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| 7/26/2016 9:06:00 PM

El jugador de las tres finales de Libertadores

En todas las fotos del Atlético Nacional de los últimos 35 años aparece él. Sin ser jugador ha levantado muchas copas, disfrutado triunfos y llorado derrotas. ¿Quién es?

Para aquel entonces las imágenes de la felicidad no se guardaban en teléfonos celulares o cámaras digitales, se archivaban en lo más profundo del corazón. En ese lugar del cuerpo en el que se conserva lo más querido está el jueves primero de junio de 1989, un día antes de que cumpliera 10 años.

La noche anterior Atlético Nacional se había coronado campeón de la Copa Libertadores de América, luego de vencer en una agónica tanda de penales al Olimpia de Paraguay en un estadio El Campín vestido de verde. El resultado en la visita obligó al cuadro verdolaga a remontar un 2-0 en contra y a jugar la revancha en un estadio ajeno, lejos de las montañas, del clima primaveral de mayo y lo más doloroso: lejos de su gente, de la barriada y de esos miles de seguidores que desde la distancia lloraron de la dicha el triunfo de los dirigidos por Francisco Maturana.

Primero fue el arribo de Nacional al Aeropuerto José María Córdova, luego el recorrido hasta Medellín, el carro de bomberos, la alegría hecha bandera y gente, mucha gente que salió a recibir a sus ídolos. Mi mamá y yo fuimos sólo dos de los miles que lo hicieron, en nuestro caso en el Barrio Caribe, en el noroccidente de Medellín. Arriba del carro de bomberos estaba René con esos crespos al viento como la mejor prueba de su rebeldía, Andrés Escobar con esa sonrisa que dejaba ver hasta la última cordal cuando la esbozaba; un Pacho Maturana impecable en su vestir, un Alexis García que saludaba a lado y lado de la Autopista Norte, de la misma manera como lo hacía en el Atanasio; un Leonel Álvarez que ya había mostrado la copa a sus vecinos en Zamora, un ‘Bendito’, una ‘Turbina’, un ‘Palomo’…

Pasaron los días y para conservar esa hazaña épica en la memoria, mi mamá me trajo un afiche en el que bajo el título de: Nacional Campeón Copa Libertadores de América 1989-1990 se veían los hombres que se volvieron dioses al conseguir el título.

En medio de los jugadores y de tanto niño, que al igual que yo muy seguramente rondan los 40 años en la actualidad, y de otros adultos que no se alcanzaban a reconocer, estaba Elkin Saldarriaga, el ‘Flaco’, el hombre que desde hace más de tres décadas es el aguatero del plantel verde, el único de ese equipo de 1989 que estará en el banquillo del actual finalista de la Copa Libertadores.

El agua y el tinto del flaco

En la vida, como en el fútbol, hay partidos cortos y largos. Hay unos de 90 minutos, con tres o cuatro minutos de reposición, alargue y tanda eterna de penaltis como la de aquel 1989; y otros que se acaban antes de tiempo, y en eso Nacional sí que tiene experiencia. Los partidos de la vida de Andrés Escobar, ‘Palomo’ Usurriaga, ‘Pipe’ Pérez, ‘Torito’ Cañas y Juan Guillermo Villa los terminaron las balas asesinas; por el contrario, el partido de Elkin Saldarriaga con Nacional ya va para más de 35 años.

La llegada del ‘Flaco’ a Nacional se dio por allá en 1980 cuando era miembro de la barra Comando Tribuna Verde, y sus entradas al camerino para saludar a los jugadores se volvieron tan habituales como aquellas visitas que se van quedando en las casas hasta convertirse en parte del decorado.

Un buen día Óscar Jaramillo, el utilero de aquel entonces, le dijo que se quedara en el camerino para colaborar un poco. Ya lo demás es historia, alegrías, títulos, vueltas olímpicas y algunas tristezas, como la muerte de Andrés Escobar, que es la que más lo ha marcado en su vida verdolaga.

El ‘Flaco’ es el encargado, además, de mantener bien hidratado el equipo verdolaga, de preparar un tinto con esencias que dentro del camerino verdolaga es tradición: “Ha habido jugadores a los que les encantaba mi tinto, René era uno de ellos, y en la actualidad Franco Armani es el principal seguidor de mi tinto. Esa es una coincidencia a propósito de este momento copero”, dijo Elkin.

El camerino del 89

El 31 de mayo de 1989 el estadio Nemesio Camacho el Campín estaba a reventar, la hinchada verdolaga que no pudo asistir al estadio seguía por televisión el partido con la narración de Édgar Perea y los comentarios de Javier Giraldo Neira. Terminado el primer tiempo no llegaban los goles y con ello se extendía el sufrimiento.

