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| 7/11/1988 12:00:00 AM

LA REVANCHA

Lucho Herrera rescata del ahogado el sombrero, al ganar el Dauphiné Liberé.

"En un juego largo hay desquite", dice el refrán popular y al parecer Luis Herrera lo entendió muy bien. Cuando la popularidad del escarabajo estaba en uno de sus puntos más bajos, luego de la opaca actuación en la Vuelta a España, en la que supuestamente estaba obligado a defender el título alcanzado en 1987, Herrera hizo desmoronar a sus rivales y se alzó con el triunfo en el Dauphiné Liberé, en Francia.

Desde los inicios de la temporada, tanto el corredor como su equipo habían afirmado que sus principales metas en el 88 eran el Dauphiné y el Tour de Francia. En ese orden de ideas, la Vuelta a España no era otra cosa que una fase dentro de la preparación para alcanzar las metas fijadas, y es en este punto en el que radicaron las criticas en contra del "jardinerito". Si se tiene en cuenta que la Vuelta a España es la segunda carrera por etapas más importante del mundo y que Herrera llegaba como campeón, era de esperarse que todos los esfuerzos del equipo Café de Colombia se enfocaran hacia la defensa de ese título, el más importante que ha logrado el ciclismo colombiano en su historia.
En su momento hubo muchas disculpas: la disminución de los tramos montañosos, el mal clima, los vientos de costado y la falta de preparación.
Pero, ninguno de esos inconvenientes sirve como disculpa cuando se sabe que la ronda española era un compromiso de primer orden.

No se puede negar que la demostración de Herrera en las dos últimas etapas del Dauphiné Liberé fue espectacular. Se recuperó de una mala racha que lo afectó en las primeras fracciones, demostró que es el mejor escalador del mundo, venció a hombres de la talla de Mottet y Fignon, y enfrentó el final de la prueba, prácticamente sin un equipo que lo respaldara. Sin embargo, el Dauphiné no es una de las pruebas de primer orden dentro del calendario internacional y un triunfo en él, no se equipara a una decorosa actuación en una de las pruebas que se pueden denominar como de la triple corona --Tour de Francia, Vuelta a España y Giro de Italia--, en orden de importancia.

Una vez finalizado el criterium francés, Herrera y su corte viajaron directamente a Medellín para enfrentar la Vuelta a Colombia, que se está corriendo desde el miércoles pasado.
Y otra vez, como abrebocas de la Vuelta, Lucho afirmó a la prensa que no tenía intenciones de correr a fondo la máxima prueba del ciclismo nacional, aunque si le daban la oportunidad trataría de ganarla. Lo mismo ocurrió con Fabio Parra, otro de los favoritos, que desde el prólogo (modalidad en la que se ha destacado a través de las pruebas que se corren en el país) dejó en claro que se limitará a rodar tranquilamente para acumular el número de kilómetros necesarios para llegar bien preparado al Tour.
Sin duda, el que los dos más grandes pedalistas colombianos del momento no tengan intenciones de buscar el triunfo le resta categoría a la Vuelta, que a partir de las participaciones en Europa se convirtió en una carrera de segundo orden. Claro está que si el sacrificio se hace en aras de una buena participación en el Tour, vale la pena.

Por el momento, Herrera alcanzó la primera de las metas que se fijó al comienzo de la temporada. Falta esperar lo que suceda en el Tour que, en la presente temporada, más que en cualquier otro año, favorece a los escaladores colombianos. Pero también habrá que ver si el haber sacrificado la actuación en otras pruebas, que se amoldaban más a las condiciones de los "escarabajos", valió la pena. Especialmente cuando es claro que, a pesar de la ausencia de los grandes favoritos, el Tour sigue siendo la competencia más exigente del mundo. --
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