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| 7/9/2016 12:00:00 AM

El último tango de Messi

El mejor jugador del mundo encarna por estos días la pasión y los intereses económicos y políticos del fútbol. ¿Ídolo o estafador? Seguramente los dos…

El chiste ya es viral: “Messi fue condenado a 21 meses de prisión pero no pisará la cárcel porque no es bueno para los penales”. Una broma cruel que le cobra, al que para muchos es el mejor jugador de fútbol de nuestros días, el penalti desperdiciado en la final de la Copa América. Una imagen que retrata la irónica situación por la que atraviesa un ídolo de multitudes que acaba de ser condenado a prisión por evasión de impuestos.

La acusación es clara: Lionel Messi, el argentino hecho en Barcelona para defender los colores del club del mismo nombre y que ha ganado todo con ese equipo (diez títulos internacionales que abarcan cuatro Champions League y tres mundiales de clubes; 18 títulos nacionales incluyendo ocho ligas de España) también es un crac para evadir obligaciones tributarias: utilizando una red de empresas localizadas en paraísos fiscales él y su padre, Jorge Messi, evadieron cerca de 4,1 millones de euros en impuestos.

Los abogados del crac lo defienden desde la ignorancia que se le puede imputar a un futbolista: “(Messi) nunca dedicó ni un minuto de su vida a leer, estudiar o analizar los contratos”, alegó el defensor Enrique Bacigalupo frente a la prensa, un lugar común pero peligroso, no solo porque el desconocimiento de la ley no exime a nadie de cumplirla, sino porque indirectamente se plantea que una estrella del fútbol no tiene que preocuparse por lo que hace. Para eso están los asesores y los de Messi, alega su defensa, los engañaron a él y a su padre.

El argentino catalán

Los hechos han dado para todo. Desde las trincheras del nacionalismo catalán dicen que es una persecución contra su máximo emblema, el FC Barcelona, en donde Lionel Messi es ídolo, figura y fundamental para ganar títulos –como acaba de pasar con la liga española y la Copa del Rey– y que con esta sentencia se busca desestabilizar al jugador y, por supuesto, al equipo.

“No lo pueden parar en el campo, entonces le someten a un trato discriminatorio en los tribunales. A Messi le han amargado las vacaciones de mala manera”, sentenció Josep María Casanovas, editor del diario Sport, el periódico deportivo de mayor tiraje en Barcelona, mientras Toni Freixa, exdirectivo del club y activista político catalán incluso dice que “las circunstancias que le ocurren (a Messi) son alimentadas desde determinados centros de decisión y de opinión” y concluye que “es sorprendente que el único deportista que sufre una situación como esta sea él”.

Pero Casanovas, tanto como Freixa y los defensores de las teorías de la conspiración contra Messi y el FC Barcelona, se equivocan. Messi no es el único que ha sido requerido por la justicia española tras evadir impuestos.

Ante la crisis económica de los últimos años, el fisco de ese país se puso serio y empezó a revisar fortunas y encontró grandes evasores por doquier: los cantantes Alejandro Sanz, Ana Torroja e Isabel Pantoja (esta última tuvo que pagar dos años de cárcel), la extenista Arantxa Sánchez, su colega Rafael Nadal, el exfutbolista Luis Figo y el entonces capitán de la selección española Iker Casillas. Incluso, en enero de este año, Javier Mascherano pagó una fuerte multa para evitar la cárcel y Neymar está metido en un serio problema de evasión.

Estos dos últimos son compañeros de Messi en el FC Barcelona, pero para el nacionalismo catalán y la imagen de Messi es preferible hablar de una persecución urdida por ese fantasma blanco que vive en Madrid, bandera ideal en estos días de campaña por la independencia de una región políticamente autónoma pero aún parte del Estado español, que aceptar que el ídolo, el símbolo nacional catalán (por más que sea argentino) es un evasor de impuestos al que irónicamente sentenció no un ente de la “opresora” capital española, sino la Audiencia Provincial de Barcelona.

