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| 8/22/1994 12:00:00 AM

LO MISMO DE ANTES

Los deportistas colombianos suben como palma y caen como coco. ¿Qué explica esta historia de grandes triunfos y grandes frustraciones?

NUNCA COMO AHORA COlombia había sufrido tantas frustraciones deportivas. A comienzos de este año no existía página deportiva que no vaticinara los mejores augurios para el deporte nacional. La Selección Colombia de fútbol venía de ganarle a Argentina 5 a 0, mientras el campeonato interno de balompié tuvo el cierre más espectacular de los últimos 20 años. En ciclismo todos hablaban de lo beneficioso que podría resultar el contrato de Oliverio Rincón con el equipo español Onze -en esa época el mejor del mundo-. Los especialistas en el tema afirmaban que éste sería el mejor año de Alvaro Mejía y que Raúl Montaña podría dar la sorpresa en cualquier momento por estar en el conjunto italiano ZG Mobili.

En cuanto al tenis, los colombianos esperaban con ilusión que Mauricio Hadad se metiera al cuadro grande de algún campeonato de Grand Slam; y en automovilismo la crítica guardaba las esperanzas en lo que pudiera hacer Roberto José Guerrero en las 500 Millas de Indianápolis. Sin embargo, vinieron la Vuelta a España, el Giro de Italia, los grandes torneos de tenis, las 500 Millas, la Copa Mundo USA 94 y finalmente el Tour de Francia, y Colombia no consiguió nada de lo que había esperado. Los únicos que lograron triunfos fueron aquellos de quienes no se esperaba nada: Diego Guzmán y Juan Pablo Montoya, los pilotos que triunfan en la fórmula Barber Saab en Estados Unidos; Nelson 'Cacaíto' Rodríguez, con su triunfo parcial en el Tour de Francia, o Wilson Cañizales con su éxito en España.

HISTORIA DE FRACASOS

Lo curioso de toda esta serie de frustraciones es que el país no ha aprendido del pasado. Han sido varias las ocasiones en que el pueblo colombiano ha creído que tiene lo mejor del mundo y al final no encuentra nada. El primer logro deportivo importante para Colombia fue en el Mundial Aficionado de Béisbol que se celebró en Cartagena en 1958. En ese torneo el equipo colombiano se coronó campeón y en el país se vivió una gran fiesta.

Los comentaristas deportivos hablaban de la importancia de este título para la exportación de beisbolistas criollos a las Grandes Ligas de Estados Unidos. Pero pasó el boom y sólo en los años 80 se pudo ver a un colombiano en un equipo estadounidense.

Domingo a domingo Eucario Bermúdez presentaba, en su espacio de Noticias Uno, las mejores jugadas de Jackie Gutiérrez en los Medias Blancas de Chicago. Los aficionados colombianos esperaban ver a Gutiérrez en algún Juego de las Estrellas, haciendo jugadas importantes, o por lo menos se contentarían viéndolo en las tarjetas gráficas de colección de los mejores de las Grandes Ligas. Sin embargo, la espera fue en vano.

Después del boom del béisbol de mediados de este sivlo. vinieron los laureles en atlétismo y boxeo. El atleta Alvaro Mejía fue el primer colombiano que puso a pensar al país en la seria posibilidad de conseguir una medalla olímpica. Antes de las Olimpiadas de México 68, ganó la gran mayoría de las pruebas preolímpicas, pero cuando llegó la hora de la verdad no pudo vencer. No obstante, sus títulos fueron trascendentes y se sumaron a los que años más tarde consiguieron Domingo Tibaduiza y Víctor Mora.

Gracias a esto, en la década del 70 el atletismo se convirtió en uno de los deportes de moda. Los dirigentes hablaron de crear escuelas para preservar el talento nacional, pero desaparecieron los títulos y en el país no se hizo nada. Hoy, dos décadas más tarde, lo único que tiene Colombia para mostrar es a Ximena Restrepo, una atleta que se hizo sola y casi sin recibir ningún apoyo del Estado.

