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| 7/12/2014 12:00:00 AM

La invasión albiceleste de Rio de Janeiro

Más de 100.000 argentinos viajaron para vivir de cerca la final de la Copa Mundo. Crónica de la marea gaucha en Brasil.

Caravanas, vans, buses, carpas, carros casa, decenas de automóviles y carpas. El Sambódromo, ese mastodonte de concreto donde celebran el carnaval de Rio de Janeiro, parece por estos días un pueblo gitano. Hasta ahí llegaron cientos de argentinos, con sus trapos y banderas, para pasar las noches a la espera de la gran final de Brasil 2014 contra Alemania.



Todos se despiertan con caras de cansancio, de mañanas sin ducha, de vigilia sinfín por manejar horas desde la frontera, a 2.000 kilómetros de distancia. En medio de toallas que secan, una mesita de plástico y un par de butacos, Adrián de Buenos Aires se sirve un mate, para espantar el frío y la lluvia que se tomaron a Rio en los últimos días.



Le dijo a Semana.com: “somos 10 durmiendo en un bus, vinimos hace un día. Queremos que sea ya el partido, estar adentro del Maracaná y sufrir. Acá no se puede dormir, o muy pocas horas, por los nervios, por la fiesta, por todo. Pero vamos a buscar la revancha del 90”.

En la fila para los baños, donde la gente se asea como los gatos, se ven camisetas de Boca Juniors, River Plate o Independiente. Pero también muchas de clubes más chicos como Quilmes, Temperley, Talleres de Córdoba. Claudio Magnavita, secretario de Turismo de Río de Janeiro, explicó que “hay una invasión argentina en Brasil” y que “la ocupación hotelera está completa”.

Los alrededores del Maracaná también están plagados de camisetas albicelestes. Con una sonrisa casi tan grande como el mítico estadio, le toman foto a todo lo que ven, deambulan por los alrededores, como en un peregrinaje previo a la catedral del fútbol. “¡Ya me entró la emoción!” grita una argentina en la estación de metro.

Aerolíneas Argentinas sacó 20 nuevos vuelos a Rio en los últimos días y triplicó sus precios originales. En La Nación un portavoz de la compañia explicó que "el valor de cada pasaje es de $ 31.000 (3.600 dólares). Son valores especiales porque se trata de chárteres, es decir, que van, dejan el pasajero y vuelven vacíos. Por eso son costos que pueden alcanzar el doble de lo que habitualmente se paga por un pasaje."

La mayoría de los argentinos solo tiene un objetivo en mente: entrar como sea al Maracaná. En la mítica playa de Copacabana, teñida de albiceleste, se encuentran muchos revendedores y compradores potenciales. Pero los precios son de locos: entre 5.000 y 20.000 dólares.

Y no hay ninguna garantía de que las boletas sean originales. Pero muchos suponen que los brasileños que ya tenían sus entradas las van a terminar revendiendo para no ver a sus verdugos alemanes y a sus archirrivales argentinos pelear por el título. Aunque con solo pisar, y eventualmente celebrar en suelo carioca, ya dan el sueño por cumplido.

Por todo Rio hay pelotones de policías militares, con uniforme negro y Ak-47 terciada. También varios helicópteros patrullan los aires y se ven agentes en los metros, las avenidas y las playas. Para evitar posibles disturbios y garantizar que la final sea una fiesta, más de 25.000 uniformados se tomaron la ‘Cidade Maravilhosa’. El doble de lo normal.

El miedo es que estalles enfrentamientos entre brasileños y argentinos por la fuerte rivalidad futbolística entre los dos países. Algo que no parece muy probable, pues los locales, a pesar de la amargura por la tanda de humillaciones en los últimos partidos de la Copa, tampoco les alcanzan la rabia como para ponerse violentos.



Eso sí, más de uno ‘torcerá’ por Alemania. Ya se ven carros ondeando en sus ventanillas estandartes de la república federal europea y en Copacabana se inventaron una bandera brasileña con los colores alemanes. También se han vendido miles de camisetas rojas con rayas negras, como la de Alemania en la goleada a Brasil, como la del Flamengo, el equipo más popular del país. Teutones de verdad verdad se ven más bien pocos. Pero caminan tranquilos, sin sobreactuarse, con una confianza fría en la Mannschaft.
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