Lo cierto es que Lionel no va a pagar prisión. Tal como ocurrió en el caso de Mascherano, la condena es excarcelable. El problema está en su imagen en un país donde tiene la ciudadanía y en donde se ha hecho rico, pero al que defraudó económicamente. Vale recordar que Messi es uno de los deportistas más ricos del mundo para la revista Forbes, según la cual en 2015 ganó 81,4 millones de dólares para acumular una fortuna cercana a los 300 millones de dólares que le garantizan pagar con tranquilidad la multa de 2 millones que le impusieron.

Como bien lo señaló el exdelantero Gary Lineker, hoy comentarista en la televisión inglesa, “los defraudadores de impuestos de todo el mundo deberían estudiar el mudarse a España”.

Lo irónico del asunto es que, mientras la imagen personal de Messi está por el suelo, su imagen futbolística sigue intacta. Tanto así que, a pesar del escándalo de la evasión y la condena, sus múltiples patrocinadores no han puesto en duda en ningún momento sus millonarios contratos con el argentino. Incluso se especula que pueda llegar al Chelsea en una transacción multimillonaria que lo aleje de una España en la que ya no lo quieren.

Sin embargo, nadie se imagina al Barcelona sin Messi. Para el fútbol, él sigue siendo fundamental en el engranaje de uno de los mejores equipos del planeta, y hasta se dio el lujo de renunciar a la selección argentina y que el país entero, del presidente de la República para abajo, le ruegue que regrese.

No importa que evada impuestos, incluso no importa que haya perdido de nuevo una final con la Albiceleste, en Argentina solo se escucha un ruego: “Messi no te vayás”.

La Copa rota

El domingo 26 de junio Lionel Messi, con la camiseta 10 y la banda de capitán de la selección argentina de fútbol, enfrentaba a Chile en la final de la Copa América Centenario con la obligación de ganar un torneo en el que su equipo era el gran favorito.

Era la tercera final que afrontaba Messi comandando a la Albiceleste en años consecutivos: en 2014 perdió la final del mundial frente a Alemania, en 2015 cayó en los penales con Chile en la Copa América y esta vez de nuevo la definición desde ese punto decidiría el campeón.

Tras un 0-0 en el que había tenido que luchar solo frente a un ordenado equipo chileno que lo controló a la perfección y maniató a sus compañeros, Messi era el encargado de cobrar el primer penal de Argentina. Vidal, la gran figura de Chile, había desperdiciado el primer tiro y él, el 10, el llamado por la historia a llevar a la selección argentina de nuevo a la gloria, el dueño de cinco balones de oro que reconocen al mejor jugador del año en el planeta, falló su disparo.

Argentina terminó perdiendo la copa y extendió su mala racha sin títulos: último campeonato, Copa América de 1993. Desde entonces una de las selecciones más fuertes de la historia no gana nada, ni siquiera con Messi, el llamado a suceder a Maradona, quien los llevó a ganar el Mundial del 86.

“Ya está, lo intenté mucho, es increíble pero no se da. Se terminó para mí la selección”, dijo Messi al primer micrófono que lo buscó tras esta nueva derrota, y todo pasó a un segundo plano en Argentina: el título del menospreciado vecino, la lucha política entre el presidente Macri y la expresidenta Kirchner, la situación de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) que está intervenida por el gobierno y la Fifa y en una crisis institucional sin precedentes…

El país entero se movilizó para pedirle a Messi que no se vaya y las reacciones no se han hecho esperar. “No sirve que venga al seleccionado para hacernos un favor o por el pedido popular. Uno no puede hacer un bien a los demás o sentirse a gusto en un lugar si no está bien consigo. Para él, entonces, es tiempo de descanso y búsqueda”, escribió el comentarista y exjugador Diego Latorre pidiendo calma y paciencia. 

Otros más radicales, como Horacio Pagani, sentenciaron: “Si Messi decidió irse, yo no me pongo de rodillas para que vuelva, empezamos de cero y listo. No me voy a clavar un puñal por él”.

Pero los argentinos, con el tango en la sangre, son propensos a clavarse puñales: “Que ganen o no vuelvan”, había sentenciado Maradona antes de la final y su “sucesor”, su “heredero”, el único con el talento para hacerle sombra en la historia del fútbol argentino le hizo caso.

Pero, por supuesto, el adiós de Messi no será eterno y una vez más los intereses económicos y políticos guiarán el destino del jugador de fútbol.