Ya en el camerino Elkin Saldarriaga tenía todo dispuesto para la llegada del equipo: bolsa de agua y botella de suero para cada jugador. A su espalda oyó a Francisco Maturana que con voz fuerte le dijo: “Elkin, pará”. “Pacho les preguntó a dos o tres jugadores cómo veían el partido, creo que a Leonel y al Bendito, si no estoy mal. Luego les dijo ‘Muchachos, ¿qué hablamos en la charla técnica? Miren este estadio como está, gente que se vino de Medellín en bus, en avión, en carro particular, en moto, en lo que ustedes quieran para apoyarlos a ustedes. Ya perdimos 45 minutos, ¿Qué les dije en la charla técnica? Salgan a esa cancha porque ustedes ya saben lo que tienen qué hacer’. Eso fue lo único que les dijo Pacho”.

Y las palabras del chocoano calaron tan bien, que al minuto de juego, cuando todavía estaba Elkin en el camerino recogiendo las cosas, un grito atronador de gol amenazaba con derrumbar los cimientos del Campín: autogol de Olimpia. Cuando al minuto 65 Albeiro el ‘Palomo’ Usuriaga se levantó por las nubes para dejar de cabeza descansando el balón en la red de Almeida, un pensamiento se pasó por la cabeza de Elkin: “Esto es de nosotros”. Entretanto, y a través de los televisores, oíamos al más barranquillero de los narradores perder por momentos la voz al cantar el gol y a Javier Giraldo Neira decir: “Este no es Palomo, es el Espíritu Santo, la Divina Providencia, el milagroso de Buga”.

Elkin vio los penaltis al lado de Níver Arboleda, ‘Jimmy’ Arango y Francisco ‘Tara’ Jaramillo, el utilero de aquel entonces. “Nosotros estábamos con unos nervios bien malucos, pero le teníamos mucha fe a René. En esas Pacho se nos acercó con las manos en el bolsillo y dijo: ‘¿Cómo les parece? René los tapa y estos los botan’. Me acuerdo que le dije a Pacho: Hay que tener fe y él me respondió: ‘¿Más fe? No me pidás más fe, flaco’. Luego vino el cobro de Leonel… Goooool. Nos abrazamos todos y a Pacho se le vinieron las lágrimas”, dice sonriendo con los ojos Elkin, como si fuera de nuevo la noche del 31 de mayo de 1989.

La casa más verdolaga de Santander

En Pedregal, Castilla y Santander, todos barrios del noroccidente de Medellín, hay ambiente de final. Los buses bajan por las lomas con banderas verdes y blancas en sus costados. En los balcones ondean al viento las banderas de Nacional, el equipo que quiere repetir la hazaña realizada por los “puros criollos”.

En la casa más verdolaga del barrio Santander vive el ‘Flaco’ Saldarriaga. Arriba, en la terraza desde la que se divisan Aranjuez, Manrique y Santo Domingo, hay dos banderas que se baten con fuerza, como el sueño de esa hinchada que desea su segundo título continental de su historia, esta vez en casa, entre la barriada, con los suyos.

La habitación que comparte con su esposa, Cecilia, es un museo al equipo de sus amores: afiches, medallas, un muñeco en miniatura de René y fotos, muchas fotos que dan cuenta de sus momentos de gloria con el verde: acá con Lorenzo Carrabs y el ‘Bocha’ Santín, más allá levantando el trofeo de uno de los últimos títulos del torneo local, a la izquierda una foto grupal en la que se destaca el afro de Norberto Pelufo, como el de un rock star de los 70.

El ‘Flaco’ Saldarriaga cumplirá 66 años el próximo 27 de agosto, la misma fecha en que René Higuita cumplirá 50. Ya no es el mismo de antaño, ya no tiene el mostacho tupido y la abundante cabellera negra que se peinaba hacia atrás y que le daba un aire a Pete el ‘Conde’ Rodríguez. Sin embargo, tiene la ilusión intacta, el mismo pálpito del 89 que le decía que esa anhelada copa se quedaba en Medellín. “Yo le pido al Señor que me dé ese regalo de cumpleaños, eso para mí será lo máximo”.

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Y si Nacional llega a ser campeón de la Copa Libertadores por segunda vez, que se preparen los vecinos porque, como dice Diomedes Díaz, el ídolo musical del ‘Flaco’ Saldarriaga: “Hoy hay fiesta, y mañana también”.

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