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| 7/21/2012 12:00:00 AM

Los colombianos elegidos para los Juegos Olímpicos

Detrás de los deportistas que representarán a Colombia en los Juegos Olímpicos de Londres hay historias sorprendentes de superación. A pocos días de que empiecen las justas, SEMANA habló con nueve de ellos.

Hasta que el barranquillero Helmut Bellingrodt acabó con la maldición, Colombia siempre había regresado de los Juegos Olímpicos con las manos vacías. El himno nacional se escuchó por primera vez en la máxima cita del deporte mundial en septiembre de 1972, en Múnich. Fue tal la algarabía cuando Helmut ganó la medalla de plata en la modalidad de tiro al jabalí, que el juez no tuvo más remedio que usar los altoparlantes para pedirle a la delegación nacional que dejara de gritar.

Esa sería la primera de las 11 preseas que el país ha obtenido en los 116 años de estas justas. Aumentar la cuenta es la misión de los 104 atletas que viajarán a Londres con la bandera tricolor. Algunos ya han participado y buscan la revancha. Otros pisarán por primera vez la villa olímpica. Entrenan mañana y tarde en escenarios tan distintos como un club privado en Ámsterdam, como es el caso de la colombo-holandesa Saskia Loretta van Erven García; y las lomas de la localidad de Ciudad Bolívar, en el sur de Bogotá, como lo hace James Aurelio Rendón. Marchistas, gimnastas, veleristas, bicicrosistas y nadadores, entre otros, lo darán todo por quedarse con alguna de las 4.700 medallas de oro y que, sea cual sea el resultado, lo cierto es que ya todos son ganadores. Algunos de ellos tienen historias de superación y dificultades que merecen ser contadas.
 
DE CIUDAD BOLIVAR A LONDRES
 
James Aurelio Rendón
Edad: 27 años
Lugar de nacimiento: Fresno, Tolima
Compite en 20 kilómetros marcha
 
“Para el ciclismo se requiere una bicicleta con todas las de la ley y para el patinaje unos buenos patines que yo no podía comprar. En cambio, en el atletismo solo hay que tener el deseo inmenso de correr. Eso y cualquier par de tenis, así sean maluquitos”. Por esta razón, James Aurelio Rendón, de 27 años, se dedicó a la marcha. Tenía 12 y un profesor lo reclutó como parte de un proyecto para los jóvenes de la localidad de Ciudad Bolívar, la más pobre y violenta de Bogotá. Al comienzo arrancaron 60 muchachos que recorrían las empinadas calles con pasos acelerados y ese marcado contoneo de cadera. Pero dedicarse a correr era un lujo para ellos. Con el paso de los meses solo quedaron dos. Uno de ellos era James, que con unos tenis de tela llegó hasta su primer campeonato Suramericano a los 17 años y regresó a casa con una medalla de bronce. Pero ni su papá, celador, ni su mamá, ama de casa, ni sus 14 hermanos podían alimentarse de su gloria, así que aceptó el empleo que le ofreció un primo en una fábrica de jeans que le permitía entrenar en las mañanas y trabajar en las tardes. Su jornada era extenuante, pero su esfuerzo valió la pena. Cinco años más tarde ganó el Suramericano en Brasil y entró al programa de deportistas de alto rendimiento de Coldeportes. Con su primer salario se compró unas zapatillas de marca y desde entonces ha corrido en las principales pistas del mundo. Pero no cambia sus viajes ni las lujosas habitaciones de hotel por estar con su familia y vecinos. Tal vez por eso vive en la misma cuadra desde que era un niño. “Yo no estoy acostumbrado a esas comodidades. Todo eso se va, lo que queda son tus seres queridos. Por eso sueño con traer una medalla desde Londres hasta Ciudad Bolívar”.
 
