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| 9/8/1997 12:00:00 AM

LOS HIJOS DEL VIENTO

En agosto los cielos de Colombia se visten de colores, pero más que una fiebre de temporada o un juego de niños elevar cometas no sólo es un deporte sino un arte milenario.

Agosto es el mes de los vientos. Una época del año en la cual más que nunca el cielo de Colombia se llena de retazos multicolores y los contornos de las nubes son delineados lenta y suavemente por las protagonistas de la temporada: las cometas. Tradicionalmente por estos días miles de colombianos invierten horas en los potreros esperando a que su cometa se comporte a la altura de sus ilusiones, confiados, a la vez, en que los pensamientos vuelen al infinito y los problemas sean arrastrados por el viento. Sin embargo, la realidad es que a pesar de su popularidad no muchos entienden que lo que consideran un hobby de temporada o una actividad para niños no sólo es un deporte de alto rendimiento sino que en el resto del mundo es una actividad profesional que se practica todo el año. "El esfuerzo es como el de un corredor de 100 metros y a la vez como el de un corredor de fondo. Hay que tener mucha fuerza física y capacidad de resistencia", afirma Francisco Martínez, cometero acrobático del Uruguay, especialista en jumping y vuelo en recinto cerrado (ver recuadros). Y es precisamente para comprobar esto para lo que están en el país cerca de 40 cometeros profesionales de 15 naciones.Llegaron desde el primero de agosto y estarán en Colombia hasta el domingo 17. Vienen desde lugares tan distantes como Malasia, China o Australia y su único objetivo es demostrar en el V Festival Internacional de Cometas que el ser cometeros es un arte que no sólo es muy serio, sino que pese a sus muchas especialidades (ver recuadros) prácticamente es desconocido en el país. A cielo abiertoA pesar de que desde hace 22 años se realiza en Villa de Leyva un festival de cometas, y a que el año pasado durante el festival internacional de Bogotá se reunieron 500.000 personas para observar las piruetas de los cometistas, pocos saben que en Colombia existen cerca de 10 clubes de cometeros. En el mundo hay más de 500 asociaciones en más de 60 naciones y los profesionales de la cometa, al igual que cualquier otro deportista, realizan campeonatos mundiales, giras y torneos de exhibición. "Utilizando la cometa adecuada uno puede volar en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier clima", afirma Martínez."En Colombia se tiene el concepto de que elevar cometas es un juego de niños, cuando el promedio de edad de los cometeros profesionales es de 39 años. Además muchos creen que es algo que sólo se puede hacer en agosto, cuando llegan los vientos alisios. Pero la realidad es que por su ubicación geográfica y por su topografía en el país se puede volar en cualquier época del año", dice Jairo Montoya, fundador de la Asociación Ecológica de Cometeros Yaripa, organizadora del festival que se realiza en Medellín, Bello, Tunja, Bogotá, Manizales, Cali y Santa Marta. Cuando nacieron en China, hace más de 2.000 años, las cometas eran empleadas como instrumentos militares y como una forma de entretenimiento de las tropas. De allí se extendieron por el resto de Asia y en el siglo XII Marco Polo las llevó a Occidente, en dónde no sólo continuaron siendo empleadas a comienzos del siglo XX por rusos y franceses como un elemento militar _los británicos elevaban a un hombre en una cometa para divisar las tropas enemigas_, sino que adquirieron un importante papel en la ciencia, como en la meteorología y la aeronáutica.Hoy los cometeros profesionales, como la inglesa Anne Harris, van como trotamundos de país en país mostrando su talento, "buscando entregarle a los espectadores el gran placer y paz interior que uno siente volando cometas", dice, pero sobre todo conservando una mística que tienen en común aquellos que sienten un corazón de cometa y son capaces de dedicar la vida a soltar sus sueños al viento. Son planas y simétricas, son construidas con materiales autóctonos como la Yaripa en Colombia y la Tacura en Argentina.Alcanzan una mayor distancia en su vuelo
Recinto cerrado
Se utilizan cometas ultralivianas. Se elevan gracias a los movimientos rítmicos del cometista. Físicamente es muy exigente Las cometas de dos o más cuerdasEl cometero es quien dirige el vuelo de las cometas y no el viento, como sucede con las de una cuerda. La habilidad del cometero se ve en la precisión de los movimientos. A nivel mundial el canadiense Roy Bethell, de 76 años, es el pentacampeón mundial Cometas de exhibición La variedad de diseños y materiales no tiene límites. Aparte de ser un espectáculo visual, muchas de estas cometas participan en concursos con el fin de romper récord de tamaño o de diseño, para lo cual se llega a contratar a expertosBuggiesLa fuerza del viento mueve el carro de tres ruedas. Se emplean cometas sin estructura que alcanzan hasta 80 kilómetros por hora Jumping Utilizando la fuerza de tracción horizontal de la cometa, el cometero aprovecha los vientos para elevarse hasta 15 metros sobre el suelo. Se utilizan cometas sin estructura y con bolsas de viento Los barriletes guatemaltecos en Guatemala a las cometas las llaman barriletes. La fabricación es una tradición de varios siglos que se transmite de generación en generación. Para realizar uno de estos 'barriletes gigantes', de 13 metros de diámetro, 35 personas trabajan durante 45 días seis horas diarias. Estos se elevan sólo el primero de noviembre, día de los difuntos. Según una vieja leyenda, hace varios siglos en el municipio de Sumpango Sacatepequez _a 42 kilómetros de la capital_ el cementerio era invadido en esa fecha por espíritus malignos que no dejaban descansar a las buenas almas, por lo cual sus espíritus vagaban molestos por las calles. Después de consultar a los brujos, éstos sugirieron a la población que provocaran que el viento chocara con pedazos de papel y así el ruido producido alejaría a los malos espíritus y dejaría descansar en paz a las buenas ánimas. Guatemala es uno de los pocos países del mundo en donde aún se conserva la parte mítica y religiosa que caracterizaron a las primeras cometas en la China hace 2.500 años.
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