Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/01/02 00:00

LA NEGRA GRANDE

Con unas botas prestadas y el pasaje regalado, María Isabel Urrutia ganó el título mundial en levantamiento de pesas y marcó un nuevo registro universal en Estambul, Turquía.

LA NEGRA GRANDE

CUANDO EL HIMNO NACIONAL COmenzó a sonar en esa lejana sala de Estambul, Turquía, donde se realizó la premiación del mundial de pesas, y la bandera tricolor ondeó sobre las de China y Turquía, segundo y tercer lugares, el corazón de María Isabel Urrutia palpitó con fuerza. No importaba que en Colombia su victoria, no sólo deportiva sino sobre las dificultades, resultara casi completamente ignorada. Al fin y al cabo una vez más le había cumplido al país, y eso era lo importante.
Esta caleña, de 29 años, acababa de imponer en la modalidad de envión un nuevo registro del mundo con 132.5 kilos, en arranque logró levantar 105.0 kilos. En arranque-envión totalizó 237.5 kilos, con lo que superó a Chen Shu-Chin, quien representaba a la potencia de este deporte, China, y se había convertido durante los últimos torneos en su máxima rival.
Lo importante del triunfo, aparte del campeonato mismo, es que María Isabel demostró por encima de todo que es una profesional. Para poder viajar tuvo que recurrir, como en ocasiones anteriores, a la caridad pública, y esta vez fue una agencia de viajes la que le regaló los pasajes hasta Estambul.
Como las botas con las que compite no se producen en el país, y las suyas no siguieron soportando el paso de los años, María Isabel también tuvo que rebuscarse la forma de completar esa parte esencial de su equipo: consiguió que una amiga le prestara las suyas para lo que tardara su presentación.
Una semana después, cuando fue a la casa de su amiga y las regresó, había hecho el mejor negocio de su vida. Con ella quedaban las cuatro medallas de oro -tres del mundial de Turquía y una de los juegos de Odesur- que consiguió con los zapatos prestados.
Pero ese no era el final de su victorioso recorrido por el mundo. El sábado 26 de noviembre, al terminar su participación en Estambul, María Isabel viajó a Venezuela, en donde Colombia tenía una delegación de deportistas para los juegos de Odesur, que se celebraron en Valencia. Allí se encontró con su hermano Robinson, medalla de oro en los 100 metros a quien le dijo que tal vez no participaría en el lanzamiento de disco porque una gripa mal cuidada le había afectado las amígdalas y no se sentía muy bien.
Sin embargo al día siguiente, cuando los jueces llamaron por el altavoz a María Isabel Urrutia para participar en la prueba de lanzamiento, se presentó en la pista. Un poco adolorida y sin haber dormido mucho por el malestar, tomó el disco y ganó la última de sus cuatro medallas de oro antes de regresar a Colombia el miércoles siguiente.

RAICES
En una tarde de 1975 un grupo de niños jugaba por las calles del barrio Mariano Ramos de Cali. Con ellos estaba María Isabel, que en ese entonces tenía 12 años. Corrían y saltaban persiguiéndose unos a otros, sin darse cuenta que un hombre los miraba atentamente desde la esquina. Esa noche el extraño apareció en la casa de María y después de hablar con sus padres le preguntó si deseaba ser atleta. Ella simplemente dijo que sí.
Ese hombre era Daniel Valanta, el primer entrenador que tuvo Urrutia. Vivía a una cuadra y media de su casa y se había dado cuenta de las condiciones físicas excepcionales de la pequeña. Las comprobó siete días después, cuando llevó a María Isabel a participar por primera vez en un campeonato de atletismo en Bogotá en que quedó campeona.
María Isabel se inició en el lanzaniento de disco; pero a medida que pasó el tiempo y su cuerpo fue haciéndose más fuerte, integró otras disciplinas del altletismo. Fue así como se dedicó al lanzamiento de jabalina y poco tiempo después incursionó en bala. A estos tres deportes les dedicó por completo seis de sus mejores años, en los que también triunfó.
Desde hace cuatro años comenzó a probar con las pesas y los resultados han demostrado que esta valluna es toda una atleta integral. En 1991 logró su primer título mundial en Bulgaria, con marca universal para la modalidad de arranque tras levantar un total de 105 kilogramos superar su propio registro de 102.5
En 1992 que quedo segunda en el mundial que se celebró en Sarajevo; había quedado empatada en puntos con Chen Shu-Chin -a quien venció este año- pero los jueces le dieron la victoria a la china.
En 1993 fue campeona nacional y de nuevo en noviembre de 1994 consiguió, por segunda vez, consagrarse como campeona mundial de levantamiento de pesas.


NEGRA REALIDAD
La exitosa carrera de Urrutia, al igual que la de la mayoría de los atletas colombianos, ha sido labrada con base en un gran esfuerzo y sobre todo con muchas privaciones.
El amor a su deporte hizo que la campeona mundial tuviera que terminar el bachillerato por las noches en el colegio Panamericano de Cali, ya que por las mañanas debía trabajar para poder sostener sus entrenamientos por las tardes.
María Isabel es la tercera de cinco hermanos, y debido a las exigencias del deporte que practica, debe alimentarse muy bien, es por eso que la mayoría del sueldo lo dedica a seguir las órdenes de su nutricionista.
Actualmente María trabaja como recepcionista de las Empresas Municipales de Cali, en donde le dan los permisos necesarios para que pueda competir. Según su hermana Luz Marina, la campeona munial de pesas vive 'empeñada' con la cooperativa de su trabajo, porque constantemente debe pedir préstamos para poder seguir sosteniendo su carrera deportiva.
Después de haber dedicado 17 de sus 29 años al deporte, de haber superado varias marcas nacionales y de ganar dos campeonatos mundiales, María Isabel Urrutia fue incluida, el primero de diciembre, en el programa de estimulación a deportistas -cien de oro- que tiene Coldeportes.
Con esto se dio el primer paso para reconocer el largo camino que la nueva campeona mundial ha recorrido, algunas veces con zapatos prestados, por los caminos de la gloria. Ese reconocimiento tal vez alcance para que la próxima vez que María Isabel Urrutia gane medallas de oro lo haga con sus propias botas.

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