NI LAS FRACTURAS LA DETIENEN
 
Mariana Pajón
Edad: 20 años
Lugar de nacimiento: Medellín
Compite en bicicross élite en 20 pulgadas
 
Cuando tenía apenas 3 años Mariana Pajón dio sus primeros pedalazos. Se subió en una bicicleta vieja, la misma en la que había aprendido su hermano y, como si hubiera nacido montada sobre un caballito de metal, aprendió a manejar el manubrio rápidamente. Aceleró y, aunque no tenía ruedas de apoyo, empezó a andar, primero culebreando en el patio de su casa y luego a toda carrera en las curvas de la pista de bicicross de Belén, en Medellín. A los 4, obtuvo su primer título nacional en el BMX o Bicycle Motocross Xtreme en una categoría masculina, con una bicicleta rosada de la Barbie, y a los 9, se convirtió en campeona del mundo. Desde entonces no ha parado de pedalear, rodar y saltar con su fiel compañera. Ni siquiera en 2007, cuando en una caída se quebró en tres partes la mano derecha, la del freno, o hace un año, cuando se chocó en el aire con otra rival y terminó en el suelo con dos costillas fracturadas y un hematoma en el riñón. Los médicos le recomendaron dejar el deporte, pero ella siguió. “Los sueños que te cuestan más son los que más disfrutas. Yo disfruto al acercarme a la meta y también cuando me caigo, porque me tengo que levantar”, dice. La hormiga atómica, como le dicen en las pistas por sus 1,57 metros de estatura, entrena siete horas al día para llegar a su primera cita con los Olímpicos. Ya perdió la cuenta de cuántos trofeos tiene en su casa, entre ellos 14 títulos mundiales, dos campeonatos nacionales en Estados Unidos, nueve campeonatos latinoamericanos y diez Panamericanos. Con apenas 20 años, quiere convertirse en la segunda colombiana en la historia en traer una medalla de oro olímpica al país. Y no suena descabellado, pues fue elegida para llevar el tricolor nacional en la ceremonia de apertura. “Londres es apenas el comienzo”, dice.
 
LA HOLANDESA TRICOLOR
 
Saskia Loretta van Erven García
Edad: 24 años
Lugar de nacimiento: Rotterdam, Holanda
Compite en esgrima en prueba de florete
 
Aunque su nombre suene extraño, Saskia Loretta van Erven García es la única esgrimista que representará a Colombia en Londres. Hija de la caleña Gloria García Pacheco, seis veces campeona nacional en esa disciplina, Saskia nació en Rotterdam hace 24 años, fruto de una relación que su mamá tuvo con un deportista holandés. Pese a que creció toda su vida en Europa, nunca perdió el contacto con su familia materna y cada vez que salía a vacaciones viajaba a Cali a entrenar con la liga del Valle. Como es natural, Gloria fue su maestra desde los 6 hasta los 13 años. “Le dije que quería practicar esgrima para ganarle a ella”, recuerda Saskia. En su apartamento había un pequeño corredor que hacía las veces de gimnasio y donde recibía clases privadas. “La casa, en lugar de Barbies, estaba llena de floretes y espadas”. En 2008 la joven ganó una medalla de oro en los Juegos Nacionales, pero estuvo a punto de perderla porque el reglamento le impedía competir por el país. Tras dos años fuera de varias copas del mundo y campeonatos europeos, finalmente consiguió el cupo a sus primeros Olímpicos con la nacionalidad colombiana durante los Panamericanos de Reno, Nevada. Hoy Saskia se prepara en el club SchermCentrum de Ámsterdam y ya tiene listo su uniforme tricolor para ir a Londres.

SALTAR SOBRE EL DESTINO
 
Catherine Ibargüen
Edad: 28 años
Lugar de nacimiento: Apartadó, Antioquia
Compite en salto triple

Un brinco, otro brinco y uno más. Catherine Ibargüen cae en la arena a 14,99 metros de la línea de batida. Con esa marca trepó al primer lugar del escalafón mundial el año pasado y se clasificó a sus segundos Juegos Olímpicos. Atribuye esos logros a su persistencia y disciplina. Y es que Catherine, nacida en Apartadó, Antioquia, nunca se rindió, a pesar de que creció en una región azotada por la violencia, lejos de sus padres y bajo el cuidado de su abuela. Pero su mayor obstáculo no fue la guerra ni el desplazamiento forzoso que padeció su familia, sino la falta de oportunidades. Cuando tenía 14 años viajó a Medellín a prepararse para los 100 metros planos y una entrenadora cubana la convenció de que se dedicara al salto triple, modalidad en la que ha triunfado hasta ahora. Su talento la llevó a conocer Bogotá y, años más tarde, a vivir en Puerto Rico, donde actualmente entrena y estudia becada Enfermería en la Universidad Metropolitana. “Si fuera adivina, podría saber si me voy a ganar el oro. Lo único que sé es que voy a trabajar al máximo, voy a dar hasta la última gota de sudor de mi frente y, si de eso depende una medalla, pues bienvenida sea”, dice la antioqueña, que por lo pronto está concentrada en superar su propio récord. 
 
