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| 6/16/2014 12:00:00 AM

Argentina y Brasil, enemigos por naturaleza

Bosnia, que enfrentó a Messi y su combo en Rio, contó con el apoyo de los 200 millones de brasileños. El desdén local por Argentina no tiene fin.

Gritos, bocinas, pólvora. Ayer por la noche no jugó Brasil, pero el país celebró como propio el gol que el bosnio Ibiševic le metió a Romero, el arquero argentino en el minuto 85. En la tribuna del Maracaná, que los hinchas albicelestes coparon, miles de brasileños le hicieron barra al equipo europeo.

Lanzaron “oles” cada vez que Bosnia la tocaba más de tres veces seguidas, cánticos como "Argentina, pode esperar, a sua hora vai chegar" (pueden esperar, su hora va a llegar) y respondían los ““Ole, ole ole, ole, Messi, Messi” argentinos con un desafiante “Ole, ole, ole, ola, Neymar, Neymar”.



Y es que si hay una rivalidad profunda, una enemistad íntima en el fútbol de selecciones, es la de Argentina y Brasil. Todos los une y todo los separar: países gigantes, con una naturaleza generosa y una pasión loca por el balón. Incluso los brasileños se refieren a ellos como “hermanos”, eso sí siempre entre comillas, y siempre en una frase cargada de burlas.

El Mundial en Brasil, con la presencia de unos 40.000 argentinos en las calles, tiene a todos agitados. Joao, que no se quita su camiseta ‘canarinha’ desde que empezó el Mundial, le dijo a Semana.com que “por mí que ganen sus partidos todos los de América Latina, todos me gustan. Todos menos Argentina, no los soporto. Si hay final contra ellos sería horrible, peor que el Maracanazo”.



Rabia que se alborota cada vez que Diego Maradona abre la boca, como la semana pasada cuando dijo “la distancia entre Messi y Neymar es la que hay entre Maradona y Pelé”. Mientras que en las playas de Copacabana, los fanáticos argentos corearon “Brasilero, brasilero, que amargado se te ve, Maradona es más grande, es más grande que Pelé”. Y es que no hay mayor sueño argentino que traer la Copa de Brasil.

La televisión local ha sabido sacarle el jugo a ese antagonismo. Varias publicidades se burlan de los argentinos. En una de ellas, un par de amigos ven un partido en la sala de casa, cuando de la nada aparece Maradonna, atrapado en un sillón, como el genio de la lámpara.



El 10 lanza su perorata gaucha y deciden vender rápido la poltrona por un portal de Internet. La publicidad apunta a vender todo lo que la gente no quiere en su hogar, como un mueble de Maradona en un juego de Brasil.

En otra publicidad, Romario compra chancletas Havaianas ‘verde amarelhas’ pero solo se queda con el par de derecho. El otro, para empezar con el pie izquierdo la Copa, con mala suerte, se lo manda a Maradona en Buenos Aires.




Una agencia publicitaria gaucha les devolvió el favor. Llenó la calle Rio de Janeiro en Buenos Aires de pasacalles albicelestes con mensajes de “Choripan mata Feijoada”; “Se viene el MaracaMessinazo”; “Alegría Argentina não tem fim!”; “Di María, en Río no hay límite de velocidad”; “Tenemos a D10S, el Papa y el Messías”.



La hostilidad es reciente, pues antes Argentina y Uruguay eran las potencias continentales. Y cuando Brasil ganó todo (58, 62, 70), sus “hermanos” no eran tan fuertes.

Explica Newton César de Oliveira Santos en su libro Brasil-Argentina, historias del mayor clásico del fútbol mundial: “En el momento en el que la selección argentina finalmente se organizó, ganó un Mundial, pasó a ser respetada en todo el mundo y se transformó en una protagonista natural de todas las competiciones en las que participaba, los brasileños empezaron a mostrar una diferencia inferior en los enfrentamientos directos, y revirtieron la situación a su favor con el último cambio de siglo. Fue entonces cuando la rivalidad se volvió explícita, por ambas partes”.}

En la historia han jugado 95 veces, con 36 victorias para Argentina, 24 empates y 35 derrotas. En Mundiales se han enfrentado cuatro veces, la última en Italia 90, cuando los albicelestes sacaron a Brasil en octavos. Una venganza que los hinchas de la ‘Verde amarela’ quieren cobrar más temprano que tarde. ¿En la final?
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