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| 7/11/2014 12:00:00 AM

Finales de infarto de la Copa del Mundo

Este domingo se juega la vigésima final de la Copa del Mundo. Desde 1930 ha sido el partido de fútbol que todo jugador quiere jugar y ganar.

Quienes han tenido la fortuna de estar allí han escrito historias de diversa índole. Y varias de esas finales han entrado en la leyenda.

Terror en el vestuario
La primera final de la Copa del Mundo se jugó en Montevideo el 30 de julio de 1930 y en ella se enfrentaron el equipo de casa con Argentina. En aquella época un partido entre esos dos países era una causa nacional a ambos lados del Río de la Plata. Era tal la guerra entre ambas escuadras, que se decidió jugar un tiempo se jugó con un balón argentino y el segundo con uno uruguayo. Al terminar el primer tiempo los argentinos ganaban 2 a 1. Sin embargo, en el vestuario había un ambiente fúnebre, pues habían amenazado de muerte al mediocampista argentino Luis Monti y a su familia si Argentina quedaba campeón. En el segundo tiempo Uruguay anotó tres goles y ganó la Copa Jules Rimet. “Monti estaba tan asustado que cuando se caía un uruguayo iba y lo levantaba”, recordaba su compañero Varallo. 

Pocas semanas después Monti se nacionalizó italiano y jugó en Roma la final de 1934, en la que el equipo italiano recibió amenazas, pero no de sus rivales sino de Benito Mussolini, que prácticamente los obligó a salir campeones del mundo sí o sí. Con la ayuda descarada de los árbitros superaron a España en cuartos de final, a Austria en la semifinal y tuvieron que luchar 120 minutos para superar 2 a 1 a Checoslovaquia. Orsi, de nuevo, esta vez al ganar, se salvó de las amenazas de Mussolini. En el Mundial de Francia de 1938 Italia retuvo el título al vencer con claridad a Hungría 4 a 2. 

Maracanazo y milagro alemán
Las dos finales más dramáticas y épicas de la historia de los mundiales se jugaron en los torneos posteriores a la culminación de la Segunda Guerra Mundial, que impidió jugar las copas del mundo de 1942 y 1946. Al terminar el conflicto Brasil fue designado como país organizador de la cuarta Copa del Mundo, que se disputó en 1950. Por primera y única vez el torneo no tuvo un partido final, sino que el campeón de aquel torneo se definía en una liguilla final, en la que los cuatro ganadores de cada grupo jugaban todos contra todos y el campeón era el equipo que acumulara más puntos. Por ese motivo en ese Mundial no hubo un partido final. Sin embargo, el último juego de esa liguilla decidía al campeón. Brasil había goleado 7 a 1 a Suecia y 6 a 1 a España, mientras que Uruguay había empatado a dos tantos con los escandinavos y había vencido 3 a 2 a los ibéricos. Así que a Brasil le bastaba un empate ante Uruguay para coronarse campeón del mundo. Sin embargo, Uruguay logró remontar la desventaja de 1 a 0 merced a los goles que marcaron Juan Alberto Schiaffino y Alcides Gigghia, y que enmudecieron a las 200.000 personas que abarrotaban el estadio Maracaná. Para Brasil aquello fue una tragedia. Se produjeron numerosos suicidios y desde entonces nació la leyenda de la garra uruguaya.

Cuatro años más tarde, en Berna, Suiza, el mundo estaba preparado para la consagración de Hungría, la selección que dominaba el fútbol europeo desde 1946. Los húngaros comenzaron el torneo derrotando 8 a 3 a Alemania Federal. Sin embargo, en ese juego se lesionó Ferenc Puskas, su máxima estrella. Hungría llegó a la final y volvió a encontrarse con Alemania. Los alemanes contaban con un aliado: el clima. Decían ellos que si hacía sol el día de la final, no tendrían ninguna oportunidad de vencer a Hungría. Para su fortuna, en Berna amaneció lluvioso y el campo de juego del estadio Waldorf estaba pesado. Los alemanes contaban con una innovación técnica: guayos con taches intercambiables. Eso les permitió utilizar los taches óptimos para jugar en un terreno resbaladizo, lo que les dio una ventaja ante los húngaros, que a cada rarto se resbalaban y operdían el equilibrio, lo que entorpecía su juego.