DE CENICIENTA A PRINCESA
 
Princesa Oliveros
Edad: 36 años
Lugar de nacimiento: Apartadó, Antioquia
Compite en 400 metros vallas

Cuando era niña Princesa Oliveros tuvo que recurrir a una mentira piadosa para poder correr: le decía a su mamá que se quedaba en las tardes en el colegio estudiando en la biblioteca, mientras en realidad entrenaba en la pista. “El engaño no me duró mucho. Unos días después, el profesor le explicó que yo tenía el potencial necesario para ser atleta”, dice. Al principio la mujer no estuvo de acuerdo, porque en una familia tan numerosa (14 hermanos) practicar un deporte era un privilegio. “Las zapatillas y la ropa significaban un gasto adicional”. Sin embargo, Princesa pronto le demostró que valía la pena. Al terminar el bachillerato en Turbo, Antioquia, se ganó una beca para estudiar Licenciatura en Educación Física en el Politécnico Jaime Isaza de Medellín. “Al comienzo fue muy difícil porque salía del entrenamiento directo al salón de clases y a veces me dormía”. Perdió el primer semestre, pero siguió adelante e incluso sacó tiempo para hacer una especialización en Gerencia. Quizás es por eso que reconoce el valor de la derrota, pues “cuando uno gana nunca se detiene a ver los errores”. Aunque muchos le insistieron en que se retirara en 2007, tras sufrir una lesión que la dejó por fuera de las competencias, Princesa, de 36 años, insistió de nuevo. Y al parecer le dio resultado: el año pasado clasificó a Londres en la modalidad de 400 metros vallas durante los Juegos Panamericanos de Guadalajara, donde obtuvo un oro contra todos los pronósticos.
 
DE LAS RAMAS A LAS BARRAS
 
Jorge Hugo Giraldo
Edad: 32 años
Lugar de nacimiento: Medellín
Compite en gimnasia artística en paralelas y arzones

Jorge Hugo Giraldo llegó a la gimnasia artística por casualidad. Un primo, sorprendido con sus piruetas en los árboles, le sugirió a su mamá que lo llevara a la liga de Antioquia, donde superó las pruebas físicas, de elasticidad y coordinación con apenas 8 años. Desde entonces empezó a entrenar sin descanso. Consiguió sus dos primeros oros nacionales y triunfó en el Panamericano infantil de São Paulo. Aunque todo iba por buen camino, al poco tiempo de ingresar a las ligas mayores pensó en renunciar. “Me lesioné y además era la época adolescente de los paseos a fincas, pero como me la pasaba en la barra casi no me quedaba tiempo libre”. Hugo se recuperó y hoy, después de dos viajes Olímpicos, es considerado uno de los gimnastas con mayor experiencia en el país. Su esfuerzo no solo se refleja en las decenas de medallas que ha ganado en los últimos 20 años, sino en un reconocimiento poco usual en vida, que obtuvo durante los Juegos Suramericanos celebrados en Medellín en 2010: su nombre adorna el coliseo de gimnasia, ubicado en la unidad deportiva del estadio Atanasio Girardot.
 
