Martes, 17 de enero de 2017

| 2009/12/19 00:00

Mal sabor

Colombia volvió a fracasar en la eliminatoria y por tercera vez consecutiva no jugará el Mundial. Lo peor es que no parece haber luz al final del túnel.

Mal sabor

La Selección Colombia de mayores dejó un sabor amargo en la eliminatoria al Mundial de Sudáfrica 2010. Por tercera vez consecutiva quedó por fuera del Mundial, y en esta ocasión lo hizo sin atenuantes.

El buen comienzo (más en resultados que en calidad) que tuvo el equipo en las primeras fechas se vino al traste cuando perdió 1 a 0 con Uruguay en Bogotá y, tres días después, 4 a 0 ante Chile, en Santiago. El técnico Jorge Luis Pinto fue retirado de su cargo y reemplazado por Eduardo Lara, especialista en dirigir equipos juveniles, pero que carecía de la experiencia necesaria para manejar un equipo de mayores que comenzaba a fracturarse. Y pasó lo que tenía que pasar.

La eliminación dejó un mal sabor porque esta vez no fue por diferencia de goles, como en 2001, o por un punto, como en 2005, en ambos casos como consecuencia de dos partidos amañados entre Argentina y Uruguay para que clasificaran los charrúas. No, esta vez el equipo jugó la última fecha ya eliminado y terminó en un deprimente séptimo puesto.

Mal sabor, porque la salida del técnico Jorge Luis Pinto, a mitad de camino, volvió a mostrar que el fútbol, como tantos otros temas en Colombia, es mucho más lo que divide y polariza que lo que une.

Mal sabor, porque resulta llamativo, por decir lo menos, que Colombia haya utilizado 55  jugadores distintos durante la eliminatoria. Eso significa que jamás hubo un equipo y, como consecuencia de lo anterior, jamás se insinuó siquiera una idea coherente de juego.

Prueba de ello, el gran héroe de las primeras fechas, el lateral Rubén Darío Bustos, el de los goles de tiro libre a Venezuela y Argentina, nunca volvió a jugar. El otro héroe de esa primera etapa fue el arquero Agustín Julio, quien recibió el apodo de 'San Agustín' por salvar al equipo de goleadas inminentes. Y cuando la clasificación comenzaba a escaparse, el país futbolístico se aferró a héroes salvadores que de pronto hicieran el milagro: Giovanny Moreno, Giovanny Hernández, Jackson Martínez, Teófilo Gutiérrez. Pero, como suele suceder cuando se improvisa y se dan bandazos sin ton ni son, el esfuerzo de estos jugadores resultó insuficiente.

Mal sabor, porque Colombia no ha sido capaz de recuperar la jerarquía que había adquirido entre 1986 y 1993. Desde la segunda fase de la eliminatoria al Mundial de Francia 1998 se ha vuelto costumbre que Colombia pierda con cualquiera. Luego de la derrota 2 a 0 ante Venezuela, los comentaristas manifestaron que de todas maneras se había jugado bien, y la victoria ante Ecuador en Medellín se celebró como si se le hubiera ganado a Italia.

Tan mal preparado estuvo el equipo, que ni siquiera pudo aprovechar la altura de Bogotá para sacar ventaja de la localía. Como dato curioso, el equipo entrenaba en Rionegro, Antioquia, así que de poco o nada le sirvió a Colombia esa supuesta ayuda extra. Por el contrario, en varios partidos jugados en Bogotá, Colombia terminó más cansada que su rival de turno.

Mal sabor, porque una vez más la gran falencia de Colombia fue la falta de gol, un problema con el que carga desde hace ya muchos años. Qué remotos parecen los tiempos en que Colombia contaba con Adolfo el 'Tren' Valencia, Faustino Asprilla, Iván René Valenciano, el mismo Víctor Hugo Aristizábal… Pero no fue culpa exclusiva de los delanteros. El, o -mejor- los muchos mediocampistas que vistieron la camiseta nacional crearon muy pocas opciones claras de gol y ningún delantero tuvo la continuidad suficiente para afianzarse en esa posición. Colombia apenas pudo marcar en 14 oportunidades (menos de un gol por partido) y recibió 18, es decir, uno por partido.

