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| 2/13/2015 11:23:00 AM

La salvaje agresión al futbolista Vladimir Marín

¿Qué pasa con el fútbol? Un día, un experimentado técnico -‘El pecoso’ Castro- tira una camilla a la cancha, al siguiente golpean en el rostro al jugador de Medellín.

El país no salía de la sorpresa al ver a uno de los técnicos más experimentados del país –Fernando, ‘El Pecoso’, Castro- arrojar una camilla al campo de juego, cuando conoció de la salvaje agresión al  jugador del Medellín, Vladimir Marín. El futbolista que ha defendido la Selección Colombia recibió un objeto contundente en su rostro.

A la salida del estadio Manuel Murillo Toro, en Ibagué, el bus que transportaba a los jugadores del Medellín fue atacado por vándalos con todo tipo de proyectiles. Una de tantas piedras lanzadas logró su objetivo. La imagen con el rostro de Vladimir Marín ensangrentado debería invitar a una profunda reflexión.

Pese a la gravedad, las reacciones han sido más bien tenues. Quizás porque se trata de un episodio ya visto en el país. En 2009, Juan Guillermo Domínguez resultó herido antes de un Millonarios-Deportivo Cali, cuando el equipo vallecaucano ingresaba al estadio Nemesio Camacho El Campín con el mismo modus operandi: delincuentes agolpados en la cercanía del estadio que lanzan piedras para agredir. Paradójicamente, el partido se jugó como si nada.

A mediados de 2014, hinchas de Nacional denunciaron que vándalos vestidos con colores del DIM incineraron un bus con personas adentro: un crimen que tampoco fue denunciado. Para no ir tan lejos, el pasado sábado se registraron enfrentamientos entre barras de Millonarios después de su partido ante Patriotas de Boyacá.

El problema de fondo es que los episodios de violencia, relacionados de alguna forma, con el fútbol colombiano se están convirtiendo en parte del paisaje. “Se repiten tanto que todos en  el entorno del fútbol se acostumbraron y dejaron de verlo como una rareza”, señaló un conocedor del tema a Semana.com.

Llegó a tal punto el nivel de resignación ante estos episodios de violencia que, hasta el momento, el Medellín ni siquiera instauró una denuncia para que se investigará lo ocurrido. Es más, ni en la página del club apareció un comunicado repudiando los hechos. Si acaso, en la cuenta de Twitter expresaron su rechazo contra la agresión e hicieron un llamado “a la paz y tolerancia”. Como quien dice “no pasó nada”.

Por su parte, desde la Dimayor siempre tienen la misma respuesta, como el episodio ocurrió a las afueras del estadio, después del partido, ellos no tienen ninguna competencia. En este caso, el tema queda en manos de la Policía, que a su vez queda maniatada ante la falta de alguna denuncia para proceder con la búsqueda de los delincuentes.

En otros términos, unos y otros se echan pelota y al final nadie toma cartas en el asunto. Precisamente, esa impunidad es el mayor combustible para esos violentos que se disfrazan con camisetas de cualquier equipo para cometer sus fechorías. Crímenes que ni siquiera son ya denunciados o replicados en los medios.

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