Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/09/15 00:00

La raqueta implacable

A la rivalidad que Roger Federer y Rafael Nadal sostienen por el 'ranking' de la ATP se ha sumado Novak Djokovic, un personaje con un objetivo: ser el mejor del mundo.

El serbio Novak Djokovic ha sido la gran novedad de este año tenístico. Empezó como número 16 del ‘ranking’ mundial y si todo sale como tiene planeado, terminará en el tercer puesto

A Novak Djokovic lo traicionaron los nervios en la final del abierto de Estados Unidos. Tal vez fue el miedo escénico por estar ante 23.000 personas en el Arthur Ashe Stadium de Nueva York, mezclado con la presión de tener al frente al número 1 del mundo y campeón defensor del abierto de Estados Unidos, Roger Federer, a quien había derrotado semanas atrás en una final de Master Series en Toronto. Y claro, a eso hay que sumarle el hecho de que jugaba su primera final de Grand Slam.

El hecho es que en sus cortos 20 años de edad, al serbio se le vio inusualmente impreciso. Cometió siete dobles faltas -una de ellas le costó el primer set- y desperdició otros siete puntos de set. Sin embargo, en un partido que quedará en la historia más por la tensión y el fuerte viento con el que se jugó que por la calidad técnica, Djokovic dejó claro que avanza hacia el tope de la ATP y que su aparición refresca la pugna que desde hace tres años mantienen Roger Federer y Rafael Nadal.

Djokovic es serbio, irreverente fuera de la cancha y dueño de un juego constante, demoledor y furioso dentro de ella. Pudo ser cualquier cosa: dueño de restaurante, esquiador, futbolista, pero estaba escrito que recorrería el mundo empuñando una raqueta en su mano derecha.

Es hijo de Srdan (serbio) y Dijana (croata), dueños de un restaurante famoso por sus pizzas y sus pasteles, ubicado en un centro de esquí cerca de su Belgrado natal. Su padre fue esquiador y futbolista y dicen que tenía que arrastrar al pequeño Novak a los partidos de fútbol. Comenzó a jugar tenis a los 4 años y sus padres, preocupados por la seguridad de su hijo en una Yugoslavia azotada por la guerra, trataron de que siguiera con su formación en Inglaterra. Fallaron en el intento, pero tiempo después apareció Nikola Pilic, un croata que fue capitán del equipo alemán de Copa Davis, quien lo llevó a su escuela de tenis cerca de Munich dos semanas antes de que cumpliera 13 años.

Atrás quedaba una infancia llena de buenos momentos y de incertidumbres. Se crió junto a la también tenista Ana Ivanovic -número 5 en el escalafón de la WTA-, ya que los padres de ambos son amigos desde el colegio. Juntos practicaban y luego jugaban a las escondidas. Ambos cuentan que a veces no era fácil conseguir un lugar para entrenar, lo que los llevó a jugar en una piscina desocupada en la sede del equipo de fútbol Partizán de Belgrado. "El club tenía una y como era caro climatizarla en invierno y no la usaban muchos, la vaciaban", cuenta el mismo Djokovic, que debió soportar los bombardeos de las tropas de la Otan sobre Belgrado en uno de sus cumpleaños, un 22 de mayo.

No es uno más

Es profesional desde 2003 y en cuatro años ha dejado su sello en el circuito de la ATP. Es potente, rápido, dueño de un saque letal, de una férrea mentalidad y se mueve con igual facilidad en cemento o arcilla. Es apasionado, dice que está haciendo lo que siempre quiso hacer y que no juega por dinero, más allá de que no le ha ido mal económicamente: ha ganado 3,9 millones de dólares durante su carrera, de los cuales 3,1 en lo que va corrido de 2007.

Ascendió rápidamente. Del puesto 679 subió al 186 en 2004, al 78 en 2005, al 16 en 2006 y hoy es el número 3 del mundo. Tal evolución la consiguió con proezas como vencer en el Rogers Cup de Toronto, en sólo tres días, a Andy Roddick en cuartos de final (entonces número 3 del mundo), a Nadal en semifinales y a Federer en la final. Este triunfo lo consiguió al salvar seis puntos de set en contra, incluido un 40-0 en contra con Federer sirviendo.

En este Abierto de Estados Unidos que finalizó el domingo 9 de septiembre, el serbio demostró que tiene condiciones para ser el número 1 del mundo, como él mismo lo ha pronosticado públicamente. Cuatro horas y 44 minutos necesitó para doblegar al checo Stepanek en cinco sets, una mezcla de espectáculo y tortura que incluyó calambres en brazos, piernas, espalda y continuas intervenciones de masajistas para aliviar el dolor. "Huelo mis zapatos y apestan, pero siempre es bueno ganar este tipo de partidos", bromeó al respecto.

Repitió la faena contra Juan Mónaco en un cerrado juego de octavos de final con dos tie breaks.

Deshacerse de Carlos Moyá en semifinales fue fácil: tres sets corridos, pero en la final se encontró con un Federer defendiendo su título y, lo que era peor, con ganas de venganza. Así, Djokovic recibió la misma dosis que le había aplicado al español dos días antes. "No tuve fortaleza mental para terminar el trabajo que había iniciado, era mi primer final de un torneo de 'Grand Slam' y me pesó mucho esa responsabilidad. Debo aprender a jugar 'sets' y partidos más largos".

La determinación que muestra en cada partido es sólo comparable con el humor que maneja cuando no está en competencia. Famosas son las imitaciones que hace de tenistas como David Nalbandián, Andy Roddick, Rafael Nadal, Federer y María Sharapova -con quien se rumora está saliendo-, todas documentadas en video. No sólo los ha vencido, también se burla de ellos. El día que le ganó a Guillermo Cañas en la final del Master Series de Miami dijo que estaba nervioso por tener que hablar en público y, acto seguido, le preguntó al argentino: "¿Te puedo llamar Willy?"  También ronda por Youtube.com una histriónica sesión de karaoke donde Novak canta el éxito discotequero I will survive. "Mi próximo libro se titulará 'Seven set-points', creo que ello describe lo que realmente pasó en este partido", dijo con respecto a la final perdida ante Federer.  

Ganador de seis títulos individuales, a Djokjovic lo entrenan el eslovaco Marian Vajda, un discreto ex jugador profesional, y el australiano Mark Woodforde, ganador de la medalla de oro en tenis en los Juegos Olímpicos de 1996 en Atlanta y de 12 Grand Slams, todos en la categoría de dobles.

Adidas lo viste, Wilson lo surte de raquetas y su familia lo acompaña en la tribuna cada vez que puede. Roger Federer afirmó que Djokovic y el escocés Andy Murray son el futuro del tenis. Por lo pronto, el serbio ya dejó claro en qué nivel está al vencer fácilmente al británico por 6-2, 6-3 en el Master Series de Indian Wells; nada mal para alguien que estuvo a punto de ser administrador de un restaurante.

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