalización de los jugadores fue un proceso que se consolidaría en años posteriores y el fútbol se convirtió en el deporte de todos.

El camino al esplendor

La ruta de Brasil como selección tuvo un inicio modesto. En Uruguay 1930 el equipo no logró superar la primera ronda; en 1934 solo logró llegar a octavos de final. Fue en 1938 que le fútbol brasilero empezó a destacarse, cuando por fin el país había superado los estigmas de raza, clase y profesionalizó a sus jugadores. Ese año de la mano de su gran figura, Leónidas da Silva (foto), Brasil alcanzó el tercer puesto de la copa. El resto es leyenda: el doloroso Maracanazo cuando la Seleção perdió el 16 de julio de 1954 de local contra Uruguay; Pelé, Garrincha, Didí y la conquista del Mundial de Suecia 1958; el espectáculo que montaron Pelé, Rivelino, Gerson y Tostao en México 1970; las conquistas más recientes en USA 1994 y Corea-Japón 2002. Sin contar ocho Copas América, cuatro mundiales sub 20, tres copas confederaciones. El pentacampeón, que jamás ha faltado a una cita mundialista, es la selección más exitosa de la historia del fútbol.

La política, un jugador más

El general Emilio Medici junto a Carlos Alberto, quien acababa de conquistar la Copa Mundo de México 1970.

La historia del fútbol abarca algo más que los partidos y torneos. La pasión desbordada de los brasileños por el deporte rey es tan colosal, que no tardó en ser usada por sus dirigentes políticos. El caudillo Getulio Vargas, quien ocupó la presidencia en cuatro ocasiones entre 1930 y 1954, puso en marcha su plan del “Estado Novo” luego de un autogolpe de Estado en 1937.

Quería ganarse al pueblo con el balón. Bajo las consignas de unión y desarrollo construyó obras como el estadio de Pacaembú; subsidió los gastos de la selección para el Mundial de 1938, creó federaciones regionales y el Consejo Nacional del Deporte.

El general Emilio Medici, que llegó al poder con el golpe de Estado de 1964, buscó capitalizar a su favor la imagen de la brillante selección Brasil de 1970. En la etapa de clasificación y después de ganar el campeonato, Medici se valió de propaganda y una continua exposición en medios junto a los jugadores para fortalecer una imagen positiva de la dictadura.

En años más recientes Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva ha mostrado cada vez que pueda su pasión por Corinthinans, un club que, como él, tiene orígenes humildes y logró alzarse a lo más alto. Dilma Roussef, quien presidirá el país en plena Copa Mundo, tuvo que enfrentar las históricas protestas de junio de 2013 impulsadas, entre otras causas, por el despilfarro en las obras mundialistas. El éxito de la competencia puede ser clave para la posible reelección en septiembre de Dilma.


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