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| 10/20/2010 12:00:00 AM

La trampa en jeringas

A un ritmo parejo en el mundo, el doping le sigue plantando la cara al juego limpio. En Colombia, aunque lleva la delantera en lo científico, falta mucho por hacer.

El deporte vive uno de sus momentos álgidos en la pelea frente al fraude de las drogas. Tratando de controlar sustancias ilícitas, los científicos se encuentran con sustancias creadas por el cuerpo humano como las hormonas de crecimiento, manipuladas en el laboratorio a medida. Del 2003 al 2008, año del último reporte, hubo 20.510 casos positivos (hallazgos adversos) en 1’200.390 análisis, un promedio aproximado de 3.500 positivos por año. Estos datos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), órgano regulador alertan.

Las confesiones de ex deportistas como Andre Agassi, Mark McGwire y Marion Jones, de haber consumido sustancias ilícitas ayudan a desvestir el alcance del problema. Para muchos lo bueno es que hayan tenido el valor moral de decirlo, así corrigen de alguna manera lo que hicieron mal. Pero para Gloria Gallo, química farmacéutica, aunque sean ídolos deportivos, debe haber una condena social.

Agassi, un tenista excepcional, campeón de los cuatro torneos de Grand Slam, escribió en su libro Open que consumió estimulantes, físicamente estaba molido. “Agassi siempre fue mi ídolo. Que haya utilizado drogas no hace que deje de serlo, queda sí un sabor agrio”, cuenta Alejandra Guarín, tenista caleña de 17 años. La confesión de McGwire, ‘hombre récord’ del beisbol, de haber usado esteroides (aumenta la capacidad física), llegó en febrero del 2010, poco antes de firmar con los Cardenales de San Luis para entrenar bateadores. La tolerancia al engaño fue quien la sacó del estadio esta vez; primó el jonrón, el show.

Por su parte, en el 2007 la velocista Marion Jones declaró ante los tribunales federales de Estados Unidos su culpa. La sustancia: tetrahidrogestrinona, una supuesta vitamina, era un esteroide que le sirvió para ganar cinco medallas en los Juegos Olímpicos de Sídney. Jones, sancionada por la federación de atletismo de su país a dos años de inhabilitación y por la justicia a seis meses de cárcel, devolvió sus preseas.

Hubo federaciones que entraron muy tarde a los controles. En Estados Unidos el deporte profesional está manejado por ligas, empresas con reglamentos propios que generaron permisividad en la vigilancia antidopaje. Lo que sucedió, aporta Gallo, fue que los dirigentes no estuvieron muy interesados en que sus atletas fueran examinados. Así se sembró la cultura del doping, como en el ciclismo. El caso de Lance Armstrong es paradigmático, por ahora en la Corte, pero hay dos casos muy frescos. Uno es el del último campeón del Tour de Francia, el español Alberto Contador, quien dio positivo por Clembuterol en un análisis hecho en el día de descanso de la ronda. Según el jinete, la sustancia llegó a su organismo por una intoxicación alimentaria. Habrá que esperar la contramuestra, igual que en el caso del también español Óscar Sevilla, de 34 años, ganador de la pasada Vuelta a Colombia.

El número de casos tiende a aumentar porque hay más controles, y, según Diego Torres, director de la Oficina Regional para Latinoamérica de la AMA “porque también existe un mayor nivel de desarrollo en la investigación científica que facilita el descubrimiento de sustancias complejas y en cantidades muy pequeñas”.

Con lupa universal

La AMA fue creada en noviembre de 1999 por iniciativa del Comité Olímpico Internacional. El ‘Caso Festina’ en 1998 fue una de sus semillas, operación contra una red de dopaje en el ciclismo internacional. Para evitar hechos como éste, el objetivo de la agencia, explica Torres, es que los deportistas estén sometidos a los mismos procesos y compitan en igualdad de condiciones dentro de un deporte limpio y saludable.

En el 2005 la ley dio el paso más importante: 191 gobiernos firmaron el Convenio internacional de la UNESCO contra el dopaje en el deporte, auspiciado por la ONU para la educación, la ciencia y la cultura, que obliga a cada país a adoptar el Código.

Y es que doparse es utilizar algo externo para mejorar el rendimiento, y va en contra de la salud y la ética deportiva. Si un deportista no asiste a las pruebas, no indica el paradero en los controles sorpresa, trafica con sustancias o incita a doparse también merece sanción. Se castigan además de sustancias, métodos, como el instrumentado en la Unión Soviética inyectando aire en el cuerpo de los nadadores para que flotaran más.

Hoy existen atenuantes y agravantes en cada hallazgo adverso que diferencian la trampa del accidente, además de la Autorización de uso terapéutico, un permiso especial para que el atleta enfermo pueda tomar lo que le receten, o el Pasaporte biológico, una historia nutricional, clínica y fisiológica detalladísima.

El panorama nacional

Es indudable el esfuerzo que se ha venido haciendo en Colombia, uno de los países integrantes de la AMA. La lucha la subsidia el gobierno a través de Coldeportes, que cumple el papel de la Organización Nacional Antidopaje (ONAD) -entidad que la AMA le aconseja a cada país formar- porque allí se desarrollaba el Programa nacional desde 1994.

En los últimos cuatro años en el deporte profesional se detectaron 93 casos positivos en 7.074 muestras de atletas. Para algunos especialistas, los casos están vinculados con una crisis de convicción y una cultura de la automedicación. “Muchos no están creyendo en sus capacidades. Piensan que rinden por esa ‘agua panela’ que se ponen”, opina Mauricio Serrato, médico deportólogo.

En el país la parte científica es la más fuerte. Aquí hay uno de los 35 mejores laboratorios del mundo acreditado por la agencia, aunque el 12 de abril pasado éste perdió su acreditación y quedó sin funcionamiento. La AMA verificó los papeles y el laboratorio fue acreditado a través de la Superintendencia de Industria y Comercio, que no es miembro de la Cooperadora internacional para la acreditación de laboratorios (ILAC), por lo que no cumplía con la Norma Internacional para laboratorios (ISL).

A comienzos de julio la agencia levantó la suspensión, pues frente a la Agencia mexicana, el nuevo agente acreditador, cumplió con los requerimientos. Pero antes de la suspensión el actual coordinador del programa nacional, Jorge Alarcón, dijo que de la ONAD se ramificaban todos los paneles: toma de muestras, autorización de uso terapéutico, gestión de resultados, panel de educación, y el laboratorio. Diego Torres, al ser indagado por esto, afirma que “siempre se debe evitar cualquier conflicto de intereses por alguna de las partes involucradas”.

Así, el laboratorio tampoco cumplía con los estándares aprobados por la agencia que dicen que “las actividades de la administración y funcionamiento del laboratorio, así como las instalaciones de acogida, deben ser independientes de la Organización Antidopaje”. La suspensión, una especie de alarma de despertador, hizo que ahora el laboratorio dependa de la subdirección técnica de Coldeportes y deje de ser un panel más. ¿Será ahora más independiente? “Lo ideal es que la ONAD sea autónoma a Coldeportes, pero eso es complicado”, opinó Alarcón.

El problema del dopaje es enorme. Para muchos, 20.000 positivos en el mundo en seis años podría ser un dato menor frente a todos los deportistas examinados. Sin embargo, un solo caso es capaz de mancillar los valores que el deporte representa. Se podrá investigar más, intensificar los controles o subir las sanciones, pero mientras la transparencia del hombre flaquee ante la ambición por ganar, la trampa seguirá viva.
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