Lunes, 23 de enero de 2017

| 1998/01/12 00:00

LA MONTAÑA MAGICA

La montaña mágicaCon la llegada del fin de año el esquí empieza su reinado en el mundo mientras intentabuscar un espacio en Latinoamérica.

LA MONTAÑA MAGICA

Aspen es uno de esos pueblitos estadounidenses que parecen sacados de una de esas aburridas películas en donde todo es lindo y todos son felices. Y la realidad es que en esta pequeña ciudad de cerca de 10.000 habitantes, enclavada en el centro del estado de Colorado, todo es lindo y todos parecen felices. Pero no es nada aburrida. Aspen se ha convertido no sólo en uno de los destinos turísticos más apetecidos por estas épocas de vacaciones, sino en uno de los principales centros para practicar en el continente americano un deporte que desde hace algunas semanas empezó a reinar en buena parte del planeta: el esquí. En Colombia y en la mayoría de países latinoamericanos _con excepción de Argentina y Chile, en donde existen temporadas y campos de esquí_ este deporte ha sido considerado históricamente como una disciplina exótica, alejada de los afectos de la mayoría de sus habitantes. Sin embargo la realidad es que de un tiempo para acá lo que antes era una disciplina que parecía reservada sólo para los norteamericanos y europeos está luchando por ganar un espacio en un continente en donde el fútbol es el rey indiscutible. Según Diana Lane, coordinadora de comunicaciones del Aspen Skiing Company _una de las compañías más reconocidas de esquí en Estados Unidos_, "cada vez son más los latinoamericanos y suramericanos, especialmente brasileños, que están viniendo a esquiar". Colombia no ha sido ajena a este intento del esquí por salir del closet en Latinoamérica, y prueba de esto es que en las principales ciudades hay agencias que han abierto planes especiales para viajar a los campos de esquí. Lo mismo sucede con algunas aerolíneas, como Continental, que desde este año iniciaron vuelos desde Bogotá hacia destinos especializados como Aspen. Antes, llegar a uno de estos campos era una verdadera odisea, que debía partir desde aeropuertos en otros países.Para algunos este fenómeno puede tener algunas explicaciones. La primera de ellas es que en la casi totalidad de los países de la zona el fin de año viene acompañado con la terminación de las temporadas profesionales de la mayoría de los deportes, en especial del fútbol. Y es precisamente el hecho de que la temporada de esquí en un destino como Estados Unidos, más cercano y accesible para los colombianos y latinoamericanos que Europa, vaya desde mediados de noviembre hasta mediados de abril, lo que ha permitido que deslizarse sobre la nieve se convierta no sólo en una alternativa en esa época del año sino en un deporte diferente para los latinoamericanos, a quienes les es imposible practicarlo en sus naciones de origen. Pero aparte de esto, uno de los factores que también ha contribuido a que cada vez más latinoamericanos recorran las montañas vestidas de blanco han sido las ofensivas publicitarias y comerciales de las empresas estadounidenses en busca de promocionar este deporte en el resto del continente americano. En este momento cerca del 20 por ciento de los esquiadores en las pistas estadounidenses provienen de países entre México y Argentina. Parte de las estrategias se basan en ofrecer paquetes de variados precios y condiciones, que incluyen desde todo tipo de diversiones turísticas hasta programas para aprender a deslizarse en los esquíes tradicionales o a manejar la sensación de las últimas temporadas de invierno: el snowboard (ver recuadro). Sitios como Aspen, por ejemplo, aparte de ofrecer pistas en cuatro montañas diferentes, realizan certámenes reconocidos internacionalmente como las 24 horas de Aspen (ver recuadro), mediante los cuales incentivan su práctica.Por ahora, durante varios meses más, los copos de nieve seguirán cayendo y el esquí será el rey. Las montañas se volverán mágicas y vestidas de blanco impecable esperarán pacientemente a todos aquellos que quieran deslizarse por sus laderas onduladas en las que sólo hay espacio para las grandes sensaciones. n24 horas de vértigoSin duda alguna uno de los eventos más llamativos de la temporada internacional de esquí ocurrió el fin de semana pasado en las montañas de Aspen, Colorado. Se trata de la carrera de resistencia más dura del mundo: las 24 horas de Aspen. Decenas de periodistas y miles de fanáticos de este deporte viajan desde hace 10 años, cuando se creó la competencia, hasta el lugar donde se realiza este particular evento que pone a prueba los límites de la resistencia humana para observar la que muchos han denominado las 24 horas de dolor. Equipos integrados por dos esquiadores de 10 países distintos, entre ellos dos de Latinoamérica _Argentina y Chile_, participaron en esta prueba que lo único que les reporta es el honor de tener el título del 'esquiador más tenaz'. Durante 24 horas continuas las parejas de participantes deben esquiar a lo largo del recorrido determinado por la organización, luchando contra el reloj y las adversidades del clima. Los equipos son transportados a la cima de la montaña en una góndola, una vez allí deben descender uno detrás de otro la colina en un tiempo no mayor a los dos minutos. Para conseguir esto los esquiadores alcanzan velocidades de hasta 150 kilómetros por hora, lo que dice bastante de la capacidad y calidad de quienes toman parte en esta prueba.La carrera obliga a los competidores a luchar no sólo contra los retos técnicos que la montaña impone, además deben superar la intensa fatiga, la privación del sueño, el frío intenso _que en las noches puede llegar a ser de menos15 grados centígrados_, los cambios en las condiciones climáticas y la tensión generada por mantenerse alerta durante el descenso. Los participantes tan sólo tienen los pocos minutos que dura el transporte en la góndola desde la base hasta la cima de la montaña para comer y hacer sus necesidades fisiológicas. En ese recorrido también deben ajustar su equipo y reciben masajes. El año pasado el conjunto ganador alcanzó la victoria esquiando 75 vueltas y 74.680 metros en descenso, lo que equivaldría a haber esquiado 323 kilómetros en línea recta. Pero aparte de la competencia en sí, que cuenta con público las 24 horas, lo importante de este evento es que todos los recursos que se consiguen en él _en 1996 se recolectaron 250.000 dólares_ son destinados para obras de caridad.

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