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| 10/23/2012 12:00:00 AM

La UCI y su culpabilidad en el caso Armstrong

Más allá del despojo de los siete títulos del Tour de Francia a Lance Armstrong, detrás del escándalo se esconden serias repercusiones para la imagen de un deporte que se muestra más ‘sucio’ de lo que se creía.

El fin de la leyenda de Lance Armstrong puede que solo sea la punta del iceberg de un escándalo que no solo involucra a jefes de equipo, ciclistas y dirigentes, sino que también comprometería la transparencia de un organismo como la Unión Ciclística Internacional.

Y es que el ente rector del ciclismo en el mundo reconoció el lunes pasado que afronta
"la mayor crisis de la historia". Crisis que se hubiera podido evitar, en parte, si el organismo hubiera endurecido su postura frente a las sospechas de dopaje que recaían una y otra vez sobre Lance Armstrong y sus competidores como era el caso del alemán Jan Ulrich, el italiano Marco Pantani y más recientemente el español Alberto Contador.

El compás de espera que se dio la UCI para sancionar a Armstrong, casi a regañadientes después del aluvión de pruebas aportadas por el informe de la Agencia Estadounidense de Dopaje (USADA), deja mucho que desear de una organización que en el papel debería velar por el bien del deporte.

La actitud de Pat McQuaid, presidente de la UCI, quien aseguró que se sintió asqueado leyendo el informe es más una consecuencia a un hecho innegable que un acto de contrición de un organismo, en el que recae gran parte de la culpa de que desde 1993 no exista un podio limpio en el Tour de Francia y de que 20 de 21 ciclistas que subieron al podio desde el mismo año estén bajo sospecha de doping.

Por esto es que la UCI no ha estado exenta de señalamientos, tal es el caso de las declaraciones de la esposa del excorredor estadounidense Greg Lemond , Kathy Lemond, quien acusó al organismo de encubrir, en 1999l un resultado positivo por corticoides de Armstrong, a cambio de 500.000 dólares de la empresa Nike, esto durante la presidencia de del holandés Hein Verbruggen quien estuvo al frente de la UCI de 1991 a 2005.

En la misma línea, resulta inaudito que de 291 controles realizados a Armstrong a lo largo de su carrera ninguno haya arrojado un indicio de dopaje, resultados que si son reseñados en el informe de 202 páginas, de la USADA que acusó al pedalista estadounidense de haber "montado el programa de dopaje más sofisticado de la historia del deporte".

Sin embargo, el indicio más claro de la ‘sospechosa’ relación Armstrong-UCI está en los registros de donaciones donde el corredor aportó en dos ocasiones (2002 y 2005) la no despreciable suma de 125.000 dólares que fueron utilizados para la compra de una máquina para el análisis de la sangre.

Estos testimonios se suman a los cerca de 1.000 que contiene el informe de la USADA y a lo expresado por Richard Pound, director de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) entre 1999 y 2007, que hace una semana declaró que: "no es creíble decir que ellos (UCI) no sabían lo que estaba pasando. Lo denuncié a la UCI durante años".

Por su parte, el director del Tour Christian Prudhomme dijo que el Tour acepta el fallo de la UCI y que en dichos años no habrá oficialmente ganadores de la prueba. Mientas que la USADA dijo en un comunicado. "A pesar de su oposición previa a la investigación se complace de que la UCI haya cambiado de parecer".

Pero aquí no termina el asunto y es que la crisis en materia económica se empezará a ver luego de que Nike y Trek Bicycles retiraran su patrocinio a Armstrong y de que el banco holandés Rabobank decidiera retirar su patrocinio en todas las ramas del ciclismo luego de estar 17 años vinculado al deporte sobre ruedas. De la misma manera se puede esperar que otras firmas patrocinadoras y cadenas televisivas reconsideren invertir en un deporte manchado por las sustancias ilegales.

Lo que si se puede asegurar es que mientras exista el ‘Omerta’ o 'Código de Silencio' entre los ciclistas es poco lo que se podrá saber de la magnitud de involucrados en el escándalo, tal como lo dijo Tyler Hamilton quien testificó en contra de Armstrong y quien fuera co-equipero del mismo entre 1998 y 2001. "No me siento mal por mí. He visto a muchos profesionales contra los que he corrido que están negándose a sí mismos o negando haber visto o escuchado algo sobre el dopaje el Omerta todavía existe. Prefieren enterrar sus cabezas en la arena ".

"Necesitamos más gente que salga y hable sobre lo que sucedió en el pasado. Lo que me enferma es la negación, aquellos que dicen que no sabían nada, los mánagers, los directores deportivos, los masajistas, mecánicos y los corredores que todavía compiten o que volvieron a competir", dijo en dialogo a Reuters.

Por lo pronto desde que no se reformule el ciclismo desde su mismo núcleo lo único que se puede esperar es que el deporte sobre ruedas siga cobrando ciclistas a su paso como ocurrió ahora con Armstrong y años atrás con el desaparecido Marco Pantani.
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