Prueba de ello, los goleadores (si se puede utilizar ese término) de la eliminatoria fueron Rubén Darío Bustos, Jackson Martínez y Hugo Rodallega, quienes marcaron apenas dos goles cada uno.

Para clasificar a un Mundial hace falta "sumar de a tres", es decir, ganar el mayor número posible de partidos. Pero Colombia, de un total de 18 partidos, apenas ganó cinco de local y uno más como visitante, en la última fecha, ante Paraguay, un juego de trámite, ya que la selección estaba eliminada y los guaraníes habían asegurado su clasificación un par de fechas antes.

Colombia perdió tres partidos en casa, uno de ellos vital, ante Uruguay, momento a partir del cual Colombia entró en la cuerda floja. También perdió ante Paraguay en El Campín y, como consecuencia de una desastrosa actuación, cayó ante Chile en Medellín, en el partido en el que se jugaba la última posibilidad de clasificar.

Fue muy poco lo destacable que hizo Colombia en la eliminatoria. Un triunfo de local ante Argentina, un empate como visitante ante Brasil, alguna pincelada de buen fútbol en uno que otro partido.

Y lo triste es que no parece haber futuro. El país futbolístico (dirigentes, jugadores, periodistas deportivos, hinchas) parece entre conforme y resignado. Nadie habla de cambiar el estilo de hacer las cosas, ni siquiera se sabe quién va a dirigir los destinos de la selección de mayores. Como de costumbre, se habla de contratar un director técnico extranjero. Lo difícil es conseguir uno de jerarquía que se deje manosear por los dirigentes.

La larga senda del fracaso

Desde enero de 2000, luego de la nefasta derrota 9 a 0 frente a Brasil en el torneo preolímpico de Londrina, el fútbol colombiano perdió el rumbo. Si algo bueno había quedado de la era Maturana, además de haberle dado estilo, personalidad y jerarquía al fútbol colombiano, era la continuidad de los procesos. A pesar del descalabro en el Mundial de Estados Unidos de 1994, se mantuvo una línea de juego con Hernán Darío Gómez y Javier Álvarez. Sin embargo, con aquella derrota comenzó un nuevo ciclo signado por la improvisación. Luis Augusto el 'Chiqui' García asumió el cargo de director técnico de la Selección un mes y medio antes de arrancar la eliminatoria a Corea Japón. Colombia tenía buenas posibilidades de clasificar, pero por un empate ante Venezuela lo descabezaron y Francisco Maturana recibió el equipo tres días antes de enfrentar nada menos que a Argentina en el estadio Monumental.

El triunfo de Colombia en la muy irregular y bizarra Copa América de 2001 sirvió de chaleco salvavidas, pero pocos meses después, Colombia estaba eliminada por diferencia de goles. El arranque de la eliminatoria al Mundial de Alemania 2006 no pudo ser peor. Un punto en cuatro partidos, motivo por el cual Maturana dejó el cargo y fue reemplazado por Reinaldo Rueda, quien estuvo a punto de lograr la proeza de llevar a Colombia al Mundial de Alemania 2006.

Como premio, la Federación Colombiana de Fútbol se demoró un año en decidir si Rueda continuaba o no, un año de trabajo perdido, hasta cuando llegó Pinto a la dirección técnica del equipo.

Colombia va a cumplir 10 años de estar en las mismas: técnicos que despiden o renuncian a mitad de camino, decenas de jugadores que van y vuelven en un proceso de prueba y error que tiene a Colombia marginada de los mundiales, dirigentes que permanecen amarrados a sus sillas a pesar de los reiterados fracasos que ellos lideran. Y los seguidores colombianos, otra vez como en tiempos de bárbaras naciones, siguen resignados en los Mundiales a hacerles fuerza a Brasil, a Argentina, a Alemania, al que sea. Porque Colombia, como en los años 60, 70 y 80, que vivía del 4 a 4 ante la Unión Soviética, una vez más parece condenada a vivir 30 años del famoso 5 a 0 ante Argentina. Que, no sobra recordar, ocurrió hace 16 años y tres meses.

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