En medio de un show mediático y en el escenario más inusual para hablar de fútbol (pero eso sí, el horario prime y con el mayor rating de la televisión argentina), justo al terminar su presentación en el programa Bailando por un sueño el periodista Martín Liberman le preguntó al aire al presentador Marcelo Tinelli si había hablado con Messi sobre su regreso.

La pregunta de Liberman no era casual. Tinelli no solo es el presentador más famoso de Argentina, sino la cabeza del club San Lorenzo y serio aspirante a quedarse con el poder de la AFA tras la crisis que generó la muerte de Julio Grondona, amo y señor del fútbol argentino durante 35 años.

Tinelli fue candidato a la presidencia de la AFA y en diciembre pasado obtuvo 38 votos de 75 posibles en el duelo frente a Luis Segura, vicepresidente y heredero de Grondona, quien, sin embargo, también obtuvo 38 votos en una situación que reflejó el desmadre institucional del fútbol argentino. Segura se quedó con el poder como presidente interino pero el caos llevó a que la Fifa enviara una veeduría que decidió quitarle el poder al grondonismo justo antes de la final de la Copa y nombrar una comisión normalizadora al mando de Damián Dupiellet, exsecretario ejecutivo de la Presidencia de la República.

En palabras simples, la AFA no tiene cabeza y Tinelli sabe que la carta de Messi puede definir todo el juego a su favor si es que logra que regrese. Por eso en su show, tras la ‘casual’ pregunta de Liberman, le volvió a dejar claro al país que tenía contacto directo con el 10 y que lo que vaya a pasar con la selección depende de él: “Hablé a través del WhatsApp y cuando vuelva vamos a hablar otra vez”, dijo muy serio, agregando: “Todos lo queremos de vuelta. De vuelta no, porque no se ha ido todavía. Ojalá que siga estando en la selección argentina. Lo queremos muchísimo a Lio. Es un fenómeno. Ojalá que siga estando siempre. Vamos a ir viendo de a poco”.

Fuentes consultadas en Argentina también aseguran que Adidas, patrocinador de la selección y cuya principal figura es Messi, intercederá para que regrese al equipo pues es su principal carta comercial. Y en esta crisis de AFA no se pueden dar el lujo de perder al que pone la marca en la camiseta y varios millones en la cuenta; y para lograrlo necesitan a Lionel.

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno”, cantó Gardel en 1934 y muy seguramente Messi volverá en medio del parpadeo de otras luces que irán marcando su retorno: los flashes de las cámaras que lo necesitan, el brillo de los contratos que ya tiene firmados y que firmará, la ilusión de los hinchas que no se imaginan un fútbol sin él, el sonrojo de los que se avergüenzan de que por su prestigio y fama pueda estar por encima de la ley… Messi encarna el fútbol de hoy como nadie lo ha hecho; para bien y para mal. 

El quilombo de la AFA

Julio Grondona murió en julio de 2014 y hasta el día de hoy nadie ha podido reemplazarlo al frente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA). Luis Segura, su vicepresidente, asumió la presidencia interinamente mientras se organizaban elecciones. El día de la votación, año y medio después de la muerte de Grondona, obtuvo 38 votos, los mismos que su rival Marcelo Tinelli sobre un universo de 75 posibles: alguien hizo trampa.

La Fifa tuvo que intervenir y destituyó a Segura nombrando una comisión normalizadora que tendrá que decidir el nuevo técnico de la selección argentina, pues Gerardo Martino presentó su renuncia tras la derrota en la Copa América y la falta de gestión dirigencial para que los equipos prestaran jugadores a la selección sub-23 que va para los olímpicos.

En este momento Argentina no tiene director técnico, no tiene estrella tras la renuncia de Messi y tiene un presidente encargado, Damián Dupiellet, que no tiene el poder para organizar tantos intereses cruzados.

Messi en cifras

5 balones de oro al mejor jugador del año: (2009, 2010, 2011, 2012, 2015)

55 goles con la selección argentina (goleador histórico)

478 goles con FC Barcelona(goleador histórico)

91 goles en un año (en 69 partidos de 2012: récord absoluto para un futbolista)

81,4 millones de dólares en ganancias en 2015 (su fortuna se estima en USD 270 millones)

4,5 millones de dólares evadidos al fisco español

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