Ese día reapareció Puskas y Hungría anotó muy rápido dos goles que hicieron pensar en una nueva goleada. Sin embargo, Alemania reaccionó y a los 22 minutos del primer tiempo ya había logrado emparejar el marcador a dos tantos. El partido prosiguió en medio de la lloviozna. Cuando faltaban seis minutos para el final, Rahn marcó el tercer gol alemán. En la réplica, Puskas marcó un gol pero el árbitro lo anuló por un presunto fuera de juego que no fue muy claro.

Alemania, que apenas nueve años antes era un país en ruinas y ocupado por los ejércitos aliados, había logrado lo impensado. Este triunfo, que coincidió con el resurgir de la economía alemana, pasó a la historia como “el milagro alemán”.

Señoras y señores… ¡Pelé!
En el Mundial de 1958 Brasil logró vencer 5 a 2 a Suecia, el dueño de casa, en un partido que pasó a la historia porque le significó a Brasil ganar (por fin) un Mundial y, además, porque consagró definitivamente a Pelé, que entonces tenía apenas 17 años y unos meses, como el nuevo rey del fútbol. La final del Mundial de Chile de 1962 fue un partido cuyo elemento más llamativo fueron los groseros errores que cometió el arquero checo Schroiff en los goles de Brasil, que ganó 3 a 1. 

El gol fantasma
Cuatro años más tarde, en el estadio de Wembley, en Londres, se jugó el partido más polémico de la historia de los mundiales. Inglaterra, el equipo de casa, enfrentaba a Alemania, que se fue en ventaja con un gol de Haller. Luego Geoff Hurst y Martin Peters voltearon el resultado y parecía que Inglaterra se coronaría campeón mundial en los 90 monitos reglamentarios. Pero pocos segundos antes del final Weber empató para Alemania y obligó a jugar una prórroga. A los 11 minutos del primer suplento, Geoff Hurst remató de media vuelta, el balón golpeó el horizontal, bajó al piso y al rebotar volvió al terreno de juego. El juez de línea Tofik Bakhramov señaló que había sido gol y el párbitro central Gottfried Dienst lo convalidó, lo que desató las protestas de los alemanes. ¿El balón entró o no entró? No existe ningún documento gráfico o audiovisual que determine si el balón traspasó completamente la raya de gol o no. Los alemanes buscaron de nuevo el empate sin éxito y, cuando el partido ya expiraba, Hurst escapó sin marca por la banda izquierda con el balón dominado. Dice él que al acercarse al arco pensó en reventar el balón a la tribuna para que terminara el partido, con tan buena fortuna que su remate entró por el ángulo superior derecho del arco de Tilkovski, quien ni siquiera tuvo oportunidad de estirarse. Este gol, además de darle cierta legitimidad al título obtenido por Inglaterra tras el polémico “gol que no fue”, convirtió a Hurst en el único futbolista que ha marcado tres goles en una final de la Copa del Mundo. La final de 1970 ha sido señalado como el triunfo del fútbol arte (Brasil) sobre el fútbol fuerza (Italia). Este partido, que terminó 4 a 1, marcó el final del dominio de Brasil de los años 60 y también fue la despedida de Pelé de los mundiales. 

En 1974, tal como había ocurrido 20 años antes en Suiza, había un gran favorito para ganar el Mundial que era Holanda. Este equipo, comandado por Johan Cruyff, era conocido como La Naranja Mecánica por la precisión de su juego, que se denominó entonces “fútbol total”. Llegaron a la final, en la que enfrentaron a Alemania Federal, el equipo de casa. El partido comenzó con un toque de balón de los holandeses que duró un minuto. Cruyff aceleró, entró al área y Berti Vogts lo derribó. Johan Neeskens marcó el gol de penal cuando los alemanes ni siquiera habían tocado el balón. Luego Alemania le dio vuelta al asunto y al terminar el primer tiempo ya ganaba 2 a 1. En el segundo tiempo Holanda intentó empatar, sin éxito, y de esa manera uno de los equipos más brillantes de la historia se fue con las manos vacías, tal como le había ocurrido a Hungría en 1954.