CON RITMO AGOTADOR
 
Ómar Andrés Pinzón
Edad: 23 años
Lugar de nacimiento: Bogotá
Compite en natación en 100 y 200 metros espalda (su especialidad) y 200 metros mariposa

“Para convertirte en ganador tienes que actuar como si ya lo fueras”. Esa es la filosofía del nadador Ómar Andrés Pinzón. Desde niño sus papás le enseñaron que para ser el mejor no hay que conformarse con hacer únicamente lo que toca. Mientras estudiaba todos los días debía levantarse a las cuatro de la mañana para empezar a entrenar a las cinco y llegar a clase a tiempo. Volvía a la piscina en la tarde y solo a las ocho de la noche podía sentarse a hacer tareas. El ritmo, aunque agotador, le permitió clasificarse a los Juegos Olímpicos de Atenas cuando tenía 14 años. Ómar alcanzó a probar suerte en el fútbol y el tenis hasta que una profesora lo convenció de que su talento estaba en el agua. Y no estaba equivocada. Recién terminó el bachillerato, más de 15 universidades estadounidenses lo invitaron a sus equipos. Al final, se decidió por la Universidad de la Florida, donde estudia Economía. Hoy, con 23 años, reconoce que el camino hacia el podio requiere sacrificios, pues, según él, “es posible soñar con muchas cosas, pero es necesario tener las ganas de prepararse”. Es tal su voluntad que incluso se mandó a tatuar en el bíceps derecho el logo de los Olímpicos.
 
CONTRA VIENTO Y MAREA
 
Andrey Quintero
Edad: 26 años
Lugar de nacimiento: Guatavita, Cundinamarca
Compite en vela en la modalidad Láser

Andrey Quintero no tiene un bote propio y, sin embargo, es pionero en Colombia en la modalidad Láser, la más rápida y competida en el mundo elitista de las regatas. Aprendió a navegar en una embarcación vieja del club náutico donde trabajaban sus papás, en el embalse de Tominé. Entrenaba todas las tardes después del colegio, pero su bote era demasiado grande y tardó meses en controlar el timón. Una vez lo consiguió, aprendió a moverse en condiciones adversas, a acoplarse a su entorno y, también, a enfrentar la corriente. Cuando empezó a competir no tenía la estatura ni la contextura de un triatleta, pero no se rindió y se sometió a un tratamiento médico. Los doctores le colgaron plomo en los pies para estirarle los músculos hasta que alcanzó los 1,87 metros. Ya tenía la talla pero no quién lo financiara, así que recurrió a rifas, recolectas y préstamos gota a gota para costear su carrera. Y como no podía pagar un entrenador, se ganó una beca para mejorar su técnica en Australia. “Es curioso, pero cuando el viento sopla en mi contra con más fuerza, las cosas se me dan mejor. Por eso, aunque no tengo recursos, voy a representar a mi país por primera vez en la modalidad Láser”. Todavía tiene deudas y cuando viaja a los torneos parece más un mochilero que un deportista olímpico. Se desplaza en bus público, duerme en hostales y cocina su propia comida. Sueña con quedar entre los diez primeros y, si las condiciones meteorológicas se lo permiten, quiere encaramarse al podio. Esa es su ilusión, pero su mayor proyecto es abrir un camino para que otros veleristas colombianos vayan de su mano a los Olímpicos de Río en 2016.

LA GACELA DE CHOCÓ
 
Jennifer Padilla
Edad: 22 años
Lugar de nacimiento: Quibdó, Chocó
Compite en 400 metros planos

Jennifer Padilla siempre ha corrido. Primero, jugando con sus cinco hermanos en la ribera del Río Atrato; luego, por las calles de Quibdó y ya convertida en una adolescente, entrenaba todas las tardes en el aeroparque. Llegó a este sitio por casualidad. La llevó a rastras una amiga que estaba entusiasmada con el atletismo, pero Jennifer se robó el protagonismo. Con sus piernas largas y su braceo parecía una gacela. Medía 1,85 centímetros, lo tenía todo para el deporte, pero también para el modelaje. Al principio alternó el atletismo con las pasarelas, pero luego tuvo que decidir. “Tenía miedo de que mi cuerpo comenzara a parecerse al de un hombre. Hoy siento que las pistas son mi pasarela, ahí desfilo”, cuenta. La Flaca es el mayor orgullo de su tierra. Cuando llega a Chocó cada diciembre y recorre nuevamente sus calles encaramada en un carro de la Policía, le gritan “¡campeona, campeona!”. Quiere regresar con una medalla para que su mamá la ponga junto a todos sus trofeos en aquella casa humilde enclavada en aguas parduscas, sin acueducto ni alcantarillado, pero bañada en gloria.
 
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