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| 4/29/2014 12:00:00 AM

Por qué los japoneses serán locales en Brasil

Aunque Colombia no enfrenta a Brasil, la comunidad japonesa en este país es tan importante que los Samurais azules se sentirán jugando como en casa.

“Con el fútbol tengo dos corazones. El de la izquierda es brasileño y el de la derecha japonés”, dice a Semana.com Isabel Kuramoto, mientras se lleva las manos al pecho. La señora atiende junto a su marido Francisco (foto abajo) un toldo, en el mercadillo artesanal de Liberdade, el barrio japonés de Sao Paulo.

Ambos tienen los ojos rasgados y cierta tranquilidad oriental. Francisco, que no habla japonés, cuenta que sus padres llegaron de la isla “por allá en 1939 o 1940. No sé bien de dónde eran. Acá llegaron miles como ellos, por una nueva vida”.

Incluso millones. La comunidad nipo-brasilera llega a 1,5 millones de personas y es la mayor colonia del país del Sol Naciente en el mundo. En Sao Paulo no es raro cruzarse con japoneses, “falando” portugués, vestidos con la ‘Verde Amarela’.


Casi todos ellos mercan en Liberdade, un pequeño Tokio paulista con supermercados llenos de tés, soyas, pescados secos, champiñones, tallarines “made in Japan”. También hay una multitud de restaurantes de sushi, sashimi y tempuras, un sacerdote sintoísta, tiendas como cosméticos Ikesaki, pasteles Yoka, karaoke Samurai, hotel Nikkey Palace, asociación Okayamakenjinkai, fundación Wakayama Kenjinkai.

Paulo Yamamoto, un vendedor de kimonos a 80 reales, dice que “soy solo Brasil. Voy por Japón cuando no juega la selecao”. Hoy varios restaurantes y bares de Liberdade transmitirán el partido y si bien, según la FIFA, Colombia es el tercer país con más boletas vendidas para el Mundial, sus rivales japoneses jugarán cada partido frente a una multitud de fans locales, que apoyarán a los Samurais Azules con toda, como si estuvieran en el Olímpico de Tokio.

Una de las calles del barrio Liberdade en Sao Paulo.

Los colonizadores


La historia de cómo los japoneses se establecieron en Brasil remonta al siglo XIX. En 1868 la era Tokugawa terminó en Japón y con ella 250 años de una monarquía represiva y un sistema económico feudal. La isla, que era uno de los países más cerrados del mundo, abrió sus puertas. El nuevo gobierno del periodo Meiji tenía la misión de impulsar a un país rezagado y empobrecido.

Como parte de sus objetivos, Japón permitió que sus nacionales surcaran los mares en busca de nuevos horizontes. Una gran cantidad viajó a Estados Unidos, Australia o Canadá. Pero por la gran cantidad de inmigrantes que llegaron a estos países, su admisión fue restringida.

Brasil había abolido la esclavitud en 1850 y necesitaba mano de obra para desarrollar su gigantesco territorio. Los nipones eran trabajadores disciplinados y eficaces que querían salir adelante. Fue un matrimonio natural, aunque pasó por muchos altibajos.

El 18 de junio de 1908 los primeros 781 japoneses arribaron a costas brasileras. Se habían embarcado 52 días antes en el buque Kasato Maru y los esperaba una vida ardua en granjas del estado de Sao Paulo, reglamentada por un convenio entre los gobiernos de Rio de Janeiro (entonces capital) y Tokio.


El barco Kasato Maru, donde llegaron los primeros japoneses.

Tiempos difíciles

Con los años, más y más japoneses llegaron a Santos, el puerto de Sao Paulo. Para 1932, 130.000 japoneses trabajaban en colonias agrícolas en condiciones precarias. El proceso de adaptación fue difícil, pues no hablaban portugués y sus costumbres y religión eran radicalmente diferentes.

Además los brasileños los veían con sospecha. Una revista de la época advirtió que “el gobierno de Sao Paulo es terco. Tras el fracaso de la primera inmigración japonesa, contrató 3000 amarillos más. Insiste en dotar a Brasil con una raza diametralmente opuesta a la nuestra".

Pero la comunidad fue creciendo y creó escuelas, publicaciones, templos. En 1933 se editaban en Brasil 20 impresos, 15 revistas y cinco periódicos japoneses. Y en Sao Paulo existían 200 centros educativos para los hijos de los inmigrantes nipones.

La Segunda Guerra Mundial cortó ese crecimiento paulatino. Brasil se alió con Estados Unidos, los enemigos de Japón y restringió las libertades de los japoneses. Confiscaron bienes, cerraron los colegios, les prohibieron manejar vehículos, los obligaron a andar con salvoconductos e incluso algunos fueron internados en campos especiales.

La integración


Tocó esperar a la pos-guerra para que se normalizaran las relaciones. Los japoneses y sus descendientes se integraron a una sociedad diversa, donde convivían inmigrantes italianos, alemanes, judíos, sirios, españoles, polacos con indígenas, negros y descendientes de colonizadores portugueses.

Con el tiempo los nikkei, como se denomina a los descendientes de japoneses, se volvieron parte esencial del mosaico étnico nacional. Su aporte en técnicas agrícolas, en el desarrollo de un cinturón verde para abastecer a Sao Paulo o en los artes marciales fue esencial.

A finales de la década de los ochenta Japón se consolidó como una potencia económica mundial. Muchos descendientes de aquellos agricultores japoneses, volvieron a su isla en busca de oportunidades. El Ministerio del Trabajo de Japón facilitó visas de trabajo para suplir vacantes en los que ellos denominan los trabajos “sucios peligrosos y humillantes” (las tres K en japonés: Kitsui, Kitanai y Kiken). Hoy hay aproximadamente 300.000 nipo-brasileros trabajando en Japón.

En el gigante suramericano los matrimonios entre brasileros y japoneses se hicieron más frecuentes, el portugués se fue imponiendo como el idioma materno y varios empezaron a ocupar cargos públicos de toda índole, inclusive en ministerios. Hoy hay casos como el de Luiz Gushiken, principal consejero de comunicación de la administración de Luiz Inacio ‘Lula’ Da Silva o el del teniente brigadier Juniti Saito, comandante de las fuerza aérea brasileña.


La modelo brasileña Juliana Imai tiene orígenes japoneses.

El fútbol nipobrasileño

Y en el país del fútbol rey, también era claro que los nipo-brasileros se iban a destacar pateando el balón. Sérgio Echigo, un nisei (japonés de segunda generación), se inventó el drible elástico donde el balón parece quedarse pegado al pies del jugador, que Ronaldinho volvió famoso en todo el mundo.

Zico, el famoso ‘Pelé blanco’, hizo el camino contrario y se embarcó a Japón donde jugó por largos años y entrenó a la selección japonesa después del Mundial de 2002. Deco (brasileño nacionalizado portugués), quién ganó dos Champion’s League, es de madre japonesa, mientras que Marcus Tulio Tanaka (foto) con 43 selecciones japonesas, nació en Sao Paulo.

Con una 'torcida' del tamaño de Medellín, el 24 de junio en la Arena Pantanal de Cuiabá, Colombia no solo deberá cuidarse de la velocidad de los futbolistas japoneses. Pues como dijo Alberto Zaccheroni, el italiano que dirige la selección de Japón, la inmensa comunidad japonesa “va a motivar aún más a los jugadores, con las responsabilidades que van de la mano. Va a ser como jugar a domicilio”.



*El artículo que contó con reportería de Manolo Villota
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