En la final de 1978 Holanda, ya sin Cryuff, volvió a enfrentar en la final al equipo de casa, que esta vez era Argentina. Cuando estaban a punto de terminar los 90 minutos reglamentarios y el partido erstabna empatado a un giol, Robbie Resenbrink le ganó la espalda a la defensa argentina, pateó al arco y su remate se estrelló en un poste. En la prórroga los argentinos marcaron dos goles más y obtuvieron su primer título mundial, el que habrían perdido si el remate de Rensenbrink termina en la red. La final de 1982 fue un partido poco atractivo en que Italia le ganó sin mayores apuros a Alemania por 3 a 1.

La consagración de Maradona
En el estadio Azteca de Ciudad de México, Argentina obtuvo su segundo mundial de la mano de Diego Armando Maradona, aunque en este partido no marcó gol con la mano. Cuando promediaba el segundo tiempo Argentina ganaba fácil 2 a 0. Pero el drama comenzó cuando, en dos jugadas de pelota quieta, los alemanes empataron el juego. Parecía que se irían a la prórroga y que Alemania aprovecharía el golpe sicológico para liquidar a Argentina. Sin embargo, en el minuto 39 Maradona le hizo un formidable pase a Burruchaga, quien llegó casi al borde del área chica y venció la portería alemana con un remate cruzado.
Cuatro años después los mismos rivales jugaron la final más fea que se había visto hasta entonces. Cuando todo indicaba que se jugarían 30 minutos más de anti fútbol, un muy dudoso penal sancionado a favor de Alemania en los últimos instantes del partido le dio a los germanos su tercer título mundial. Pero si la final de 1990 fue un partido de potrero, la de 1994, que disputaron Brasil e Italia en Los Ángeles, fue el máximo hueso de la historia. Empate a cero goles en 120 minutos de juego en los que, si acaso, hubo tres jugadas de gol. El drama corrió por cuenta de la definición con lanzamientos desde el punto penal. Roberto Baggio, la máxima figura de Italia en el torneo, falló su disparo y Brasil ganó aspa su cuarto mundial.

En 1998 Brasil, defensor del título, y Francia, el equipo de casa, se enfrentaron en el Stade de France. Fue un partido entretenido que Francia dominó a su antojo, en gran parte gracias a los dos goles de cabeza que marcó Zinedine Zidane en el primer tiempo. El drama, se supo luego, se vivió en la concentración de Brasil, ya que Ronaldo, la máxima estrella de Brasil, habría padecido un ataque de epilepsia un par de horas antes de jugarse el partido, y que las drogas que le suministraron provocaron su bajo rendimiento. Varios años después circuló la versión de que Ronaldo en realidad había sufrido una crisis cardíaca.

El aburridísimo mundial de Corea-Japón 2002 tuvo una final a la altura de tan pobre evento. Brasil, sin mayor complicación (ni brillo) venció 2 a 0 a una muy limitada selección alemana. Un poco más interesante resultó la final del Mundial de Alemania de 2006, en la que Francia e Italia empataron a un gol en 120 minutos. Italia obtuvo el título tras los lanzamientos desde el punto penal. Pero el momento más recordado de aquel partido fue el cabezazo que le propinó el capitán francés Zinedine Zidane al defensor italiano Marco Materazzi que lo estaba provocando. Por último, España se consagró en el Mundial de Sudáfrica al vencer 1 a 0 a una muy violenta selección holandesa. Fue un partido feo, a la altura de un Mundial en el cual se vieron muy pocos partidos realmente atractivos. Sólo resta esperar que la final de Brasil 2014 esté a la altura del altísimo nivel que se ha visto en el torneo hasta el momento en que se escribe esta nota.


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