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| 1/9/2015 12:00:00 AM

Las proezas de un colombiano por ser una estrella del fútbol

Mario Patiño es un ejemplo entre todos los jóvenes colombianos que sueñan con hacerse un nombre en el fútbol. Hoy triunfa en Argentina.

Son muchos los niños y jóvenes que sueñan con triunfar en el fútbol, pero son pocos los que lo logran. Sin embargo, la persistencia y la dedicación han logrado abrirle puertas a algunos. Diego Mario Patiño Botero es uno de ellos.

Este joven de 21 años, nacido en La Cumbre (Valle) pero criado en Bogotá está demostrando sus capacidades en Argentina. Actualmente juega como delantero en el Rivadavia argentino C, donde es goleador del equipo y del campeonato, además de tener el récord de cuatro anotaciones en un partido. 

“Soy futbolista desde que tengo uso de razón. Comencé jugando en una escuela llamada Buenos Aires en Girardot y terminé mi etapa como amateur en el Maracaneiros de Bogotá cuando tenía 16 años”.

Pero no todo ha sido fácil para Mario. Intentó en varios clubes profesionales colombianos, pero al final la ilusión se veía truncada. Durante un tiempo mostró su potencial en Colombia, pero al final siempre ocurría algo que lo alejaba de su sueño. La desilusión y algunas lesiones que aparecían cuando estaba a punto de obtener el anhelado cupo en un equipo, hicieron que durante tres años se apartara de las canchas y desistiera del fútbol, dedicándose a los negocios de su familia en el centro de Bogotá.


Archivo particular.
Sin embargo, en el fondo sabía que el balón era su vida y decidió intentarlo nuevamente. Hace tres años se fue para Cali a entrenar con Bernardo Redín, quien lo puso en forma y le consiguió en 2012 un lugar en la segunda división del Atacames en Ecuador. La situación económica era difícil, no tenía ni siquiera para los pasajes, así que cruzó la frontera en chalupa, con una maleta de 30 kilos y un morral de mano en el que llevaba lo más preciado: su uniforme.

En Atacames estuvo pocos meses y mientras tanto presentaba pruebas en el Independiente Avellaneda y Lanús. Finalmente se fue para la cuarta división del Boca Juniors y producto del aprendizaje obtenido allí, volvió al Fortaleza en Colombia, pero nuevamente una lesión y malas pasadas del destino impidieron su vinculación con ese club o con el Expreso Rojo, donde también estuvo a punto de firmar. Tuvo que esperar ocho meses para volver a la lucha.

A pesar de los contratiempos, conoció a Juan Carlos Restrepo, el padrastro de James Rodríguez, quien viendo su talento lo puso en contacto son Silvio Sandri, exrepresentante de James, y quien le ayudó a vincularse con el Rivadavia, donde ha demostrado sus capacidades y ha logrado posicionarse como uno de los mejores jugadores del torneo.

Mario sabe que el camino es difícil, pero está acostumbrado a enfrentar obstáculos y a superarlos. “La idea es seguir creciendo y ascendiendo. Mi meta es la Selección Colombia, no me conformaré con menos”, asegura.
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