Algo similar pasó con el boxeo, el deporte que sin lugar a dudas dio más triunfos mundiales al pueblo colombiano. El primero en aparecer como gran ídolo fue Bernardo Caraballo, quien en El Campín de Bogotá cayó el 27 de noviembre de 1964 ante Joe Frazer en pelea por el título mundial. Después rompió el ayuno Antonio Cervantes 'Kid' Pambelé, quien el 28 de octubre de 1972 consiguió el título welter junior de la Asociación Mundial de Boxeo, tras derrotar a Alfonso 'Pepermint' Frazer.

Dos años más tarde, Rodrigo 'Rocky' Valdés se coronó campeón del mundo en peso mediano. En 1978, Ricardo Cardona obtuvo el título mundial en pluma junior, y en 1982 su hermano Prudencio consiguió la faja en peso mosca. El 1985 Miguel 'Happy' Lora coronó en gallo, en 1987 Fidel Bassa en mosca y 'Sugar Baby' Rojas en supermosca. En 1988 Tomás Molinares en welter. En 1989 Elvis Alvarez en mosca y Juan Polo Pérez en supermosca, y en 1990 Luis 'Chicanero' Mendoza en pluma. Luego siguieron Rubén Darío Palacio y Jorge Eliécer Julio.

Con 20 años de triunfos, el boxeo se convirtió en el deporte nacional de los pueblos del Caribe, donde todos los niños ansiaban ser algún día campeones mundiales. Otra vez se habló sobre la necesidad de crear escuelas, pero al final no se hicieron. Los héroes cayeron en desgracia y sólo sus escándalos o su pobreza los hicieron retornar a las primeras planas.

Desde comienzos de los 80 el deporte pareció encontrar una solución a la falta de una política sostenida para hacer deportistas de competencia internacional: el apoyo de la empresa privada. Varta, Café de Colombia y Postobón patrocinaron a los equipos profesionales y olìmpicos de ciclismo para que pudieran acudir a las pruebas de ruta más importantes del mundo. Con ese respaldo, los éxitos, que conocen los colombianos de memoria, vinieron uno tras otro. El triunfo de Alfonso Flórez Ortiz en el Tour de L'Avenir en Francia y la primera participación de Colombia en el Tour de Francia de 1983, con una etapa ganada por Luis Alberto Herrera, abrieron la senda exitosa.

Fueron más de siete años felices. 'Lucho' Herrera se coronó campeón de la Vuelta a España, y en pareja con Parra animaron las escaladas en Italia y en Francia. Pero poco a poco este deporte empezó a ceder terreno y terminò sin equipos profesionales en Europa, y con sólo triunfos parciales en etapas. Pero lo más grave de todo es que ciclistas de la talla de Luis Alberto Herrera y Fabio Parra, hoy en uso de buen retiro, no se divisan en el panorama.

El ciclismo es otro de los ejemplos palpables de los deportes que viven un gran boom y al poco tiempo se apagan en un mar de desaciertos. Esa enfermedad contagió, en su época, al béisbol, al atletismo y al boxeo. Muchos otros deportes fueron flor de un día o sólo contaron con figuras individuales que no encontraron campo abonado para dejar su semilla. No hay que olvidar a Helmuth Bellingrodt con la medalla de plata en las Olimpiadas de Los Angeles; a Luz Mery Tristán y su título mundial de patinaje; las cinco medallas panamericanas de Olga Lucía de Angulo en natación; a Iván Molina y Jairo Velasco que eliminaron a Estados Unidos en una Copa Davis de Tenis, y a Mauricio de Narváez y Diego Montoya, cuarto y noveno, respectivamente, en las 24 Horas de Le Mans. O a María Isabel Baena y sus títulos en golf.

Con estos antecedentes, la desastrosa actuación de Colombia en USA 94 recordó a muchos que de la gloria al fracaso, no hay sino un paso. Muchos colombianos no saben si la época dorada que inició el fútbol en 1985 con la selección de Marroquín en el Suramericano Juvenil de Paraguay, y que continuó Maturana, puede terminar de la misma manera en que concluyeron ciclos famosos de otros deportes.

Hasta el momento es difícil saberlo, pero lo cierto es que el fútbol se anotó un gol con el contrato de patrocinio que logró con Bavaria hasta un poco más allá del año 2000. Con el apoyo económico de la empresa privada es mucho más sencillo sacar un deporte adelante. Hasta que las otras actividades y las otras empresas no tomen este ejemplo, será muy difícil que Colombia triunfe en el plano deportivo internacional.
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